domingo, 27 de abril de 2014
Alas de Libertad
Capítulo 1
A la mañana siguiente, mis ojos se abrieron ante la primera sensación de frio, sabía que mi cuerpo esta destapado y completamente desnudo. Quisiera abrigarme pero mis manos como mis pies están atados a los barrotes de la cama, solo puedo mover mi cabeza. La levanto ligeramente y hago una revisión visual de mi estado, noto con desesperación que mi piel esta manchada de rojo, supongo que es por las heridas que logro ver.
En mi mente surge la inevitable pregunta: ¿Qué me paso? Pero no hay respuesta.
De pronto la puerta de la habitación de abre y un monstruo aparece. Me paralizo a verlo, su figura distorsionada me aterra, pero palidezco cuando se acerca a mí.
— Emma, es hora de levantarse —me dice. Su figura me repugna, pero su voz me es conocida pero no recuerdo de donde. No le respondo, solo me limito a mirarla horrorizada. Suspira, entonces estira su mano e intenta tocarme.
— ¡¡No!! —grito.
— Emma, soy yo... mamá —
— ¡¡No!! —grito nuevamente, me retuerzo en la cama, cuando sus manos toman mi rostro. Se acerca tanto a mí que puedo sentir su respiración chocar contra la mía, sus ojos claros se miran fijo.
— Soy mama, Emma...tú mamá —repite, con suave voz.
Su voz, sus ojos...lentamente fueron formando una imagen en mi mente, un recuerdo de una persona que quería mucho. Gradualmente dejo de moverme, mi acelerado corazón se apacigua ante el reconocimiento y una leve sonrisa se dibuja en mis labios.
— Mamá —suspiro aliviada. Me siento en la cama, en aquel momento me doy cuenta que no estaba atada a la cama como lo había visto, ni desnuda como lo había sentido minutos atrás. Entonces en un ataque de llanto por la angustia, me aferro en un abrazo a mi madre— ¿Qué me esta pasando? —hablo entre sollozos, pero ahora es ella la que no me responde.
Tal vez no me quiera decir, tal vez ella misma no sepa lo que le esta pasando a su propia hija.
— Es hora de levantarse —me dice al oído, suavemente me libera de su abrazó y se pone de pie— vístete, que te estamos esperando para desayunar —deja un beso en mi frente y sale de la habitación.
Por unos instantes me quedo sentada en la cama, observando a mí alrededor. Todo luce “normal”, hay unos pocos muebles de color blanco, las paredes de color claro, adornados con algunos posters de bandas de música, libros en una repisa, mi computadora en una esquina.
Todo es normal, menos en Mí.
•
Mi nombre es Emma, tengo 22 años y hace dos años me diagnosticaron Esquizofrenia.
“Mi mundo no es igual al tuyo”
Continuara...
domingo, 13 de abril de 2014
Alas de Libertad
Prologo:
En las noches despejadas de nubes, me gusta sentarme junto a la ventana y ver las pocas estrellas que las luces de la ciudad me permiten ver. Con la mirada perdida en las pequeñas luces del cielo, mi pensamiento vuela como un ave y es entonces que él viene a mí.
Lo siento en la habitación.
Miro hacia la oscuridad y puedo distinguir como su figura toma forma con la luz de la luna. Sonrió al ver su encantador rostro.
— Gute Nacht mein Engel —me dice en alemán, su voz es tan clara y suave, que es imposible no saber quien es. Cuando finalmente sale de la oscuridad y su cuerpo se revela ante mí, me bajo de la ventana y corro hacia él. Para estrecharlo en un fuerte abrazo.
— Mi amor, cuanto te extrañe —murmuro. No deseo que nadie me escuche hablar, no quiero que me separen de él, otra vez. — Por favor no me dejes sola. Llévame de aquí. Sácame de este horrible lugar —le ruego, mis lagrimas pronto comienzan a humedecer su camisa de seda.
— Pero estoy aquí contigo, no dejare que nada malo te ocurra —intenta consolarme, me aferro mas a su pecho, el latir de su corazón es lo que finalmente logra detener mi llanto.
Entonces en el silencio, siento como en la cúspide de mi cabeza, él me deja un beso. Su abrazo deja de ser fuerte, él me esta soltando.
— ¡No, por favor quédate! —exclamo con desesperación. Sin darme cuenta había levantado la voz.
De pronto escucho ruidosos pasos por el pasillo, sé que vienen hacia mí.
— ¡No te vayas! —le ruego, pero él no me dice nada, su mano desliza de la mía como si fuera agua, no puedo hacer que se detenga y la pena se apodera de mí. Las lágrimas otras vez eran mi compañía.
La puerta se abre y la luz del pasillo entra, revelando mi solitario cuerpo.
— ¡Se soltó! —escuche decir a uno de los hombre de uniforme blanco, que sin tener la menor delicadeza me agarro de los brazos y le tiro sobre la cama. Yo no reaccione hasta que vi a otro hombre parado desde el umbral de la puerta, este sonreía de forma macabra. Camino hacia mí y cuando vi la jeringa en su mano. Grite con todas mis fuerzas el nombre de mi amor, de mi salvador.
— ¡¡¡Bill!!! —
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