jueves, 16 de abril de 2015

Capítulo 1



Bien entre al ascensor presione el botón del último piso. En ese instante tuve un déjà vu. Muchas veces en el pasado había realizado esa acción, en la suite de un lujoso hotel había un hombre,  esperándome. 
Pero esta ocasión sé que va a ser diferente, él será el último.

Miré mi reflejo en el vidrio, necesito comprobar que estoy bien arreglada. Acomode mejor mi vestido negro y volví a colocar en su posición un mechón de cabello rebelde. Entonces me acerque más al espejo para ver mi rostro. Esa noche quería verme especialmente hermosa, por lo que me empeñe a que el maquillaje estuviese perfecto y creo que lo obtuve. Me veía muy bien y eso me daba la seguridad que él me vería de la misma forma. 

Cuando el ascensor se detuvo y abrió sus puertas, me sorprendió ver a Natalie y otra mujer, paradas frente a mí.

— Buenas noches Natalie —la salude  amable, pero ella no respondió de inmediato. Por un momento pensé que después de tantos años que nos conocíamos, Natalie iba a aceptarme pero no era así. Ella miro hacia la mujer que estaba a su lado y vi que algo murmuro.

— Buenas noches —respondió la desconocida.

— Buenas noches —correspondí, le sonreí y salí de ascensor. Y ellas tomaron mi lugar. 

— Él te esta esperando —escuche decir a Natalie. Gire la cabeza para mirarla— Y te vez bien —dijo y ajusto sus labios con reprobación. 
Las puertas se cerraron y quede sola en el largo pasillo. Lentamente retome mi camino hacia la habitación. Cuando estuve enfrente a su puerta, me tome unos segundos antes de tocar para tranquilizarme porque a pesar de que pasaron varios años desde nuestro último encuentro, aun siento nervios.  “Eres una profesional. Es entrar y hacer lo tuyo, luego te vas” Me repetía una y otras vez, en mi mente. Necesito convencerme que él solo es un cliente más y nada más.

Respiré hondo y le di pequeños golpes a la puerta. Mis nervios se acrecentaron cuando note que la puerta se abría. Las palpitaciones de mi corazón eran tan aceleradas, que temí sufrir algún ataque, que cuando lo vi sentí desfallecer en mi interior. 
Se veía tan diferente, en el pasado había quedado el chico de 19 años con que estuve alguna vez, ahora se vía tan sofisticado y elegante en su traje negro.

El tiempo se detuvo para nosotros y su efecto nos hizo quedar inmóviles. Dejando en movimiento nuestros deseos, antiguas pasiones, que al vernos renacían con fuerza. Tuve el impulso de correr a besarlo, pero me contuve. No debía mostrarle que él era capaz de desestabilizaba todos mis sentidos.   

— Paso tiempo pero otra vez estas aquí —hablo con su voz seductora y lo acompaño con una esplendida sonrisa. Entonces Bill extendió su mano; invitándome a entrar;  la tome y él la estrecho cariñosamente— Te vez radiante. Los años no pasan para ti —coqueteo.

— En mí los años no pasan, pero en ti hacen maravillas —le hable y note como las mejillas de Bill se sonrojaban. Soltó mi mano y camino hacía la ventana. Su actitud misteriosa siempre me cautivaba, era algo que no podía dejar de observarse. Lo mire por unos instantes y luego observe la suite, las luces estaban tenues lo que creaba un ambiente especial, las cortinas de las ventanas estaban cerradas, aislándonos de la gran ciudad de Múnich. Sonreí al recordar.

— Creí que te gustaría regresar… —me hablo.

— Regresar aquí, trae muchos recuerdos —dije nostálgica.

— Espero que sean buenos —

— Los tuyos son muy buenos —me apresure a responder— Espero que tu tengas buenas memorias de mí — 

 Bajo la cabeza y vislumbre una traviesa sonrisa. En silencio se acerco y se detuvo frente a mí, estábamos tan cerca que podía sentir su aroma invadiendo mis sentidos. A pesar de ser casi tan alta como él, me sentía vulnerable ante su presencia. Entonces Bill apoyo la punta de sus dedos en mi hombro y con un suave movimiento, acaricio la forma de mi clavícula y recorrió mi cuello. Incline ligeramente la cabeza y cerré instintivamente los ojos cuando sentí su respiración. Deseaba sentirlo, deseaba que me besara la piel, pero no hizo lo que yo quería. En cambio hizo algo que me enloqueció aun más, con sus labios entreabierto los deslizo por mi cuello hasta mi oreja y me dijo al oído, lo que tanto anhelaba escuchar— Sería imposible olvidarme de ti —su voz era tan sugerente, que sentí el cuerpo estremecerse.

En el momento en que Bill bajo uno de los breteles de mi vestido y expuso mi hombro, dejo en mi piel el primer beso. Era tan suave y delicado, que no me costo rendirme ante el. 
 
Con cada nuevo beso, su ansiedad iba en aumento.  Entonces Bill rodeo mi cintura con su brazo y me ciño con fuerza a su cuerpo. Me abrace a él y permanecimos así por varios segundos. Existía en aquel gesto una intensa necesidad de sentirnos amados, de sentirnos seguros de la soledad que nos castigaba.

— ¿Por qué te mantuviste tan lejos de mí? —susurro.

— Eres cruel al preguntármelo. Sabes que no podía seguirte —respondí. Intente no mostrarme quebrada pero mi voz me hizo una mala jugada— disfrutemos esta noche —propuse.
Bill busco mis labios, pero esquive su beso.

 — Me dices cruel. Pero tú lo eres ahora, al negarme el beso —

— Bill… —me separe de él y se me escapo de los nervios una risita. No podía creer que él haya olvidado nuestro acuerdo— es la regla. Los labios son prohibidos  —

— Prohibidos ¿prohibidos para mí? —exclamo, sentándose en el borde la cama. Era evidente que estaba molesto.

— Para todos —aclaré— no eres el único y lo sabes. Siempre lo supiste —resople y cruce los brazos.  El rostro de Bill se volvió duro y su mirada fría.

El ambiente íntimo que habíamos creado se diluyo por nuestros dedos, como si fuera agua. 

— Tal vez me equivoque en llamarte —hablo serio. Mire sorprendida a Bill. Había pensado en la posibilidad de que todo salga mal, pero no creí que eso fuera a ocurrir. Pero entonces lo vi ponerse de pie y caminar hacia la entrada— será mejor que te vayas —pidió seriamente y abrió la puerta.

Tarde unos instantes en reacción. No deseaba irme, pero mis pies se movieron contra mi voluntad y transite lentamente el camino hacia la salida. Cuando me acercaba a ella, observe a actitud de Bill. Apoyado contra la pared, sus ojos estaban tristes pero intentaba ocultarlo mirando el piso. Y me dije a mi misma: Cómo soy capaz de irme, si no quiero. No quiero que esto termine así.

Me detuve en el umbral. Gire la cabeza para verlo por última vez. Él seguía en la misma posición. 

— No puedo cumplir con lo que me pides —murmure y di unos pasos hacia atrás, hasta detenerme enfrente de Bill— Por ti, romperé  todas mis reglas —le hable. Bill levanto su rostro  y fijo su mirada en mí, expectante a lo que haría.  

Le arrebate la puerta y la cerré violentamente. Sin mediar más palabras. Fui hacia él y tomando con mis manos su bello rostro, lo bese. Lo bese con tanta necesidad como si de ello dependiera mi vida. Una fuerte corriente eléctrica me atravesó intensamente, que sentí como mi corazón se expandía de ¿Amor? ¿Pasión? ¿Ambos? Eso, no lo se. Lo único en lo que estoy segura es que amo esta nueva libertad.
Otra vez nos entregamos al abrazo. Otra vez construíamos un mundo en donde solo podíamos estar los dos.

De pronto, Bill detuvo nuestro beso. Para observar la expresión de mis ojos cuando con sus manos acaricio mi mejilla. Sonrió complacido, al verme disfrutar su gesto, pero su mirada aún esta enmascarada por la tristeza. 

— Esta noche —comenzó a decir— prométeme que no te irás cuando mi vigor se agote.  Aún cuando haya saciado mi sed de ti. Jura que te quedaras conmigo hasta el amanecer —suplico.

Sus palabras estaban tan llenas de dolor que quebró mi alma. No sabía que mi ausencia lo lastimaba tanto.   

— No habrá mayor satisfacción que ver contigo la salida del sol —le respondí y  su sonrisa se volvió amplia. 

Lleve mis manos hacia su cuello y lo atraje otra vez a mí, para sellar mi juramento con un beso. Unidos por el deseo, nos movimos hacia el espacio que se convertiría en nuestro refugio en la noche. 
Sentí la cremallera de mi vestido abrirse y sus manos explorando mi espalda desnuda. Hice lo mismo con su camisa negra, desprendí uno a uno los botones y fui observando los cambios. En mi memoria, su pecho era un blanco lienzo, ahora disfrutaba el arte en él. La pieza central de su pecho, un elaborado tatuaje de pirámide, estrella y elefante. No sé su significado pero seguramente debe ser algo importante para él. Me inclino y beso cada punto del mismo. Escucho los primeros sofocados suspiros de su alma. Cuando aparto el resto de su camisa, para dejar descubierto su torso. Me sorprendo con el grabado de un corazón.

— Una vez lo arrancaron de mí. Pero ahora lo tengo de regreso —comento Bill, ante mi mirada fija en el tatuaje.

— No debiste haber dejado que te lo arrancaran —

— Es un riesgo de amar —explico. Entonces lo miré y no supe que responderle. Porque tenía el presentimiento de que si hablaba, mis palabras revelarían mucho más de lo que quería demostrar. Lo quería demasiado, pero saber que alguien le rompió el corazón me lastimaba de la misma manera. — El destino del hombre es amar y en el amor también debes sufrir, porque es  la única manera de saber que es verdadero lo que sientes —reflexionó. 

— Ámame… —le pedí.


 Una palabra fue suficiente para detonar todo lo que había en nosotros. Amarnos era lo que deseábamos. Lo que nuestros cuerpos querían. Lo que nuestras almas necesitaban.


Bill volvió a adueñarse de mis labios con impetuoso dominio. Su nueva actitud me tomo por sorpresa, jamás había experimentado algo así con él. En mis recuerdos lo recreo como un chico dulce y tímido,  pero ante mí hay ahora un hombre experimentado, que sabe lo que quiere y cómo lo quiere.

Abrasada a su cuello y él a mi cintura, me lleva directo hacia el baño. Cambiando lo que yo había planificado para el encuentro. 

No me sorprendieron las velas; que iluminaba tenuemente el lugar; ni los pétalos de rosas que había en el agua de la tina. Ser detallista y un eterno romántico estaba en su esencia. Eso es algo que me gusta de él. 

Nuestros besos se detuvieron cuando cruzamos la puerta y esta fue cerrada. 
— Date la vuelta —ordeno decidido. Lo mire por un instante, su nueva manera de ser me tentaba a sonreír orgullosa pero me mantuve seria y en silencio,  hice lo que pedía. Entonces tomo la tela de mí vestido con sus manos y lo deslizo lentamente hasta el piso, dejando visible la última prenda que permanece en mi cuerpo. El delicado encaje negro, es lo único que oculta mi intimidad. 

De pronto, siento sobre mi cuello su respiración; profunda y provocativa. Su cercanía estremece cada parte de mi ser. 

Luego Bill deposita un penetrante beso sobre mi nuca, lo cual hace que cierre los ojos de placer. En ese momento sus manos rodean mi cintura, que lentamente suben hasta mis pechos y los reclama como suyos.  
Un quejido brota de mis labios y la respiración se arremolina en el pecho cuando siento el contacto de su pelvis. Sintiéndome acalorada, apoyo mis manos en su cadera y lo acerco aun más a mí. Y el instinto me llevo a menearme contra su ardiente entrepierna. Entonces distingo un sofocado rugido proveniente de Bill, que se pierde entre mis cabellos. En tanto, él sujeto con más fuerza mis pechos y un gemido de dolor salieron de mí. 

— Eso no se hace —murmuro a mi oído y mordió suavemente el lóbulo de mi oreja izquierda. Sonríe que por sé que mi insolencia tendría un castigo. 
— Pero ¿por qué? Si es divertido jugar con fuego —respondí juguetona. Él se mordió los labios y me miro de reojo.

— ¿Quieres jugar? —dijo. En la medida que una de sus manos se introducía por debajo de mi ropa interior 

— A esto… —sus dedos apretaron el punto más sensible de mi sexo. Ese momento me dejo sin aire— ¿quieres seguir jugando? Por que vas a perder —continuo y movió más sus dedos.

— Que te hace creer que ganaras —hable, aceptando el reto. Sin modificar nuestra posición, lo encamine hacia un extremo del baño y lo encerré contra la pared. Comencé a moverme con más violencia, su excitación iba en aumento como la mía. 

Mis suaves gemidos se combinaban con los suspiros de Bill. Nuestro juego nos esta acercando al ansiado éxtasis. 
De repente, escucho a Bill decir: Detente —repitió, entre dientes. Su agitada respiración, se convirtió en el metrónomo para el rítmico movimiento de mi pelvis. No me importa cuanto me pida detenerme, no voy a hacerlo porque quiero llevarlo al límite.  

A los pocos segundos, él me libera del juego y se sostiene firmemente a mi cadera, oprimiendo más mi trasero contra a su sexo, en la medida que él experimenta placer. 
Apoyo su frente en mi espalda, agotado. Así estuvimos por unos instantes, hasta que él me soltó del agarre y sonreí cuando pude ver mi triunfo. Bill bajo la mirada para ver la consecuencia de nuestro juego.

— ¡Ganaste! Ahora estás contenta, este era uno de mis favoritos —reclamo, pero dejo ver una sonrisa.

— El pantalón puede limpiarse, igual que tú —susurre y mire fijamente a sus ojos. Pase mis dedos por el ceñido cinturón negro y busque su apertura. Cuando finalmente me deshice de el, me concentre en el ahora manchado pantalón. Bajo la mirada permanente de Bill, deslice la cremallera y siendo cuidadosa lo deje al nivel del suelo. Pude ver que su bóxer estaba en peores condiciones, estaba punto de tocarlo cuando Bill me detiene. Sus mejillas están coloradas. Tal vez por vergüenza o por pudor. 

— Yo lo hago — 

Moví la cabeza, aceptando su petición y lo deje realizar. Luego tome su mano y lo conduje hasta la tina. Lo invite a que entrara en ella, lo cual hizo y yo lo acompañe. Recostándome a su lado, me rodeo con sus brazos y retomamos los besos, que habíamos dejado de lado por un juego. 

Después de la tormenta, el silencio y la tranquilidad nos gobernó. La tenue luz que nos brinda las pocas velas que quedaron encendidas, fueron los únicos testigos de nuestra ardiente pasión. 
Lo observo desde mi posición, en el otro extremo de la bañera. Su mirada esta suspendida en el blanco techo y me pregunto: ¿cuál será su pensamiento en este momento? Por que mi inquieta mente  no deja de reproducir todas las caricias y los besos que nos dimos. El sonido de su voz, gimiendo de placer. La expresión de su rostro extasiado por el goce. Imágenes que pretendo guardarlas en  mi memoria y en lo más profundo de mi corazón.  

Pero su constante quietud me preocupa. Él no suele comportarse así. Entonces me acerco a él y con una suave caricia a su mejilla, lo hago volver a mí. Cuando su mirada se encuentra con la mía, me estremezco la ver que sus ojos están enrojecidos, producto de un silencioso llanto.

—No quiero regresar a Berlín. No quiero que las horas transcurran y que el amanecer me separe de ti —balbuceo angustiado. Bajo la mirada y  quedo en silencio—me harías tan feliz si de tus labios saliera el mismo deseo —
Lo miré fijamente y fruncí los labios. No me atreví a pronunciar palabra, porque no me siento capaz de engañarlo ni de mentirme a mi misma. Diciendo, que el tiempo que estuvimos separados acabo y que nuestro destino es estar juntos. 

Respire hondo y exhalé cansinamente. 

— Por más que lo desees, no podemos cambiar el rumbo de nuestra historia. Lo que iniciamos una noche, acabará con los primeros rayos del sol. Como en los cuentos —solté un malogrado chiste y lo acompañe con una doliente sonrisa. Los ojos de Bill se nublaron de tristeza y volvió a ausentarse de mí.

 Con movimientos lentos, me puse de pie y salí de la tina. No tuve el coraje de esperar una respuesta por parte de Bill. Apresuradamente tome una toalla y deje la pequeña habitación, cerrando la puerta tras de mí. Pero no me aleje de ella, sino que giré y observe su blanca pintura. 
Jamás me sentí tan miserable, frustrada, enojada con el destino. Porque nos unió y nos separo tantas veces, convirtiendo cada encuentro en un momento mágico para nosotros. Y cometí el error de permitir que el tiempo, transformara la pasión en un sentimiento noble, como el amor.

— Soy una cobarde, porque no tengo  el valor para decirle que te amo, que te amo de una manera diferente y única. Que eres alguien que ocupa un lugar especial en mi corazón—susurre con dolor. Apoye mi mano izquierda y acaricie la fría madera, como si fuera su rostro— pero no puedes tener un espacio en mi vida —.
 Una lagrima rodo por mi mejilla y cayo con el peso de mi dolor a la alfombra. 
— Adiós Bill —

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