domingo, 21 de septiembre de 2014

The First Time


Prologo

<< Si alguien me hubiera advertido que esto iba a suceder, que esa noche iba a ser la ultima vez que te vería, que estarías conmigo...que besaría por ultima vez tus labios. Tal vez hubiera actuado de otra forma y no te hubiera dejado escapar, pero lo que hice...hecho esta. Y ya no me perteneces, no puedo volver el tiempo atrás y tenerte a mi lado, dándote el amor que ahora dices que te hace falta...>>.
Esas palabras quedan grabadas en la medida que escribo en mi vieja maquina de escritorio, al terminar ese párrafo saco la hoja y la miro. Vi en aquellas palabras demasiados sentimientos, demasiados recuerdos, demasiado de mi misma. Desee destruirla pero no pude hacerlo porque sabía que estaría destruyendo parte de mí. De modo que la doble y la guarde en el cofre de madera, a donde van todos los pensamientos que tengo...de Él.




  Hace muchos años, cuando era una joven introvertida de 17 años conocí a un chico de hermosos ojos color almendra, de dulce sonrisa y de amable espíritu. Desde el primer momento supe que él reinaría todos mis sueños y que se convertiría en el dueño de mis mejores sentimientos. Él era la persona que más deseaba y amaba locamente. Pero mi amor no era correspondido, porque a pesar de estar tan cerca de el, él jamás logro verme como yo lo veía…tan llena de devoción y de amor. Para él solo era una amiga más.
En secreto lo ame, pero jamás me atreví a decirle lo que sentía. Durante el tiempo en que estuve a su lado, cumplí el papel que tenía en su vida: su mejor amiga. Escuche atenta y comprensivamente todas sus historias de conquistas, aquellas que lograba a través de su música. Me hablaba con tanto entusiasmo y pasión de sus amores fugaces, en los que lograba entregarse sin presiones, sin sentir verdadero amor.  Fui su apoyo cuando acudía a mí en los momentos más dolorosos de sus fracasos, él me convirtió en la confidente de sus miedos, pero en la medida en su sueño se volvía realidad, él se alejo de todos pero principalmente de mí. De pronto yo ya no formaba parte de su nueva vida y tan solo era testigo de sus triunfos. Entonces su destino tomo vuelo y el existo lo llevo muy alto y tan lejos, que se olvido de mí.
Durante mucho tiempo odie a ese chico, que se había ido sin saber que me había roto el corazón, pero con el transcurro de los meses fui guardando su recuerdo en lo más profundo de mí y otra vez fui dueña de mi misma.
Mi vida dio muchas vueltas y se produjeron varios cambios en mí, a lo que estoy agradecida, porque pude concentrarme en mi propio sueño, en convertirme en escritora.  No fue fácil,  tuve que transitar un camino duro, de mucho sacrificio y esfuerzo, pero ahora, ya con unos cuantos años más de vida y un poco más experiencia estoy a punto de cumplir mi sueño, en unas cuantas semanas voy a hacer público mi primer libro…

Y me preguntó, si ese chico de hermosos ojos color almendra, de dulce sonrisa y de amable espíritu, será capaz de descubrir que en mi libro Él es el protagonista de mi historia y que aun es el dueño de mi primer amor.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Alas de Libertad



Capítulo 3


— Ya no estamos solos —murmura de pronto Bill, giro mi cabeza en dirección hacia la casa y veo a mi madre caminar hacia donde estoy sentada.
— Tienes que irte —pido, pero él me devuelve una sonrisa.
— Sabes que no voy a alejarme de ti, siempre estaré contigo, pero ¿tú estarás conmigo? —no le conteste, no supe que decirle. Baje la mirada por un instante, al levantarle nuevamente él ya no estaba allí, en cambio mi madre ocupa su espacio.

— Mi linda, ya es hora de tu sesión —extendió su mano— ¿estas bien? —pregunto al no verme reaccionar.
— Estoy bien —dije directamente y sin tomar su ayuda, me puse de píe. Camine lo mas apresuradamente hacia la casa, fui directamente hacia el baño de mi habitación. Tengo el afán de encontrar mis medicinas.
Cuando estuve en el pequeño cuarto, busque desesperadamente en todas las repisas, en cada rincón posible, pero no encontré ningún frasco.

— Cómo es posible —balbucee sin entender, recordaba que en alguna parte tenía un frasco con pastillas.

— Las cosas suceden por alguna razón ¿no escuchaste esa frase? —escuche de pronto a Bill decir.

— ¡En dónde metiste mis medicamentos! —exclame en la medida que giraba hacia la puerta, pero me quede muda por la sorpresa.
— Emma ¿con quien hablas? —pregunto mi hermana, vi en su rostro la preocupación y no quiero causarle eso.
— Me lo decía a mi misma —me arriesgue a decir— no se a donde las puse —sonreí.

— No te sientes culpable por mentirle a tu hermana —

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no responderle a Bill, que estaba parado junto a mi Loreta, observando cada gesto.

— Ah... bueno —vacilo Loreta— mama te espera en el auto —dijo y dejo mi habitación.

— Ella no te cree. Deberías decirle la verdad —propuso Bill— aunque pensándolo bien, no es conveniente que alguien sepa de nosotros —se acerco a mí y con la punto de su nariz toco mi mejilla para luego dejar sobre mi piel un delicado beso. Instintivamente cerré los ojos ante su sutil toque, desee adueñarme de sus labios pero tenía que recordarme que todo lo que sentía, lo que veía, lo que escuchaba era un producto de mi mente. Lo que estaba sucediendo no era real. Suspire amargamente. — No piensas decirme nada —escuche decir a Bill, pero no respondí. Me concentre en buscar mi bolso y salir de mi cuarto. Camine hacia el auto, en ningún momento quise mirar hacia atrás, por temor a que él pudiera aparecer.

— Te vez pálida ¿te sientes bien? —pregunto mi madre, una vez que tome asiento dentro del auto.
— Me siento bien —respondí en voz baja, pero eso no era verdad.

Mi mente en esos instantes caminaba por una delgada línea, en donde caer al abismo era un riesgo fatal. Pero una parte de mí deseaba caer... caer en la oscuridad, llamada Bill.

Continuara

Alas de Libertad



Capítulo 2

No tenía deseos de desayunar, pero el sonido de mi estomago me decía lo contrario. Con demasiado desgano intento levantarme de la cama, pero mis piernas estaban entumecidas y no reaccionan con tanta como rapidez de antes, ahora debo masajearlas para que la sangre fluya hasta lograr “activarla”. Detesto los efectos secundarios de los medicamentos antipsicoticos, pero lamentablemente debo aceptarlos si es que quiero volver a ser “normal” o “llevar una vida normal” como diría mi madre.
Pero nadie me dijo que volver a ser normal conllevaba a sufrir horrendos efectos secundarios.

Camine torpemente hasta el armario y saque lo primero que veo, no me interesa si no combina los colores o si lo que llevo puesto no esta a la moda, hace tiempo que eso ya no me importa. Como muchas otras cosas.
Una vez vestida, salgo del cuarto y voy hacia el comedor, en donde me están esperando.
Al llegar, soy recibida por la sonrisa de mi pequeña hermana, Loreta, que desde su posición me hace señas para que me siente a su lado, quiero responderle de la misma manera pero la mirada penosa de mi madre hace que borre cualquier deseo de sonreír. Me siento en el extremo opuesto de donde esta Loreta y espero a que me sirvan el desayuno de frutas, café y pastillas de colores.

— No te olvides que esta tarde tienes cita con la Dra. Rivera —menciona mi madre, al colocar la taza de café frente a mí.
— No lo olvide —murmure irritada, tome la taza y di un rápido sorbo. Detesto que ella quiera manejar mi vida, se cree que tiene el derecho de hacer conmigo lo que quiera.

— Te tengo un regalo —hablo repentinamente Loreta. Su entusiasmo me hizo finalmente sonreír.
— Nada de sorpresas —respondió bruscamente mi madre, retándola y llevándose mi tasa sin terminar. Ver como maltrata a mi hermanita me dio tanta rabia, que agarraría el cuchillo de la cocina y se lo clavaría en el pecho.

— Emma ¿Te sientes bien? —Interrumpe nuevamente Loreta, mis pensamientos— Te ves pálida —
— No me pasa nada —contesto directamente. Me levanto rápidamente de mi asiento y salgo de la casa lo más deprisa posible hacia el jardín.



¿Qué es lo que me esta pasando? Me pregunto agarrándome la cabeza con las manos, siento mi rostro frío y húmedo. Hace tiempo que no me sentía tan enojada y con tantos deseos destructivos. Tengo miedo que las pastillas ya no estén dando resultado. Pero cómo puede estar pasándome esto si tomo mis medicamentos...casi...todos los días.
Entonces, detengo mi marcha al recordar que anoche volví a verlo y eso significaba una sola cosa, mi medicina ya no es eficaz.

— ¿Eficaz? —escucho el murmuro a mi derecha. Giro la cabeza ágilmente pero no encuentro a nadie— ¿Qué es lo que ya no te es eficaz? —vuelvo a escuchar en forma de susurro.

— ¡No te estoy escuchando! —me repito una y otra vez, intentando convencerme de que lo que oigo no es real.

— Anoche no me decías lo mismo. Me rogabas que te sacará de aquí —sus palabras se vuelven cada vez mas nítida en mi mente.

— ¡Eso no es verdad! ¡Tú no existe! —exclamo nuevamente, siento que no puedo controlarme. Mi cabeza comienza a dolerme y la visión se me vuelve cada vez más borrosa y distorsionada— ¡Tu no existes! —digo en voz baja.

De pronto mis piernas no me resisten y caigo de rodillas sobre el césped. Escucho unos pasos, tengo la esperanza de que sea alguien que viene a rescatarme, pero ¡qué equivocada estaba! Porque cuando alce la mirada, la sombra de Bill estaba parada frente a mí. Se agacho hasta situar su rostro a la altura de la mí.
Con su boca delicada y despiadada me sonrió.

— Tu no eres real —solté lo más firme que pude, porque en cierto sentido sabía que lo que veía podía ser parte de una alucinación, además porque podía ver a través de él el fondo del jardín.
Baje la mirada, tal vez si pienso en algo más, su imagen desaparezca.

— Eso depende de ti, tú eres la única que puedes volverme real —dijo. Escuchar aquellas palabras me sorprendió tanto que levante la cabeza. Su imagen repentinamente se volvió nítida— tu sabes lo que tienes que hacer —continuo.

Continuara...

domingo, 27 de abril de 2014

Alas de Libertad


Capítulo 1

A la mañana siguiente, mis ojos se abrieron ante la primera sensación de frio, sabía que mi cuerpo esta destapado y completamente desnudo. Quisiera abrigarme pero mis manos como mis pies están atados a los barrotes de la cama, solo puedo mover mi cabeza. La levanto ligeramente y hago una revisión visual de mi estado, noto con desesperación que mi piel esta manchada de rojo, supongo que es por las heridas que logro ver.
En mi mente surge la inevitable pregunta: ¿Qué me paso? Pero no hay respuesta.

De pronto la puerta de la habitación de abre y un monstruo aparece. Me paralizo a verlo, su figura distorsionada me aterra, pero palidezco cuando se acerca a mí.

— Emma, es hora de levantarse —me dice. Su figura me repugna, pero su voz me es conocida pero no recuerdo de donde. No le respondo, solo me limito a mirarla horrorizada. Suspira, entonces estira su mano e intenta tocarme.

— ¡¡No!! —grito.

— Emma, soy yo... mamá —

— ¡¡No!! —grito nuevamente, me retuerzo en la cama, cuando sus manos toman mi rostro. Se acerca tanto a mí que puedo sentir su respiración chocar contra la mía, sus ojos claros se miran fijo.

— Soy mama, Emma...tú mamá —repite, con suave voz.


Su voz, sus ojos...lentamente fueron formando una imagen en mi mente, un recuerdo de una persona que quería mucho. Gradualmente dejo de moverme, mi acelerado corazón se apacigua ante el reconocimiento y una leve sonrisa se dibuja en mis labios.

— Mamá —suspiro aliviada. Me siento en la cama, en aquel momento me doy cuenta que no estaba atada a la cama como lo había visto, ni desnuda como lo había sentido minutos atrás. Entonces en un ataque de llanto por la angustia, me aferro en un abrazo a mi madre— ¿Qué me esta pasando? —hablo entre sollozos, pero ahora es ella la que no me responde.

Tal vez no me quiera decir, tal vez ella misma no sepa lo que le esta pasando a su propia hija.

— Es hora de levantarse —me dice al oído, suavemente me libera de su abrazó y se pone de pie— vístete, que te estamos esperando para desayunar —deja un beso en mi frente y sale de la habitación.

Por unos instantes me quedo sentada en la cama, observando a mí alrededor. Todo luce “normal”, hay unos pocos muebles de color blanco, las paredes de color claro, adornados con algunos posters de bandas de música, libros en una repisa, mi computadora en una esquina.

Todo es normal, menos en Mí.



Mi nombre es Emma, tengo 22 años y hace dos años me diagnosticaron Esquizofrenia.

“Mi mundo no es igual al tuyo”

Continuara...

domingo, 13 de abril de 2014

Alas de Libertad


Prologo:

En las noches despejadas de nubes, me gusta sentarme junto a la ventana y ver las pocas estrellas que las luces de la ciudad me permiten ver. Con la mirada perdida en las pequeñas luces del cielo, mi pensamiento vuela como un ave y es entonces que él viene a mí.
Lo siento en la habitación.
Miro hacia la oscuridad y puedo distinguir como su figura toma forma con la luz de la luna. Sonrió al ver su encantador rostro.

— Gute Nacht mein Engel —me dice en alemán, su voz es tan clara y suave, que es imposible no saber quien es. Cuando finalmente sale de la oscuridad y su cuerpo se revela ante mí, me bajo de la ventana y corro hacia él. Para estrecharlo en un fuerte abrazo.
— Mi amor, cuanto te extrañe —murmuro. No deseo que nadie me escuche hablar, no quiero que me separen de él, otra vez. — Por favor no me dejes sola. Llévame de aquí. Sácame de este horrible lugar —le ruego, mis lagrimas pronto comienzan a humedecer su camisa de seda.
— Pero estoy aquí contigo, no dejare que nada malo te ocurra —intenta consolarme, me aferro mas a su pecho, el latir de su corazón es lo que finalmente logra detener mi llanto.

Entonces en el silencio, siento como en la cúspide de mi cabeza, él me deja un beso. Su abrazo deja de ser fuerte, él me esta soltando.

— ¡No, por favor quédate! —exclamo con desesperación. Sin darme cuenta había levantado la voz.

De pronto escucho ruidosos pasos por el pasillo, sé que vienen hacia mí.

— ¡No te vayas! —le ruego, pero él no me dice nada, su mano desliza de la mía como si fuera agua, no puedo hacer que se detenga y la pena se apodera de mí. Las lágrimas otras vez eran mi compañía.

La puerta se abre y la luz del pasillo entra, revelando mi solitario cuerpo.

— ¡Se soltó! —escuche decir a uno de los hombre de uniforme blanco, que sin tener la menor delicadeza me agarro de los brazos y le tiro sobre la cama. Yo no reaccione hasta que vi a otro hombre parado desde el umbral de la puerta, este sonreía de forma macabra. Camino hacia mí y cuando vi la jeringa en su mano. Grite con todas mis fuerzas el nombre de mi amor, de mi salvador.

— ¡¡¡Bill!!! —

jueves, 13 de febrero de 2014

Disculpa a las Lectoras

Pido disculpas a todas las personas que leen mis fics, por no actualizar mas seguido el blog, aun no estoy acostumbrada a su uso, pero voy a cambiar eso. Are lo posible por subir regularmente los capítulos de mis historias.

Gracias por leer y darme su apoyo con sus comentarios =D

Besos

Monsoon