viernes, 19 de septiembre de 2014

Alas de Libertad



Capítulo 2

No tenía deseos de desayunar, pero el sonido de mi estomago me decía lo contrario. Con demasiado desgano intento levantarme de la cama, pero mis piernas estaban entumecidas y no reaccionan con tanta como rapidez de antes, ahora debo masajearlas para que la sangre fluya hasta lograr “activarla”. Detesto los efectos secundarios de los medicamentos antipsicoticos, pero lamentablemente debo aceptarlos si es que quiero volver a ser “normal” o “llevar una vida normal” como diría mi madre.
Pero nadie me dijo que volver a ser normal conllevaba a sufrir horrendos efectos secundarios.

Camine torpemente hasta el armario y saque lo primero que veo, no me interesa si no combina los colores o si lo que llevo puesto no esta a la moda, hace tiempo que eso ya no me importa. Como muchas otras cosas.
Una vez vestida, salgo del cuarto y voy hacia el comedor, en donde me están esperando.
Al llegar, soy recibida por la sonrisa de mi pequeña hermana, Loreta, que desde su posición me hace señas para que me siente a su lado, quiero responderle de la misma manera pero la mirada penosa de mi madre hace que borre cualquier deseo de sonreír. Me siento en el extremo opuesto de donde esta Loreta y espero a que me sirvan el desayuno de frutas, café y pastillas de colores.

— No te olvides que esta tarde tienes cita con la Dra. Rivera —menciona mi madre, al colocar la taza de café frente a mí.
— No lo olvide —murmure irritada, tome la taza y di un rápido sorbo. Detesto que ella quiera manejar mi vida, se cree que tiene el derecho de hacer conmigo lo que quiera.

— Te tengo un regalo —hablo repentinamente Loreta. Su entusiasmo me hizo finalmente sonreír.
— Nada de sorpresas —respondió bruscamente mi madre, retándola y llevándose mi tasa sin terminar. Ver como maltrata a mi hermanita me dio tanta rabia, que agarraría el cuchillo de la cocina y se lo clavaría en el pecho.

— Emma ¿Te sientes bien? —Interrumpe nuevamente Loreta, mis pensamientos— Te ves pálida —
— No me pasa nada —contesto directamente. Me levanto rápidamente de mi asiento y salgo de la casa lo más deprisa posible hacia el jardín.



¿Qué es lo que me esta pasando? Me pregunto agarrándome la cabeza con las manos, siento mi rostro frío y húmedo. Hace tiempo que no me sentía tan enojada y con tantos deseos destructivos. Tengo miedo que las pastillas ya no estén dando resultado. Pero cómo puede estar pasándome esto si tomo mis medicamentos...casi...todos los días.
Entonces, detengo mi marcha al recordar que anoche volví a verlo y eso significaba una sola cosa, mi medicina ya no es eficaz.

— ¿Eficaz? —escucho el murmuro a mi derecha. Giro la cabeza ágilmente pero no encuentro a nadie— ¿Qué es lo que ya no te es eficaz? —vuelvo a escuchar en forma de susurro.

— ¡No te estoy escuchando! —me repito una y otra vez, intentando convencerme de que lo que oigo no es real.

— Anoche no me decías lo mismo. Me rogabas que te sacará de aquí —sus palabras se vuelven cada vez mas nítida en mi mente.

— ¡Eso no es verdad! ¡Tú no existe! —exclamo nuevamente, siento que no puedo controlarme. Mi cabeza comienza a dolerme y la visión se me vuelve cada vez más borrosa y distorsionada— ¡Tu no existes! —digo en voz baja.

De pronto mis piernas no me resisten y caigo de rodillas sobre el césped. Escucho unos pasos, tengo la esperanza de que sea alguien que viene a rescatarme, pero ¡qué equivocada estaba! Porque cuando alce la mirada, la sombra de Bill estaba parada frente a mí. Se agacho hasta situar su rostro a la altura de la mí.
Con su boca delicada y despiadada me sonrió.

— Tu no eres real —solté lo más firme que pude, porque en cierto sentido sabía que lo que veía podía ser parte de una alucinación, además porque podía ver a través de él el fondo del jardín.
Baje la mirada, tal vez si pienso en algo más, su imagen desaparezca.

— Eso depende de ti, tú eres la única que puedes volverme real —dijo. Escuchar aquellas palabras me sorprendió tanto que levante la cabeza. Su imagen repentinamente se volvió nítida— tu sabes lo que tienes que hacer —continuo.

Continuara...

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