viernes, 19 de septiembre de 2014

Alas de Libertad



Capítulo 3


— Ya no estamos solos —murmura de pronto Bill, giro mi cabeza en dirección hacia la casa y veo a mi madre caminar hacia donde estoy sentada.
— Tienes que irte —pido, pero él me devuelve una sonrisa.
— Sabes que no voy a alejarme de ti, siempre estaré contigo, pero ¿tú estarás conmigo? —no le conteste, no supe que decirle. Baje la mirada por un instante, al levantarle nuevamente él ya no estaba allí, en cambio mi madre ocupa su espacio.

— Mi linda, ya es hora de tu sesión —extendió su mano— ¿estas bien? —pregunto al no verme reaccionar.
— Estoy bien —dije directamente y sin tomar su ayuda, me puse de píe. Camine lo mas apresuradamente hacia la casa, fui directamente hacia el baño de mi habitación. Tengo el afán de encontrar mis medicinas.
Cuando estuve en el pequeño cuarto, busque desesperadamente en todas las repisas, en cada rincón posible, pero no encontré ningún frasco.

— Cómo es posible —balbucee sin entender, recordaba que en alguna parte tenía un frasco con pastillas.

— Las cosas suceden por alguna razón ¿no escuchaste esa frase? —escuche de pronto a Bill decir.

— ¡En dónde metiste mis medicamentos! —exclame en la medida que giraba hacia la puerta, pero me quede muda por la sorpresa.
— Emma ¿con quien hablas? —pregunto mi hermana, vi en su rostro la preocupación y no quiero causarle eso.
— Me lo decía a mi misma —me arriesgue a decir— no se a donde las puse —sonreí.

— No te sientes culpable por mentirle a tu hermana —

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no responderle a Bill, que estaba parado junto a mi Loreta, observando cada gesto.

— Ah... bueno —vacilo Loreta— mama te espera en el auto —dijo y dejo mi habitación.

— Ella no te cree. Deberías decirle la verdad —propuso Bill— aunque pensándolo bien, no es conveniente que alguien sepa de nosotros —se acerco a mí y con la punto de su nariz toco mi mejilla para luego dejar sobre mi piel un delicado beso. Instintivamente cerré los ojos ante su sutil toque, desee adueñarme de sus labios pero tenía que recordarme que todo lo que sentía, lo que veía, lo que escuchaba era un producto de mi mente. Lo que estaba sucediendo no era real. Suspire amargamente. — No piensas decirme nada —escuche decir a Bill, pero no respondí. Me concentre en buscar mi bolso y salir de mi cuarto. Camine hacia el auto, en ningún momento quise mirar hacia atrás, por temor a que él pudiera aparecer.

— Te vez pálida ¿te sientes bien? —pregunto mi madre, una vez que tome asiento dentro del auto.
— Me siento bien —respondí en voz baja, pero eso no era verdad.

Mi mente en esos instantes caminaba por una delgada línea, en donde caer al abismo era un riesgo fatal. Pero una parte de mí deseaba caer... caer en la oscuridad, llamada Bill.

Continuara

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