Prologo
<< Si alguien me hubiera advertido que esto iba a suceder, que esa noche iba a ser la ultima vez que te vería, que estarías conmigo...que besaría por ultima vez tus labios. Tal vez hubiera actuado de otra forma y no te hubiera dejado escapar, pero lo que hice...hecho esta. Y ya no me perteneces, no puedo volver el tiempo atrás y tenerte a mi lado, dándote el amor que ahora dices que te hace falta...>>.
Esas palabras quedan grabadas en la medida que escribo en mi vieja maquina de escritorio, al terminar ese párrafo saco la hoja y la miro. Vi en aquellas palabras demasiados sentimientos, demasiados recuerdos, demasiado de mi misma. Desee destruirla pero no pude hacerlo porque sabía que estaría destruyendo parte de mí. De modo que la doble y la guarde en el cofre de madera, a donde van todos los pensamientos que tengo...de Él.
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Hace muchos años, cuando era una joven introvertida de 17 años conocí a un chico de hermosos ojos color almendra, de dulce sonrisa y de amable espíritu. Desde el primer momento supe que él reinaría todos mis sueños y que se convertiría en el dueño de mis mejores sentimientos. Él era la persona que más deseaba y amaba locamente. Pero mi amor no era correspondido, porque a pesar de estar tan cerca de el, él jamás logro verme como yo lo veía…tan llena de devoción y de amor. Para él solo era una amiga más.
En secreto lo ame, pero jamás me atreví a decirle lo que sentía. Durante el tiempo en que estuve a su lado, cumplí el papel que tenía en su vida: su mejor amiga. Escuche atenta y comprensivamente todas sus historias de conquistas, aquellas que lograba a través de su música. Me hablaba con tanto entusiasmo y pasión de sus amores fugaces, en los que lograba entregarse sin presiones, sin sentir verdadero amor. Fui su apoyo cuando acudía a mí en los momentos más dolorosos de sus fracasos, él me convirtió en la confidente de sus miedos, pero en la medida en su sueño se volvía realidad, él se alejo de todos pero principalmente de mí. De pronto yo ya no formaba parte de su nueva vida y tan solo era testigo de sus triunfos. Entonces su destino tomo vuelo y el existo lo llevo muy alto y tan lejos, que se olvido de mí.
Durante mucho tiempo odie a ese chico, que se había ido sin saber que me había roto el corazón, pero con el transcurro de los meses fui guardando su recuerdo en lo más profundo de mí y otra vez fui dueña de mi misma.
Y me preguntó, si ese chico de hermosos ojos color almendra, de dulce sonrisa y de amable espíritu, será capaz de descubrir que en mi libro Él es el protagonista de mi historia y que aun es el dueño de mi primer amor.


