miércoles, 30 de octubre de 2013

Kampf der Liebe - Capítulo 12 (parte 2)


Bill: en mi departamento —y siguió besándola, pero Megan lo detuvo nuevamente, eso lo enfado pero se puso nervioso al darse cuenta de lo que acaba de decir, por que sabia que esa noche no terminaría como lo había planificado.

Megan se paro y abrocho rápidamente su camisa, dejando solo a Bill en el piso.

Megan: ¿Qué hace Erika en tu departamento? ¿Qué ella vive contigo? —lo miro con incredulidad
Bill: si ella vive conmigo y con mi hermano en Francia, tengo un departamento allí ¿te molesta? —
Megan: me lo estas preguntando en serio. Claro que me molesta —exclamo irritada, camino tomándose la cabeza.
Bill: porque te molesta, si ella esta esperando un hijo mío, que esperabas que hiciera, que la dejara sola… ¿acaso? —
Megan: no es eso, me duele que me lo hayas ocultado, ya que me habías prometido que te alejarías de ella —
Bill: esto lo hago por mí hijo, no por ella —le resultado obvia su razón—…pero yo no siento nada por ella, aunque tengo que admitir que es muy buena conmigo y con Tom, hasta él cree que ella a cambiado… —se ríe— le dice “media loca” …solo le tengo cariño, hasta es tierna —
Megan: que acaso no te das cuenta del daño que me hacen tus palabras —
Bill: no estas exagerando, yo a ti te amo…pero —se quedo callado
Megan: ¿pero? —Lo observo con detenimiento, esperando una respuesta, que no llego y hablo— que papel cumplo yo en esta historia ¿soy tu amiga o algo más? Porque yo no lo sé —lo miro muy seria— tú dime… ¿Qué soy para ti? —
Bill: eh…eres… —se quedo mudo, hasta él mismo se sorprendió porque no podía contestar.
Megan: bien… —dijo resignada— al final fui una tonta, por creer que alguna vez podrías amarme pero fue una ilusión —dijo con vos entrecortada. Tomo sus cosas y salio de la habitación.

Bill salió detrás de ella, la detuvo en las escaleras.

Bill: lo que siento por ti no es una ilusión…por favor créeme…yo te am… —
Megan: no te atrevas a usar esas palabras, que te quedan muy grandes —lo miro decepcionada— si tu deseo es estar con Erika, ve con ella…yo ya no me interpondré, esta será la ultima vez que me ves—
Bill: perdón, no es mí intención hacerte daño pero me es difícil esta nueva condición, pronto voy a ser padre de la mujer que no amo, y no es lo que desea para mi vida. No se que hacer. Por eso sentía la necesidad de verte porque cuando estoy contigo me haces sentir que puedo enfrentar lo que sea —se sentó en los escalones, Megan le da la espalda pero escucho cada una de sus palabras que la conmovieron, se dio media vuelta y se acerco a él, tomando sus manos y mirándolos a los ojos.
Megan: tú sabes bien que puedes contar conmigo incondicional para ayudarte, pero entre nosotros hay que aclaran lo que sentimos, para evitar hacernos más daño ¿no crees? —
Bill: me parece justo… —suspiro lentamente— estoy confundido, me gustas y mucho pero también me agrada estar con Erika —

Esas palabras le partieron el corazón a Megan, que había bajado la mirada para que no la vea llorar en silencio.

Megan: yo no puedo hacer nada. Esta en ti, el tomar una decisión —le dio un beso en la frente y camino hasta las puertas principales de la casa, cuando dos estallidos la detuvieron, miro rápidamente a Bill, era evidente que él también lo había escuchado.
El corrió hasta donde estaba ella.
Bill: ¿estas bien? —
Megan: si… —
Bill: ¿Qué fue eso? —
Megan: no lo sé —exclamo asustada— tengo que irme… —pero le hizo una pregunta antes de marcharse— ¿Erika, sabía que nosotros nos veíamos a escondidas? —
Bill: si —dijo tajantemente.

La respuesta contundente de Bill, la paralizo y un escalofrío recurrió su cuerpo de punta a punta, ella lo sabía, entonces escucho con claridad la sirena de la patrulla, y cayo en cuenta que esos sonidos provenía de su casa.
Deprisa abrió la puerta y vio las luces intermitentes de los autos, sin dudar corrió hasta allí, la siguió Bill por detrás.
Dos patrulleros y una ambulancia rodeaban la casa, el movimiento de personas era intenso, iban y venían, hasta que un rostro familiar salio de la muchedumbre y la abrazo fuertemente, se trataba de su tía, que estaba empapada de un sudor frío por el miedo.

Tía Dalma: Megan, ¿estás bien? —dijo mientras la palpaba para asegurarse.
Megan: si, estoy bien —hablo, intentando de calmarla.

La mujer, se dio vuelta y noto que Bill estaba detrás de ella, observaba asombrado la escena.

Tía Dalma: Bill, será mejor que te vayas, no vaya a ser que alguien tome una foto tuya aquí —
Bill: no me quiero marchar, no te voy a dejar sola —dijo, acerándose a Megan.
Megan: gracias —le sonrío levemente— pero no estoy sola, tengo a mi familia y ahora me necesitan más…por favor —le pidió.
Bill: mmm…de acuerdo, me voy pero te llamaré, adiós —le dio un beso en la mejilla. Y desapareció entre la multitud.

Un oficial, se acerco a ellas, en su rostro se notaba que estaba de mal humor.

Policía: la sospechosa volvió a atacar y creo que por su imprudencia de salir de la casa sin aviso, salvo su vida… —le dijo a Megan, y era cierto lo que decía porque en su alcoba había dos disparos en su cama, aun no podía explicarse el hecho de cómo había sido capaz E. de burlar la vigilancia, entrar a la casa, disparar y marcharse sin dejar rastro— incrementaremos la vigilancia para su seguridad, ya que usted es el objetivo —continuo el oficial.
Megan: puede hacerlo pero yo ya tengo otra solución en mente —respondió la joven.

Continuara…

Kampf der Liebe - Capítulo 12 (parte 1)


Heidi: ¡¡hey!! Dormilona ¡¡¡DESPIERTA!!! —la sacudía del brazo— te dieron el alta medico, nos tenemos que ir —
Megan: ¿Qué? —dijo la joven, aun somnolienta, se dio vuelta en la cama y siguió durmiendo.
Heidi: ¡¡¡VAMOS!!!...que te estamos esperando —insistió.

Se escucho la puerta que se cerraba de golpe, Heidi finalmente la había dejado sola en la habitación, entonces Megan lentamente se sentó en la cama y observo por la ventana la aparición del esplendido sol que se reflejaba, para su sorpresa en la nieve que había caído durante la noche.
Se levanto apresuradamente y miro el increíble paisaje, eso le dio ánimos y rápidamente se preparo para volver a su hogar, luego de dos semanas en el hospital.
Su tía entro sin llamar a la habitación— ya estás lista mi niña… —le pregunto.
Megan: si, ya estoy preparada…y…que los guardias están allí con ustedes —
Tía Dalma: si están con nosotras, no te preocupes tanto, que estamos juntas en esto —le sonrío y la abrazo fuertemente, eso le dio cierta seguridad.

La idea de tener a una patrulla vigilándolas las 24 horas del día, no era mucho de su agrado, sin embargo con esa presencia ellas y más Megan podían estar un poco más relajadas mientras se ubicara el paradero de Erika…

Pero la vigilancia no fue un impedimento para unas visitas furtivas de Bill, que cada vez que tenía un pequeño tiempo, desde donde el estaba se tomaba un avión y visitaba a Megan. Aunque solo fuere por unas horas. En la gran mayoría de las ocasiones él llegaba de madrugada a la casa de ella.
En cambio, un encuentro les modificaría su destino:

Era una noche fría de enero, corrían las 3:40 de la madrugada, el silencio y un tenue calor reinaba el interior de la casa de los Ehrenfeld, todos dormían apacibles en sus cómodas camas. Pero ese no era el caso de Megan, que se alistaba para salir, en el piso yacía su celular, con un mensaje nuevo de él.

“ven a mi casa, estoy solo, Bill”.

Camino en puntitas de pie, intento de no hacer ruido, bajo las escaleras y logro abrir la puerta en silencio. Una vez en el exterior de la casa, el frío se hizo sentir haciéndola temblar. Marcho sigilosa. Una gran luna ilumino todo su camino hasta la residencia de los Kaulitz.
Rápidamente llamo a la puerta y la figura esbelta de Bill apareció del otro lado de la puerta, este la invito a pasar, cuando estuvieron adentro, él la abraza dulcemente y la beso en la frente.
Ese gesto hizo que Megan se sonrojara, él le sonrío hermosamente, lentamente se puso detrás de ella, con sus manos les tapo los ojos y con cuidado la condujo hasta su recamara.
Allí ella pudo descubrir su sorpresa, todo el lugar estaba iluminado por velas, que le daban una atmosfera especial.
Lo miro con nerviosismo, todas las ocasiones anteriores que se habían encontrado solo charlaban.
A ella le causaba risa que él hiciera un viaje tan larga para hablar con ella pero le contestaba que por ella valía la pena hacer ese sacrificio.
Esa nueva situación la inquieta, que incluso se quedo paralizada observándolo…mientras tanto él acomodaba los últimos detalles, en una pequeña mesa en donde estaba su cena servida, en ella unos platillos rebosantes de pasta que él había preparado especialmente para ella.
La tomo de la mano y sintió como ella temblaba, él le pedio que se tranquilizara, todo estaba bien, él la cuidaría. Eso la tranquilizo y se dejo llevar por él hasta la mesita en donde se tuvieron que sentar en el piso para poner cenar mejor, se miraron ansiosos…y a la vez tímidos, estando frente a frente, ella lo observa con detenimiento a él…en su interior sentía como su corazón latía frenéticamente y en su mente no encontraba palabras para expresar lo magnifico que Bill se encontraba. Inquieto por la constante mirada de Megan, le pregunto ¿si algo le ocurría?, ella contesto que se sentía incapaz de describir al ángel que tenía al frente suyo.
Con una sonrisa dibujada en su rostro, Bill se acerco a ella hasta quedar a su lado, se miraban alternadamente como intentando evitar que sus miradas se encontraran, eso provoco que Megan riera, finalmente ella tomo el rostro de Bill, lo miro fijo a sus ojos, se aproximo hasta quedar a unos centímetros de distancia, entonces lenta y suavemente rozo sus labio contra los de él, otorgándole un delicioso beso, él con sus manos la tomo de la cintura y la acaricio delicadamente por todo su pecho, eso la sorprendió abruptamente pero paso por alto la falta que él había hecho, se besaron constantemente provocando que ambos se excitaran rápidamente, se recostaron en el piso en donde Bill la siguió besando bajando por su cuello hasta su pecho, en donde se detuvo para abrir lentamente cada botón de su camisa, cuando finalizo la volvió a besar en la boca, el delgado cuerpo de Bill se hacia camino entre las piernas de Megan.
Sus agitadas respiraciones se volvían cada vez más fuertes….
Entonces él exclamo el nombre de su amada…
ERIKA.

Megan: ¿Qué?...-dijo que se había sentado bruscamente al escuchar ese nombre— ¿Cómo me llamaste? —
Bill: ah… —no entendía a que se refería Megan— ¿Qué? ¿Qué dije? —
Megan: me dijiste Erika… —lo miro enojada

En la mente de Bill intentaba encontrar una lógica explicación de lo que había ocurrido, todo iba tan bien pero era cierto, él había pronunciado el nombre de Erika.

Megan: escucha… me es difícil, pero olvidemos lo ocurrido —le sonrío y otra vez Bill se le abalanzo sobre ella, haciéndola reír, pero un pensamiento se instalo en su mente ¿Qué sabe él del paradero de Erika? — ¿Dónde esta Erika? —le pregunto.


Continuara...

Encuentro de Ángeles - Capítulo 17


Dos golpes en la puerta fueron suficientes para que Alice lo abriera.

— Pensé que no vendrías —soltó Alice, lanzándole una mirada severa a su amiga. Isabella no le respondió, solo se dispuso a ingresar a la casa, cuando su amiga lo permitió. — No te imaginas como me esta volviendo loca mi madre, que quiere esto... que quiere lo otro, que las bebidas por aquí. Que si... que no y bla bla bla. Estoy a punto de enloquecer —le contó en un segundo. Isabella la mirada sorprendida, era evidente que estaba alterada.

— ¡Cálmate! —le pidió Isabella. Pero eso parecía imposible para Alice, que continuo contándole todos los pormenores que tuvo con los preparativos de su fiesta de cumpleaños.
— No puedo, No puedo...nadie entiende mi estrés —respondió haciendo un pequeño berrinche— Para colmó Víctor me dijo que traerá unos amigos... —remarcó molesta.

Eso dejo a Isabella muda, ella no le había contado a Alice que había invitado a Hank.

— Que mal, que no te haya pedido permiso —respondió Isabella, simulando fastidio.
— Detesto cuando hace eso —siguió Alice.

— ¿Odias qué? —intervino Víctor. Que acaba de ingresar a la sala, en donde estaban las jóvenes. — Vamos, dime hermanita... —se acerco a Alice— la más gordita de todas —le agarro los cachetes y los apretó con fuerza.
— ¡¡Suéltame Bestia!! —se quejo Alice, pero su hermano no la soltaba. Disfrutaba molestarla.
— ¡Ya Basta Víctor! —exclamo Isabella, que sostuvo las manos de su novio, liberando a su amiga.
— Amorcito, no te vi, la vaca de mi hermana no me dejaba verte —dijo Víctor.
— ¡¡Eres un Bruto!! —le reclamo Alice. Le dio un fuerte golpe en el pecho a su hermano y salió corriendo.
— ¡¡”Run, Run Cow”!! (Corre, corre vaca) —dijo, riendo maliciosamente.
— ¡¡Basta Víctor!! —lo regaño Isabella— No puedes decirle eso, que no piensas como puede afectarle...
— No —interrumpió Víctor, haciendo una sonrisa burlona.
— Eres un Idiota —
— Pero aun así somos novios, recuérdalo —le grito Víctor. Vio como ella se iba, subía las escaleras en dirección de la habitación de Alice. Sintiéndose aburrido por estar solo, decidió salir de casa, buscaría “acción” en algún lugar, hasta que decida regresar a la fiesta.

En tanto Isabella golpeaba la puerta de su amiga.

— No quiero verlo —le grito Alice desde el interior— Dile a Víctor que es adoptado —.
— No soy mensajera de nadie. Ábreme la puesta —dijo Isabella. A los segundos, la puerta se abría y ella veía a Alice con los ojos hinchados, había llorado.
— Víctor es un Idiota —manifestó entre lamentos.
— Lo sé —
— A veces me pregunto por qué estas de novia con él, no te merece. Es un Idiota tiempo completo, vos... —señalo a Isabella—...creo que tendrías mejor suerte con el padre de tu hijo que con Víctor —

Eso causo la risa de Isabella.

— Será una suerte si lo encuentro alguna vez. O si supiera de quien es —bromeo y ambas rieron. Sería una gran coincidencia si volvía a ver a ese chico (Bill), pensó Isabella. Entonces recordó los breves instantes que lo vio salir de un edificio, con el rostro golpeado y a esa mujer pelirroja.

— ¿estas bien? —le pregunto Alice, ante el silencio prolongado de su amiga. Ella le respondió sonriendo.



En los primeros minutos de las 9 de la noche, comenzaron a llegar los invitados. En un principio eran parientes de la familia Jonás, luego de una hora, los amigos de Alice llegaron.

— ¡¡Feliz Cumpleaños!! Enana —grito Lion al verla, dándole un fuerte abrazo y un inesperado beso en la boca. Isabella quedo con la boca abierta y a Alice totalmente sonrojada de la sorpresa. — Este es mi regalo, disfrútalo porque son limitados —aclaro sonriente. La cumpleañera, luego de aquel beso quedo por unos instantes tan aturdida que apenas podía decir una frase correcta.

El joven baterista siguió su camino hacia el interior de la casa, hasta salir al jardín. Detrás de él lo seguía Isabella.

— Sé que soy atractivo y atraigo a las mujeres, no creí que tú, Isa, también me siguieras —dijo Lion.
— No pensé que Alice te gustará —lanzo Isabella a Lion, no haciéndele caso a lo que dijo.
— Me gustan todas —sonrió coqueto hacia un grupito de chicas, que bailaban cerca de la piscina.
— Pero Alice es especial — advirtió Isabella, lo tomo del brazo para que le prestara atención. Lion la miro y comprendió sus palabras. Ambos sabían que Alice era la más vulnerable, por ser la más chica de edad. Aunque haya cumplido la mayoría de edad, aun era ingenua para algunos asuntos, pero más que nada para el Amor. — Con ella no Lion, tienes miles de chicas para que te diviertas...
— Isabella no hace falta que me sermonees, fue beso inocente. No creo que ella piense que fue para algo más. Además le dije que era un regalo. Mis besos son muy cotizados por todas y a ella le regalo uno, debería estar feliz por eso —intento explicarse Lion.

Isabella iba a responderle, pero alguien la sorprendió tapándole los ojos.

— ¿Quién soy? —le preguntaron.

Lion que observaba la escena, le resultaba tan absurdo e infantil, que se alejo de ellos. Tomo una copa de la barra de bebidas y comenzó a caminar, alrededor de la piscina. Observando a todas las chicas del lugar. Pero ninguna era lo suficiente linda como para conquistarla. Decepcionado, planeo regresar con Isabella, pero al ver que ella hablaba con un pelirrojo, no se acerco. Sin más remedio siguió su camino hacia a la casa, hablaría con Alice, no quería que ella confundiera el beso que él le había dado.
Estaba a punto de ingresar a la residencia, cuando una chica lo choca. Golpeándole el hombro.

— Discúlpame, no quise lastimarte —se disculpo Lion, apenado por lo sucedido— ¿es-estas...bien? —tartamudeo al preguntar. Eso jamás le había sucedido con una chica. Tal vez ella era Única, pensó sonrojándose.
— Me duele un poco —dijo la muchacha, marco su hombro con los dedos.

Lion aprovecho la oportunidad de poder tocar, aunque sea el hombro, de la hermosa chica. Ella le miraba obsesivamente y le sonreía coqueta.

— ¿Te duele aun? —pregunto Lion, mientras le daba suaves masajes a la joven.
— Si... creo que deberías...


— ¡¡Lauren!! —la llamo Hank. Que caminaba hacia ella. Lion dejo de hacerle masajes inmediatamente. — ¿Qué acaso no puedes dejar de ser tú un momento? —soltó el pelirrojo.

Le lanzo falsa sonrisa a Lion, este lo miro despectivamente.

— Los encantos de mi querida prima, por lo visto son irresistibles para cualquier diablo —dijo Hank a Lion, que decidió irse y no pelear.
— ¿A vos que te importa lo que haga? —reclamo Lauren.
— Supongo que a tu novio le debe importar. ¿Viene? —
— Si, pero más tarde —
— Ésta bien. Ahora necesito presentarte a alguien —dijo Hank, tomando de la cintura a Lauren y empujándola a caminar, la lleva hacia donde esta parada Isabella.


Continuara...

Encuentro de Ángeles . Capítulo 16


La mañana del 15 de Octubre.

A Isabella Sandoval la despertó una extraña sensación en el cuerpo. Abrió los ojos repentinamente y miro a su alrededor, todo seguía igual de desordenado como la noche anterior. Pero aquella rara sensación persistía. Lentamente se sentó en su cama y una vez que pudo observar su cuerpo. Comprendió que aquello era el primero indicio de su embarazo. Una débil sonrisa se dibujo en sus labios.
Pero aquella se borro cuando escucho la voz de su madre, al tocar la puerta de su habitación.

― ¿“Princesita” ya estas despierta? ―
― ¡Mamá no tengo cinco años! ―exclamo Isabella, desde su lugar.
― Esta bien, solo quería recordarte que es el cumpleaños de tu amiga Alice y creo que deberías…
― Ya lo sé. No necesito que me lo recuerdes ―soltó la joven, molesta al abrir la puerta. Estaba cansada de la actitud entrometida de su madre.
― Baja. Anita te servirá el desayuno ―se limito a decir.

Isabella estaba a punto de cerrar la puerta, cuando su madre regreso y trabo la puerta con la mano.

― Isa ¿te sientes bien? ―
― ¿Qué? ―dijo sin entender.
― Te ves pálida, como si estuvieras enferma. Puedo pedirle al Dr. Madison que venga a verte, si es que te sientes mal ¿te duele algo? ―hablo Susan.
― Estoy bien Ma, no llames a nadie ―se apresuro a responder, estaba nerviosa, temía que ella se diera cuenta― Dormí mal, tuve una pesadilla y no pude dormir bien. Es eso ―continuo, intentando de explicarle.
― Bien ―respondió suavemente. Isabella sabía que no le creía porque su mirada se lo decía. ― Iré a la editorial pero regresare para ir a la casa de tu amiga ―siguió. Le dio un pequeño beso en la frente y se marcho.

La joven quedo unos instantes pensativa. No estaba segura cuanto podría seguir sosteniendo su secreto, teme que su cuerpo la delate primero. Cerró la puerta y se dispuso a cambiarse de ropa. Al bajar las escaleras hacia el comedor, se encontró con su doméstica Ana.

― Buen Día Ana ¿Cómo estas? ―le pregunto amablemente, ella era una de las pocas personas a las que Isabella quería sinceramente porque fue la que estuvo con ella desde que tenía memoria.
― Muy Bien Isabella ―respondió con el mismo cariño, dejándole el desayuno servido― Hace unos minutos llamo Alice y le pidió que vaya a su casa lo más pronto que pueda ―le comunico, en la medida que sentaba al frente de la joven, para compartir unas tasas de Té.
― Muchas gracias Ana, pronto iré a verla ―dijo haciendo una sonrisa― Alice debe estar enloquecida con todos los preparativos de la fiesta ―rio.

Por varios minutos, ambas mujeres charlaron de variados temas, hasta que terminaron con las rondas de Té.

― Hablare con mi padre, no te preocupes. Ten el día libre y visite a su hija. Felicidades por su nueva nietita ― le dijo Isabella. Se levanto de su asiento y recogió el bolso que tenía preparado para salir. La dio un abrazo y un beso a Ana, y camino hacia la puerta principal de la casa.
― También debo felicitarla… ―dijo Ana, deteniendo a Isabella.
― ¿Cómo? ―soltó confundida Isabella.
― Por su embarazo ―continuo Ana, sonriendo de felicidad, pero al ver la expresión de pánico en el rostro de Isabella, dejo de sonreír y comprendió su situación. ― Aun no se lo dijiste ―murmuro, Isabella no respondía, estaba sorprendida de que ella haya notaba su estado con tan solo verla. << ¿Tan evidente es? >>, se preguntaba la joven. La mirada amorosa de Ana se había vuelto en una compasiva.
― No te preocupes, no le diré nada… ―. Ana contuvo a la joven con un abrazo.
― No voy decirle nada… ―soltó tajante. Los ojos de la mujer se poso en Isa, en ellos se podía notar el asombro.
― Tarde o temprano tu cuerpo dará más y más evidencias de tu condición ―dijo con severidad Ana.

― Antes de que algo se me note, me iré ― lanzó Isabella. Su fuerte determinación, le hizo saber a Ana que hablaba muy en serio.
― Si lo haces, tus padres se preocuparan tanto que enloquecerán ―.
― Ay Ana, ellos no se preocupan por mi… y si alguna vez lo hicieron fue porque debía estar sana para alguna de sus reuniones sociales ―exclamo enfadada Isabella. Quien se soltó de los brazos de su cuidadora. No quería seguir perdiendo el tiempo, Alice la necesitaba. ― No les diré nada por la simple razón de que ellos jamás me entenderán. Lo siento Ana, pero no me importa si Susan o Jorge me retan o quieran encerrarme en un convento —continuo categórica, Isabella no daría más explicaciones.
Retomo su camino hacia la puerta y salió de la casa en dirección al hogar de su amiga, Alice.

Mientras caminaba, su mente repasaba lo que le dijo a Ana. Estaba decidida, ella no dirá ni una palabra sobre su embarazo a sus padres. Lo único que le preocupaba era en la palabra de Ana, será capaz de guardar su secreto...


Continuara...

martes, 29 de octubre de 2013

Encuentro de Ángeles - Capítulo 15


Isabella se despidió de su padre, dándole un beso en la mejilla y abrió la puerta rápidamente, para que Víctor dejara de tocar el timbre, acción que ya la estaba desesperando.
Una vez que acciono el picaporte, su novio la abrazo de repente y la beso, sin descaro. No le importó la presencia del padre de la joven, que lo observaba asombrado.

— Eres un muchacho irrespetuoso —soltó el hombre, molesto— ¡Suelta a mi hija! —exclamo, en la medida que los separaba.
— Oh, disculpe señor. No lo vi. La belleza de Isabella me cegó y no pude más que dejarme llevar por el sentimiento —hablo Víctor.

Isabella lo miró, aun más sorprendida y desconcertada que su padre.

— Ya vámonos —dijo Isabella, tomando a Víctor de la ropa y llevándolo hacia la calle.

— Ne tas arruinando la chaqueta —chillo el joven. Isabella lo soltó.
— Podría ser algún día que dejes de hacer el ridículo frente a mis padres —hablo la muchacha, mientras se encaminaban hacia la cafetería de la esquina.
— ¿Qué hago el ridículo? No sé de que me estas hablando —.
— No te hagas el estúpido Víctor, sabes de lo que hablo. El día de mi cumpleaños, cuando tiraste salsa parrilla a la torta, solo para bromear. La noche de la cena...
— Ya, ya —interrumpió Víctor, dándose cuenta que eso lo llevaría a otra discusión con su novia.
— Y lo de ahora. ¡¿Vos crees que mi padre creyó lo que vos dijiste?! —continuo Isabella con su reclamo, al notar que Víctor la estaba ignorando. Se callo. Dio media vuelta y camino en sentido contrario, que su novio.

— ¡¡Hey!! Espera. ¡No es para tanto! —le grito el joven moreno, pero esas palabras no detuvieron a Isabella, que ya estaba lo suficientemente lejos.

La muchacha camino por varias cuadras, en dirección a una de las plazas del Upper East Side. Se sentó en uno de los tantos bancos del lugar, en su lado favorito de la plaza, justo al frente de un viejo carrusel. Miró por unos instantes a las familias y a los niños que se divertían en el juego.
Se sentía extraña al pensar, que algún día ella tendría a un hijo o hija, y que llevaría a ese mismo lugar.
La placida sonrisa que mostraba, se desvaneció lentamente, debido al recuerdo de todos los problemas que debería enfrentar, cuando su familia sepa lo de su embarazo.

Tras unos minutos, sintió a su espalda una rara sensación. Miró hacia atrás, pero no vio a nadie conocido, continuo observando el carrusel. Hasta que de pronto, sintió la presencia de alguien. Giro sus oscuros ojos hacia su izquierda y vio a un muchacho. Que apoyaba sus manos en el respaldo del banco, en donde Isabella estaba sentada.

Ella podría haberlo ignorado pero Él no se lo permitiría.

— ¿Cuándo fue la ultima vez que jugamos aquí? —hablo el joven, que se decidió sentarse al lado de Isabella. Ella lo miró a los ojos y sonrió nuevamente.
— Hace unos años atrás, cuando unos policías nos echaron del juego por ser demasiados grandes —contento la joven, riendo en silencio por el recuerdo.
— Pensé que ya no lo recordabas —
— Siempre recuerdo los buenos momentos... Hank —soltó, un poco tímida.
— Lamentablemente yo no suelo recordarlos, so quien solo se acuerda de los malos recuerdos —revelo con sarcasmo.
— Si claro, como si tuvieras muchos momentos tristes en tu vida —se atrevió a decir Isabella. Hank la miro desafiante.
— Claro que tengo uno, y uno muy triste —dijo el joven, poniéndose muy serio.
— ¿Cuál? —quiso saber Isabella.
— Cuando me fui —soltó, su mirada se fijo en la joven, que lo observaba muda.

Ella no podía olvidar ese día, si fue en las vísperas de navidad. Cuando él y toda su familia se mudo a Escocia.

— Te extrañe Hank —dijo Isabella, abrazándolo repentinamente. Hacía 6 años que no veía a su mejor amigo de la infancia.
— Y yo a ti, Isa —

Ambos permanecieron abrazados por largos instantes, hasta que ella lo soltó.

— Me tienes que contar todo... ¿Qué hiciste de tu vida? Todo —exclamo Isabella con gran entusiasmo.
— Hay muchas cosas cambiaron —soltó Hank, iniciando una charla que duro varias horas, hasta que se hizo de noche y tuvieron que separarse. Pero se prometieron volverse a reunir al día siguiente, para el festejo del cumpleaños de su amiga en común. Alice.

— ¡¡Por tu bien no faltes!! —bromeo Isabella, despidiéndose el joven.

Cuando finalmente Hank perdió de vista a su amiga, él recién comenzó su caminata hacia el departamento de un familiar.
Le llevo varios minutos llegar, todo debido a la cantidad de valija que traía consigo.
Al llegar, toco timbre.

— ¡¡Primo!! ¡¡Que sorpresa!! —exclamo una mujer al verlo.
— ¿de que sorpresa me hablas? Si te avise hace una semana que viaja hacia EEUU y que me quedaba en tu departamento por un tiempo —le reclamo Hank, a la despistada mujer.
— Claro que sabía, no te enojes. Solo era una broma —dijo haciendo una sonrisa, en la medida en que le daba un fuerte abrazo— ¿Qué piensas quedarte una década en mi departamento? —exclamo al ver la cantidad de ropa.
— ¡¡Que exagerada!! No cambias más Lauren —soltó riendo Hank.
— No me digas Lauren, solo mis novios pueden llamarme de esa forma —le reclamo la pelirroja.
— Por cierto, ¿en donde esta el Alemán? ¿Ya lo terminaste? —pregunto Hank, refiriéndose a Georg.
— Sigo con él —contesto Lauren, pensando en Bill.
— Eso me parece genial, que te tomes una relación en serio —hablo Hank serio, pero su estado duro poco, porque una fuerte carcajada salió de el.
— Cambie...eso —intento reponerse Lauren.
— Entonces llévalo mañana al cumpleaños de una amiga, quiero que le digas a todo el mundo quien es tu novio —la reto.
— Ésta bien, lo llevaré... —contesto la pelirroja.


Continuara...

Encuentro de Ángeles - Capítulo 14


El humo de la ultima pitada broto de la boca de Tom, miro a su alrededor, nada le interesa a excepción de una mujer, que no estaba muy lejos de él.

La mujer de largo cabello rubio también lo observaba, se había dado cuenta de la mirada del joven y se había decidido a coquetear con él. En varias ocasiones la mujer logro hacer contacto visual con Tom y esta le regalaba una seductora invitación, ella deseaba que él se acercara, aceptaría la bebida que él le ofreciera a cambio ella pensaría pasar tal vez la noche juntos.

A diferencia de los planes que esa mujer tenía para esa noche. Tom quería estar solo. Su mirada hacia esa mujer se debía a una razón.

Ella le hacía recordar a alguien, que hacia muchos años no veía.


De pronto sintió una mano en su hombro.

— Sr. Kaulitz, pensé que no iba a venir a la fiesta —mencionó Harry Bort, uno de los ejecutivos interesado en contratarlo para si discográfica— Me sorprende gratamente que haya cambiado de opinión —continuo.

— Yo jamás me perdería de las fiestas que usted organiza —hizo una sonrisa forzada, eso conformo momentáneamente al hombre, que lo observaba con detenimiento— hermosas mujeres —comento, volviendo a sonreír. Tom volvía a sentir la presión de tener que agradar a los demás para obtener un favor, como en era en este caso. Aquel hombre tenía una gran influencia, si él lo aprobaba Tom podría tener un contrato en la discográfica. Aunque para obtener eso debería mostrar su lado más agradable, teniendo en ocasiones que actuar.

— Es verdad, hay de todos los colores, tamaños e idiomas —soltó Harry, haciendo una sonrisa. Para él, todas las mujeres no eran más que objetos que debían ser utilizados para un propósito, en este caso: Debían complacer a todos sus potenciales estrellas— elige la que más te guste —dijo, dándole a Tom una fuerte palpada en la espalda— pero debo advertirte, que si elegís a una chica que ya tenga pareja...deberás esperar a que se desocupe. Al menos que no te importe y quieras compartirla... ya tu sabes... —le guiño el ojo en complicidad a Tom, él solo atino a mover su cabeza afirmando su idea.
Entonces, dándole otra fuerte palmada en su espalda, Harry se alejo de él para dirigirse hacia una cantante.
Tom respiro aliviado cuando lo dejaron solo. Camino hacia el balcón del piso, dejando atrás la música y la fiesta.


Observo la Luna, esa noche en Los Ángeles parecía tener un encanto particular.

— Me dijeron que tocas la guitarra —escucho detrás de él, se dio vuelta y vio a la mujer rubia que él estuvo mirando. Ella camino lentamente hacia él, hasta detenerse a su lado.

— Hace tiempo —respondió Tom, que volvió su vista hacia la ciudad.

La mujer lo observo por largos segundo, en los cuales Tom se sentía terriblemente incomodo. Harto de la situación, se dispuso a irse, diciéndole a la mujer alguna tonta excusa.

— Espera, no te vayas... se quien eres, eres... Kaulitz, el de la banda alemana. Lo recuerdo —soltó la mujer, eso lo detuvo y volvió hacia ella— Eran buenos, me gustaba escuchar-lo —se detuvo a pensar— ¿Y Bill? —pregunto.
Tom no respondió de inmediato porque la mujer volvió a hablar— no importa, me interesa hablar contigo ¿te gustaría? —continuo la rubio, que se había acercado lo suficiente como para besarlo.

La mirada de Tom se paseo por los labios pintados de rojo de la mujer, el juego de seducción que ella estaba realizando, estaba a punto de surgir efecto en él.

Cuando de pronto, él deslizo su vista hasta los ojos de la mujer. La sutil sonrisa que él poseía se borro inmediatamente, frunció los labios con fuerza y se alejo de ella rápidamente.

Cruzo todo el piso hasta llegar a las puertas metálicas, las únicas que lo llevarían a la planta baja. Marco desesperadamente el botón del ascensor.

— ¿te vas tan pronto? Y solo —exclamo Harry, que se había dado cuenta de la actitud de Tom.
— No me siento muy bien Sr. Bort Lo veré el lunes para la reunión —dijo el mayor de los Kaulitz, que se apresuro en entrar al interior del ascensor y cerrar las puertas, impidiendo que Harry pudiera responderle.



** Flash Back **

— ¡¡Vamos Tom!! —me gritaba entusiasmada, aun no entiendo como ella puede ser mas rápida que yo, si ella tiene una pierna quebrada.
— ¡Te alcanzaré y ya no podrás escapar de mí! —amenace y ella rio con tantas ganas que me hizo reír también, entonces me di cuanta que me encanta hacerla reír, me gusta verla tan sonreír.
— Eso ya veremos Kaulitz —soltó, y salió corriendo tan veloz como su yeso se lo podía.

Apresurado subí la pequeña colina, casi me caigo en el camino pero logre llegar a la cima. La busque con la mirada pero a ella no la vía.

— Abigail —llame, pero ella no me respondió. Camine entre la vegetación, tenía un mal presentimiento— ¡¡Abi!! —volví a llamarla.

— ¡¡Tom!! —escuche su grito, al otro lado de la colina. Corrí hacia el sonido de su voz. Entonces la vi caída sobre el césped.
— ¡¡Abigail!! —grite asustado, corrí rápidamente hacia ella— ¿estas bien? ¿Te duele algo? —pregunte apresuradamente, sentándome a su lado, ella solo se quejaba. Estoy a punto de ir a buscar ayuda cuando noto que su quejido cambia a una risa.
— Que tonto eres Kaulitz —soltó Abigail entre risa, yo me enoje muchísimo— no te vayas —dijo al verme ponerme de pie.
— Eres... eres... —buscaba una palabra para insultarla pero no podía, no podía y no quería hacerlo. Abigail esperaba.
— ¿Qué soy? —insistió, sé que quiere pelear conmigo, me encantaría corresponder a su deseo pero ya no puedo, aunque quisiera, no puedo pelear con ella.

Volví a sentarme a su lado, mantuve mi cara de enojo para ella. Abigail me mira desafiante al reto que jamás le diré. Me acerque a su rostro y le dije lo que sentía.

— Eres Todo —

** Fin de Flash Back **


— Son casi iguales —murmuro Tom pensativo y sus ojos se humedecieron ante el recuerdo de Abigail— Por qué tuviste que irte, apenas eras una niña... —musito al amor de su infancia.

La puerta del ascensor se abrió y Tom salió del edificio. En su corazón el recuerdo de Abigail había regresado con la mirada de esa desconocida mujer.

Pero él no era el único quien recordaba al amor de su infancia....


Continuara...

Kampf der Liebe - Capítulo 11 (parte 2)


Heidi: ah… —suspiro— como quisiera que fuera ese bombón me vigilara de cerca… —bromeo.
Megan: ay ¡¡HEIDI!! Solo piensas en eso, que no estas de novia ¿acaso? —
Heidi: eso no cuenta, además él otro esta lejos, así que tengo a aprovechar… —continúo divertida.
Megan: si…si…si —no le dio importancia de lo que decía su hermana

Termino de tomar su café, y Heidi recordó algo, se levanto de repente.

Heidi: Meg, casi me olvido de decirte que llamo Helena, viene para acá —
Tía Dalma: que buena amiga es ella, vino a visitarte todos los días que estuviste internada… —comento
Heidi: pero Tu Amigo “raro” jamás vino… —
Megan: él esta ocupado con trabajo, por eso él no puede estar aquí y ¡¡¡no le digas así a Bill!!!! —
Heidi: mmm…no lo creo, según Mi Amorcito (Andreas), ellos están en Francia, haciendo no se que cosa. Para mí que ellos están de fiesta en fiesta y te miente para no verte en el hospital y evitar que lo aburras… —
Megan: yo que vos no hablaría tanto…por que se de alguien que aprovecha que no esta el novio para “salir de trampa” por ahí… —

Las hermanas se miraron con desconfianza y permanecieron en silencio, cada una inmersa en sus pensamientos.
A Heidi le disgustaba que su hermana sepa, que ella le era infiel a su novio, pero no le convenía hacer enojar a Megan, por que sabía que era capaz de contarle a Andreas todo la verdad, pero ambas se prometieron no revelar, si ella guardaba en secreto el nombre de la que había intentado asesinarla y ocultárselo a Bill para que él no se preocupe.
En cambio a Megan, su pensamiento más recurrente era el hecho de no saber, si Bill estaba enterado de su incidente, porque era cierto él jamás fue a verla o por lo menos un mensaje de texto para saber como estaba ella. Nada.
Pero el estruendoso sonido de la caída de una persona la distrajo de sus pensamientos.
Todas miraron la puerta, y vieron como una sombra aparecía y desaparecía.
— ¡¡¡AY!!! —fue lo único que escucharon del otro lado de la puerta. No se sorprendieron al ver a Helena quien entraba, intentaba de arreglarse la ropa y su cabello que estaba todo enmarañado.
Helena: hola… —saludo—…vieron lo que hay en el pasillo… —señalando hacia esa dirección.
Megan: no… ¿por? —
Helena: ah…pues tendrías que verlo —tomo del brazo a su amiga y la llevo hasta el corredor de su habitación.

Cuando salieron, Megan se sorprendió lo que vio, en todo la extensión del pasillo, de punta a punta. El piso estaba tapado por una alfombra de ramos de distintas clases de flores. La gran mayoría de los pacientes de las habitaciones contiguas se habían parado junto a las puertas para ver extraño espectáculo de color y de aromas.
Helena se acerco a diferentes ramos y les saco las tarjetas que estas tenían.

Helena: mira, todas dicen lo mismo —su amiga tomo las tarjetas y las leyó:


“MI ÁNGEL de luz que iluminas mi oscuridad… mas allá de la cruel distancia que nos separa… deseo fervientemente volverte a ver fuerte y que juntos podemos luchar contra la tempestad”


Firma BK.



Helena: ves todas con la misma firma BK. —dijo a su amiga. Esta se había quedado en silencio y en unos instantes sus ojos se nublaron y unas lágrimas resbalaron por sus mejillas— ¿estas bien? ¿Qué lloras por esto? —señalando a todos aquellas flores.
Megan: si, jamás nadie había tenido un detalle así conmigo… —miro a Helena, y una gran sonrisa se apodero de ella —
Helena: entremos por que ya nos están odiando las enfermeras… —observo a una de ellas, esta le hablaba diciéndole que saque esas flores—…no entiendo alemán —cerro la puerta y se hecho a reír— ¿Qué deseas hacer con tu flores? Porque yo las vendo y gano plata para alquilar un departamento —bromeo.
Megan: las mandaría a casa, sino les es molestia tía —ella acepto animadamente, no así su hermana.
Helena: ok, me encargo de eso, antes de que te echen del hospital y te pongan una infracción por obstrucción del trancito del pasillo…-. Le dio un beso en la mejilla— nos vemos —se despidió y salió de la habitación.
Tía Dalma: fue Bill el que te envío todas esas flores ¿verdad? —
Megan: si… —sus ojos le brillaron al pensar en él— si…fue él, ¿Qué te sucede Heidi? —vio a su hermana muy seria.
Heidi: a ¿mi?... —intentaba ocultar su malestar—…nada ¿Por qué lo decís? —
Megan: porque estas muy sería. Que no te alegras que al final “mi amigo” si se haya acordado de mí —
Heidi: ah…si, me pone contenta eso —le mintió, la verdad le tenía envidia, su novio jamás le había hecho un regalo de ese tipo y lo que más le molestaba era que Bill lo haya hecho ese tipo de presente, eso que era tan solo amigo de Megan.

La tarde se volvió noche…y la hora de las visitas habían llegado a su fin. Una vez que Megan estuvo sola…una extraña sensación la invadió, era un tenue calor que iba más allá de sus cobijas, le parecía tan real el calorcito que la envolvía como si alguien la estuviera abrazando en ese momento… pronto concilio el sueño.


Continuara...

Monsoon