martes, 29 de octubre de 2013

Encuentro de Ángeles - Capítulo 15


Isabella se despidió de su padre, dándole un beso en la mejilla y abrió la puerta rápidamente, para que Víctor dejara de tocar el timbre, acción que ya la estaba desesperando.
Una vez que acciono el picaporte, su novio la abrazo de repente y la beso, sin descaro. No le importó la presencia del padre de la joven, que lo observaba asombrado.

— Eres un muchacho irrespetuoso —soltó el hombre, molesto— ¡Suelta a mi hija! —exclamo, en la medida que los separaba.
— Oh, disculpe señor. No lo vi. La belleza de Isabella me cegó y no pude más que dejarme llevar por el sentimiento —hablo Víctor.

Isabella lo miró, aun más sorprendida y desconcertada que su padre.

— Ya vámonos —dijo Isabella, tomando a Víctor de la ropa y llevándolo hacia la calle.

— Ne tas arruinando la chaqueta —chillo el joven. Isabella lo soltó.
— Podría ser algún día que dejes de hacer el ridículo frente a mis padres —hablo la muchacha, mientras se encaminaban hacia la cafetería de la esquina.
— ¿Qué hago el ridículo? No sé de que me estas hablando —.
— No te hagas el estúpido Víctor, sabes de lo que hablo. El día de mi cumpleaños, cuando tiraste salsa parrilla a la torta, solo para bromear. La noche de la cena...
— Ya, ya —interrumpió Víctor, dándose cuenta que eso lo llevaría a otra discusión con su novia.
— Y lo de ahora. ¡¿Vos crees que mi padre creyó lo que vos dijiste?! —continuo Isabella con su reclamo, al notar que Víctor la estaba ignorando. Se callo. Dio media vuelta y camino en sentido contrario, que su novio.

— ¡¡Hey!! Espera. ¡No es para tanto! —le grito el joven moreno, pero esas palabras no detuvieron a Isabella, que ya estaba lo suficientemente lejos.

La muchacha camino por varias cuadras, en dirección a una de las plazas del Upper East Side. Se sentó en uno de los tantos bancos del lugar, en su lado favorito de la plaza, justo al frente de un viejo carrusel. Miró por unos instantes a las familias y a los niños que se divertían en el juego.
Se sentía extraña al pensar, que algún día ella tendría a un hijo o hija, y que llevaría a ese mismo lugar.
La placida sonrisa que mostraba, se desvaneció lentamente, debido al recuerdo de todos los problemas que debería enfrentar, cuando su familia sepa lo de su embarazo.

Tras unos minutos, sintió a su espalda una rara sensación. Miró hacia atrás, pero no vio a nadie conocido, continuo observando el carrusel. Hasta que de pronto, sintió la presencia de alguien. Giro sus oscuros ojos hacia su izquierda y vio a un muchacho. Que apoyaba sus manos en el respaldo del banco, en donde Isabella estaba sentada.

Ella podría haberlo ignorado pero Él no se lo permitiría.

— ¿Cuándo fue la ultima vez que jugamos aquí? —hablo el joven, que se decidió sentarse al lado de Isabella. Ella lo miró a los ojos y sonrió nuevamente.
— Hace unos años atrás, cuando unos policías nos echaron del juego por ser demasiados grandes —contento la joven, riendo en silencio por el recuerdo.
— Pensé que ya no lo recordabas —
— Siempre recuerdo los buenos momentos... Hank —soltó, un poco tímida.
— Lamentablemente yo no suelo recordarlos, so quien solo se acuerda de los malos recuerdos —revelo con sarcasmo.
— Si claro, como si tuvieras muchos momentos tristes en tu vida —se atrevió a decir Isabella. Hank la miro desafiante.
— Claro que tengo uno, y uno muy triste —dijo el joven, poniéndose muy serio.
— ¿Cuál? —quiso saber Isabella.
— Cuando me fui —soltó, su mirada se fijo en la joven, que lo observaba muda.

Ella no podía olvidar ese día, si fue en las vísperas de navidad. Cuando él y toda su familia se mudo a Escocia.

— Te extrañe Hank —dijo Isabella, abrazándolo repentinamente. Hacía 6 años que no veía a su mejor amigo de la infancia.
— Y yo a ti, Isa —

Ambos permanecieron abrazados por largos instantes, hasta que ella lo soltó.

— Me tienes que contar todo... ¿Qué hiciste de tu vida? Todo —exclamo Isabella con gran entusiasmo.
— Hay muchas cosas cambiaron —soltó Hank, iniciando una charla que duro varias horas, hasta que se hizo de noche y tuvieron que separarse. Pero se prometieron volverse a reunir al día siguiente, para el festejo del cumpleaños de su amiga en común. Alice.

— ¡¡Por tu bien no faltes!! —bromeo Isabella, despidiéndose el joven.

Cuando finalmente Hank perdió de vista a su amiga, él recién comenzó su caminata hacia el departamento de un familiar.
Le llevo varios minutos llegar, todo debido a la cantidad de valija que traía consigo.
Al llegar, toco timbre.

— ¡¡Primo!! ¡¡Que sorpresa!! —exclamo una mujer al verlo.
— ¿de que sorpresa me hablas? Si te avise hace una semana que viaja hacia EEUU y que me quedaba en tu departamento por un tiempo —le reclamo Hank, a la despistada mujer.
— Claro que sabía, no te enojes. Solo era una broma —dijo haciendo una sonrisa, en la medida en que le daba un fuerte abrazo— ¿Qué piensas quedarte una década en mi departamento? —exclamo al ver la cantidad de ropa.
— ¡¡Que exagerada!! No cambias más Lauren —soltó riendo Hank.
— No me digas Lauren, solo mis novios pueden llamarme de esa forma —le reclamo la pelirroja.
— Por cierto, ¿en donde esta el Alemán? ¿Ya lo terminaste? —pregunto Hank, refiriéndose a Georg.
— Sigo con él —contesto Lauren, pensando en Bill.
— Eso me parece genial, que te tomes una relación en serio —hablo Hank serio, pero su estado duro poco, porque una fuerte carcajada salió de el.
— Cambie...eso —intento reponerse Lauren.
— Entonces llévalo mañana al cumpleaños de una amiga, quiero que le digas a todo el mundo quien es tu novio —la reto.
— Ésta bien, lo llevaré... —contesto la pelirroja.


Continuara...

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