viernes, 24 de marzo de 2017
miércoles, 1 de marzo de 2017
Capítulo 3
Una palabra fue suficiente para detonar todo lo que habia en nosotros. Amarnos era lo que deseábamos. Lo que nuestros cuerpor querian. Lo que nuestras almas necesitaban.
*
Bill volvio a adueñarse de mis labios con impetuoso dominio. Su nueva actitud me tomo por sorpresa, jamás habia experimentado algo así con él. En mis recuerdos lo recreo como un chico dulce y timido, pero ante mí hay ahora un hombre experimentado, que sabe lo que quiere y como lo quiere.
Abrasada a su cuello y él a mi cintura, me llevo directo hacia el baño. Cambiando lo que yo habia planificado para el encuentro.
No me sorprendieron las velas; que iluminaba tenuamente el lugar; ni los petalos de rosas que habia en el agua de la tina. Ser detallista y un eterno romantico estaba en su esencia. Eso es algo que me gusta de él.
Nuestros besos se detuvieron cuando cruzamos la puerta y esta fue cerrada.
- Date la vuelta -ordeno decidido. Lo mire por un instante, su nueva manera de ser me tentaba a sonreir orgullosa pero me mantuve seria y en silencio, hice lo que pedia. Entonces tomo la tela de mi vestido con sus manos y lo deslizo lentamente hasta el piso, dejando visible la ultima prenda que permanece en mi cuerpo. El delicado encaje negro, es lo unico que oculta mi intimidad.
De pronto, siento sobre mi cuello su respiración; profunda y provocativa. Su cercania estremece cada parte de mi ser.
Luego Bill deposita un penetrante beso sobre mi nuca, lo cual hace que cierre los ojos de placer. En ese momento sus manos rodean mi cintura, que lentamente sube hasta mis pechos y los reclana como suyos.
Un quejido brota de mis labios y la respiracion se arremolinaba en el pecho cuando siento el contacto de su pelvis. Sintiendome acalorada, apoyo mis manos en su cadera y lo acerco aun mas a mí. Y el instinto me llevo a menearme contra su ardiente entrepierna. Entonces distingo un sofocado rugido proveniente de Bill, que se pierde entre mis cabellos. En tanto, él sujeto con más fuerzas mis pechos y un gemido de dolor salio de mí.
- Eso no se hace -murmura a mi oido y mordio el lobulo de mi oreja izquierda. Sonríe por que sé que mi insolebcia tendria un castigo.
- Pero ¿por qué? Si es divertido jugar con fuego -respondi juguetona. Él se mordio los labios y me miro de reojo.
- ¿Quieres jugar? -dijo. En la medida que una de sus manos se introducia por debajo de mi ropa interior- a esto... -sus dedos apretaron el punto mas sensible de mi sexo. Ese momento me dejo sin aire- ¿quieres seguir jugando? Por que vas a perder -continuo y movio mas sus dedos.
- Que te hace creer que ganaras -hable, aceptando el reto. Sin modificar nuestra posición, lo encamine hacia un extremo del baño y lo encerré contra la pared. Comencé a moverme con más violencia, su excitación iba en aumento como la mía.
Mis suaves gemidos se combinaban con los suspiros de Bill. Nuestro juego nos esta acercando al ansiado éxtasis.
De repente, escucho a Bilm decir: Detente -repitio, entre dientes. Su agitada respiración, se convirtio en el metrónomo para el ritmico movimienti de mi pelvis. No ne importa cuanto me pida detenerme, no voy a hacerlo por que quiero llevarlo al limite.
A los pocos segundos, él me libera del juego y se sostiene firmemente de mi cadera, oprimiendo más mi trasero contra su sexo, en la medida que él experinenta placer.
Apoyo su frente en mi espalda, agotado. Así estuvimos por unos instantes, hasta que él me suelta del agarre y sonreí cuando pude ver mi triufo. Bill bajo la mirada para ver la consecuencia de nuestro juego.
- ¡Ganaste!
viernes, 1 de enero de 2016
Capítulo 2
En
el momento en que Bill bajo uno de los breteles de mi vestido y expuso
mi hombro, dejo en mi piel el primer beso. Era tan suave y delicado, que
no me costo rendirme ante el.
Con cada nuevo beso, su ansiedad iba en aumento. Entonces Bill rodeo mi cintura con su brazo y me ciño con fuerza a su cuerpo. Me abrace a él y permanecimos así por varios segundos. Existía en aquel gesto una intensa necesidad de sentirnos amados, de sentirnos seguros de la soledad que nos castigaba.
— ¿Por qué te mantuviste tan lejos de mí? —susurro.
— Eres cruel al preguntármelo. Sabes que no podía seguirte —respondí. Intente no mostrarme quebrada pero mi voz me hizo una mala jugada— disfrutemos esta noche —propuse.
Bill busco mis labios, pero esquive su beso.
— Me dices cruel. Pero tú lo eres ahora, al negarme el beso —
— Bill… —me separe de él y se me escapo de los nervios una risita. No podía creer que él haya olvidado nuestro acuerdo— es la regla. Los labios son prohibidos —
— Prohibidos ¿prohibidos para mí? —exclamo, sentándose en el borde la cama. Era evidente que estaba molesto.
— Para todos —aclaré— no eres el único y lo sabes. Siempre lo supiste —resople y cruce los brazos. El rostro de Bill se volvió duro y su mirada fría.
El ambiente íntimo que habíamos creado se diluyo por nuestros dedos, como si fuera agua.
— Tal vez me equivoque en llamarte —hablo serio.
Mire sorprendida a Bill. Había pensado en la posibilidad de que todo salga mal, pero no creí que eso fuera a ocurrir. Pero entonces lo vi ponerse de pie y caminar hacia la entrada— será mejor que te vayas —pidió seriamente y abrió la puerta.
Tarde unos instantes en reacción. No deseaba irme, pero mis pies se movieron contra mi voluntad y transite lentamente el camino hacia la salida. Cuando me acercaba a ella, observe a actitud de Bill. Apoyado contra la pared, sus ojos estaban tristes pero intentaba ocultarlo mirando el piso. Y me dije a mi misma: Cómo soy capaz de irme, si no quiero. No quiero que esto termine así.
Me detuve en el umbral. Gire la cabeza para verlo por última vez. Él seguía en la misma posición.
— No puedo cumplir con lo que me pides —murmure y di unos pasos hacia atrás, hasta detenerme enfrente de Bill— Por ti, romperé todas mis reglas —le hable. Bill levanto su rostro y fijo su mirada en mí, expectante a lo que haría.
Le arrebate la puerta y la cerré violentamente. Sin mediar más palabras. Fui hacia él y tomando con mis manos su bello rostro, lo bese. Lo bese con tanta necesidad como si de ello dependiera mi vida. Una fuerte corriente eléctrica me atravesó intensamente, que sentí como mi corazón se expandía de ¿Amor? ¿Pasión? ¿Ambos? Eso, no lo se. Lo único en lo que estoy segura es que amo esta nueva libertad.
Otra vez nos entregamos al abrazo. Otra vez construíamos un mundo en donde solo podíamos estar los dos.
De pronto, Bill detuvo nuestro beso. Para observar la expresión de mis ojos cuando con sus manos acaricio mi mejilla. Sonrió complacido, al verme disfrutar su gesto, pero su mirada aún esta enmascarada por la tristeza.
— Esta noche —comenzó a decir— prométeme que no te irás cuando mi vigor se agote. Aún cuando haya saciado mi sed de ti. Jura que te quedaras conmigo hasta el amanecer —suplico.
Sus palabras estaban tan llenas de dolor que quebró mi alma. No sabía que mi ausencia lo lastimaba tanto.
— No habrá mayor satisfacción que ver contigo la salida del sol —le respondí y su sonrisa se volvió amplia.
Lleve mis manos hacia su cuello y lo atraje otra vez a mí, para sellar mi juramento con un beso. Unidos por el deseo, nos movimos hacia el espacio que se convertiría en nuestro refugio en la noche.
Sentí la cremallera de mi vestido abrirse y sus manos explorando mi espalda desnuda. Hice lo mismo con su camisa negra, desprendí uno a uno los botones y fui observando los cambios. En mi memoria, su pecho era un blanco lienzo, ahora disfrutaba el arte en él. La pieza central de su pecho, un elaborado tatuaje de pirámide, estrella y elefante. No sé si significado pero seguramente debe ser algo importante para él. Me inclino y beso cada punto del mismo. Escucho los primeros sofocados suspiros de su alma. Cuando aparto el resto de su camisa, para dejar descubierto su torso. Me sorprendo con el grabado de un corazón.
— Una vez lo arrancaron de mí. Pero ahora lo tengo de regreso —comento Bill, ante mi mirada fija en el tatuaje.
— No debiste haber dejado que te lo arrancaran —
— Es un riesgo de amar —explico. Entonces lo miré y no supe que responderle. Porque tenía el presentimiento de que si hablaba, mis palabras revelarían mucho más de lo que quería demostrar. Lo quería demasiado, pero saber que alguien le rompió el corazón me lastimaba de la misma manera. — El destino del hombre es amar y en el amor también debes sufrir, porque es la única manera de saber que es verdadero lo que sientes —reflexionó.
— Ámame… —le pedí.
Continuara
Con cada nuevo beso, su ansiedad iba en aumento. Entonces Bill rodeo mi cintura con su brazo y me ciño con fuerza a su cuerpo. Me abrace a él y permanecimos así por varios segundos. Existía en aquel gesto una intensa necesidad de sentirnos amados, de sentirnos seguros de la soledad que nos castigaba.
— ¿Por qué te mantuviste tan lejos de mí? —susurro.
— Eres cruel al preguntármelo. Sabes que no podía seguirte —respondí. Intente no mostrarme quebrada pero mi voz me hizo una mala jugada— disfrutemos esta noche —propuse.
Bill busco mis labios, pero esquive su beso.
— Me dices cruel. Pero tú lo eres ahora, al negarme el beso —
— Bill… —me separe de él y se me escapo de los nervios una risita. No podía creer que él haya olvidado nuestro acuerdo— es la regla. Los labios son prohibidos —
— Prohibidos ¿prohibidos para mí? —exclamo, sentándose en el borde la cama. Era evidente que estaba molesto.
— Para todos —aclaré— no eres el único y lo sabes. Siempre lo supiste —resople y cruce los brazos. El rostro de Bill se volvió duro y su mirada fría.
El ambiente íntimo que habíamos creado se diluyo por nuestros dedos, como si fuera agua.
— Tal vez me equivoque en llamarte —hablo serio.
Mire sorprendida a Bill. Había pensado en la posibilidad de que todo salga mal, pero no creí que eso fuera a ocurrir. Pero entonces lo vi ponerse de pie y caminar hacia la entrada— será mejor que te vayas —pidió seriamente y abrió la puerta.
Tarde unos instantes en reacción. No deseaba irme, pero mis pies se movieron contra mi voluntad y transite lentamente el camino hacia la salida. Cuando me acercaba a ella, observe a actitud de Bill. Apoyado contra la pared, sus ojos estaban tristes pero intentaba ocultarlo mirando el piso. Y me dije a mi misma: Cómo soy capaz de irme, si no quiero. No quiero que esto termine así.
Me detuve en el umbral. Gire la cabeza para verlo por última vez. Él seguía en la misma posición.
— No puedo cumplir con lo que me pides —murmure y di unos pasos hacia atrás, hasta detenerme enfrente de Bill— Por ti, romperé todas mis reglas —le hable. Bill levanto su rostro y fijo su mirada en mí, expectante a lo que haría.
Le arrebate la puerta y la cerré violentamente. Sin mediar más palabras. Fui hacia él y tomando con mis manos su bello rostro, lo bese. Lo bese con tanta necesidad como si de ello dependiera mi vida. Una fuerte corriente eléctrica me atravesó intensamente, que sentí como mi corazón se expandía de ¿Amor? ¿Pasión? ¿Ambos? Eso, no lo se. Lo único en lo que estoy segura es que amo esta nueva libertad.
Otra vez nos entregamos al abrazo. Otra vez construíamos un mundo en donde solo podíamos estar los dos.
De pronto, Bill detuvo nuestro beso. Para observar la expresión de mis ojos cuando con sus manos acaricio mi mejilla. Sonrió complacido, al verme disfrutar su gesto, pero su mirada aún esta enmascarada por la tristeza.
— Esta noche —comenzó a decir— prométeme que no te irás cuando mi vigor se agote. Aún cuando haya saciado mi sed de ti. Jura que te quedaras conmigo hasta el amanecer —suplico.
Sus palabras estaban tan llenas de dolor que quebró mi alma. No sabía que mi ausencia lo lastimaba tanto.
— No habrá mayor satisfacción que ver contigo la salida del sol —le respondí y su sonrisa se volvió amplia.
Lleve mis manos hacia su cuello y lo atraje otra vez a mí, para sellar mi juramento con un beso. Unidos por el deseo, nos movimos hacia el espacio que se convertiría en nuestro refugio en la noche.
Sentí la cremallera de mi vestido abrirse y sus manos explorando mi espalda desnuda. Hice lo mismo con su camisa negra, desprendí uno a uno los botones y fui observando los cambios. En mi memoria, su pecho era un blanco lienzo, ahora disfrutaba el arte en él. La pieza central de su pecho, un elaborado tatuaje de pirámide, estrella y elefante. No sé si significado pero seguramente debe ser algo importante para él. Me inclino y beso cada punto del mismo. Escucho los primeros sofocados suspiros de su alma. Cuando aparto el resto de su camisa, para dejar descubierto su torso. Me sorprendo con el grabado de un corazón.
— Una vez lo arrancaron de mí. Pero ahora lo tengo de regreso —comento Bill, ante mi mirada fija en el tatuaje.
— No debiste haber dejado que te lo arrancaran —
— Es un riesgo de amar —explico. Entonces lo miré y no supe que responderle. Porque tenía el presentimiento de que si hablaba, mis palabras revelarían mucho más de lo que quería demostrar. Lo quería demasiado, pero saber que alguien le rompió el corazón me lastimaba de la misma manera. — El destino del hombre es amar y en el amor también debes sufrir, porque es la única manera de saber que es verdadero lo que sientes —reflexionó.
— Ámame… —le pedí.
Continuara
jueves, 16 de abril de 2015
Capítulo 1
Bien entre al ascensor presione el botón del último piso. En ese instante tuve un déjà vu. Muchas veces en el pasado había realizado esa acción, en la suite de un lujoso hotel había un hombre, esperándome.
Pero esta ocasión sé que va a ser diferente, él será el último.
Miré mi reflejo en el vidrio, necesito comprobar que estoy bien arreglada. Acomode mejor mi vestido negro y volví a colocar en su posición un mechón de cabello rebelde. Entonces me acerque más al espejo para ver mi rostro. Esa noche quería verme especialmente hermosa, por lo que me empeñe a que el maquillaje estuviese perfecto y creo que lo obtuve. Me veía muy bien y eso me daba la seguridad que él me vería de la misma forma.
Cuando el ascensor se detuvo y abrió sus puertas, me sorprendió ver a Natalie y otra mujer, paradas frente a mí.
— Buenas noches Natalie —la salude amable, pero ella no respondió de inmediato. Por un momento pensé que después de tantos años que nos conocíamos, Natalie iba a aceptarme pero no era así. Ella miro hacia la mujer que estaba a su lado y vi que algo murmuro.
— Buenas noches —respondió la desconocida.
— Buenas noches —correspondí, le sonreí y salí de ascensor. Y ellas tomaron mi lugar.
— Él te esta esperando —escuche decir a Natalie. Gire la cabeza para mirarla— Y te vez bien —dijo y ajusto sus labios con reprobación.
Las puertas se cerraron y quede sola en el largo pasillo. Lentamente retome mi camino hacia la habitación. Cuando estuve enfrente a su puerta, me tome unos segundos antes de tocar para tranquilizarme porque a pesar de que pasaron varios años desde nuestro último encuentro, aun siento nervios. “Eres una profesional. Es entrar y hacer lo tuyo, luego te vas” Me repetía una y otras vez, en mi mente. Necesito convencerme que él solo es un cliente más y nada más.
Respiré hondo y le di pequeños golpes a la puerta. Mis nervios se acrecentaron cuando note que la puerta se abría. Las palpitaciones de mi corazón eran tan aceleradas, que temí sufrir algún ataque, que cuando lo vi sentí desfallecer en mi interior.
Se veía tan diferente, en el pasado había quedado el chico de 19 años con que estuve alguna vez, ahora se vía tan sofisticado y elegante en su traje negro.
El tiempo se detuvo para nosotros y su efecto nos hizo quedar inmóviles. Dejando en movimiento nuestros deseos, antiguas pasiones, que al vernos renacían con fuerza. Tuve el impulso de correr a besarlo, pero me contuve. No debía mostrarle que él era capaz de desestabilizaba todos mis sentidos.
— Paso tiempo pero otra vez estas aquí —hablo con su voz seductora y lo acompaño con una esplendida sonrisa. Entonces Bill extendió su mano; invitándome a entrar; la tome y él la estrecho cariñosamente— Te vez radiante. Los años no pasan para ti —coqueteo.
— En mí los años no pasan, pero en ti hacen maravillas —le hable y note como las mejillas de Bill se sonrojaban. Soltó mi mano y camino hacía la ventana. Su actitud misteriosa siempre me cautivaba, era algo que no podía dejar de observarse. Lo mire por unos instantes y luego observe la suite, las luces estaban tenues lo que creaba un ambiente especial, las cortinas de las ventanas estaban cerradas, aislándonos de la gran ciudad de Múnich. Sonreí al recordar.
— Creí que te gustaría regresar… —me hablo.
— Regresar aquí, trae muchos recuerdos —dije nostálgica.
— Espero que sean buenos —
— Los tuyos son muy buenos —me apresure a responder— Espero que tu tengas buenas memorias de mí —
Bajo la cabeza y vislumbre una traviesa sonrisa. En silencio se acerco y se detuvo frente a mí, estábamos tan cerca que podía sentir su aroma invadiendo mis sentidos. A pesar de ser casi tan alta como él, me sentía vulnerable ante su presencia. Entonces Bill apoyo la punta de sus dedos en mi hombro y con un suave movimiento, acaricio la forma de mi clavícula y recorrió mi cuello. Incline ligeramente la cabeza y cerré instintivamente los ojos cuando sentí su respiración. Deseaba sentirlo, deseaba que me besara la piel, pero no hizo lo que yo quería. En cambio hizo algo que me enloqueció aun más, con sus labios entreabierto los deslizo por mi cuello hasta mi oreja y me dijo al oído, lo que tanto anhelaba escuchar— Sería imposible olvidarme de ti —su voz era tan sugerente, que sentí el cuerpo estremecerse.
En el momento en que Bill bajo uno de los breteles de mi vestido y expuso mi hombro, dejo en mi piel el primer beso. Era tan suave y delicado, que no me costo rendirme ante el.
Con cada nuevo beso, su ansiedad iba en aumento. Entonces Bill rodeo mi cintura con su brazo y me ciño con fuerza a su cuerpo. Me abrace a él y permanecimos así por varios segundos. Existía en aquel gesto una intensa necesidad de sentirnos amados, de sentirnos seguros de la soledad que nos castigaba.
— ¿Por qué te mantuviste tan lejos de mí? —susurro.
— Eres cruel al preguntármelo. Sabes que no podía seguirte —respondí. Intente no mostrarme quebrada pero mi voz me hizo una mala jugada— disfrutemos esta noche —propuse.
Bill busco mis labios, pero esquive su beso.
— Me dices cruel. Pero tú lo eres ahora, al negarme el beso —
— Bill… —me separe de él y se me escapo de los nervios una risita. No podía creer que él haya olvidado nuestro acuerdo— es la regla. Los labios son prohibidos —
— Prohibidos ¿prohibidos para mí? —exclamo, sentándose en el borde la cama. Era evidente que estaba molesto.
— Para todos —aclaré— no eres el único y lo sabes. Siempre lo supiste —resople y cruce los brazos. El rostro de Bill se volvió duro y su mirada fría.
El ambiente íntimo que habíamos creado se diluyo por nuestros dedos, como si fuera agua.
— Tal vez me equivoque en llamarte —hablo serio. Mire sorprendida a Bill. Había pensado en la posibilidad de que todo salga mal, pero no creí que eso fuera a ocurrir. Pero entonces lo vi ponerse de pie y caminar hacia la entrada— será mejor que te vayas —pidió seriamente y abrió la puerta.
Tarde unos instantes en reacción. No deseaba irme, pero mis pies se movieron contra mi voluntad y transite lentamente el camino hacia la salida. Cuando me acercaba a ella, observe a actitud de Bill. Apoyado contra la pared, sus ojos estaban tristes pero intentaba ocultarlo mirando el piso. Y me dije a mi misma: Cómo soy capaz de irme, si no quiero. No quiero que esto termine así.
Me detuve en el umbral. Gire la cabeza para verlo por última vez. Él seguía en la misma posición.
— No puedo cumplir con lo que me pides —murmure y di unos pasos hacia atrás, hasta detenerme enfrente de Bill— Por ti, romperé todas mis reglas —le hable. Bill levanto su rostro y fijo su mirada en mí, expectante a lo que haría.
Le arrebate la puerta y la cerré violentamente. Sin mediar más palabras. Fui hacia él y tomando con mis manos su bello rostro, lo bese. Lo bese con tanta necesidad como si de ello dependiera mi vida. Una fuerte corriente eléctrica me atravesó intensamente, que sentí como mi corazón se expandía de ¿Amor? ¿Pasión? ¿Ambos? Eso, no lo se. Lo único en lo que estoy segura es que amo esta nueva libertad.
Otra vez nos entregamos al abrazo. Otra vez construíamos un mundo en donde solo podíamos estar los dos.
De pronto, Bill detuvo nuestro beso. Para observar la expresión de mis ojos cuando con sus manos acaricio mi mejilla. Sonrió complacido, al verme disfrutar su gesto, pero su mirada aún esta enmascarada por la tristeza.
— Esta noche —comenzó a decir— prométeme que no te irás cuando mi vigor se agote. Aún cuando haya saciado mi sed de ti. Jura que te quedaras conmigo hasta el amanecer —suplico.
Sus palabras estaban tan llenas de dolor que quebró mi alma. No sabía que mi ausencia lo lastimaba tanto.
— No habrá mayor satisfacción que ver contigo la salida del sol —le respondí y su sonrisa se volvió amplia.
Lleve mis manos hacia su cuello y lo atraje otra vez a mí, para sellar mi juramento con un beso. Unidos por el deseo, nos movimos hacia el espacio que se convertiría en nuestro refugio en la noche.
Sentí la cremallera de mi vestido abrirse y sus manos explorando mi espalda desnuda. Hice lo mismo con su camisa negra, desprendí uno a uno los botones y fui observando los cambios. En mi memoria, su pecho era un blanco lienzo, ahora disfrutaba el arte en él. La pieza central de su pecho, un elaborado tatuaje de pirámide, estrella y elefante. No sé su significado pero seguramente debe ser algo importante para él. Me inclino y beso cada punto del mismo. Escucho los primeros sofocados suspiros de su alma. Cuando aparto el resto de su camisa, para dejar descubierto su torso. Me sorprendo con el grabado de un corazón.
— Una vez lo arrancaron de mí. Pero ahora lo tengo de regreso —comento Bill, ante mi mirada fija en el tatuaje.
— No debiste haber dejado que te lo arrancaran —
— Es un riesgo de amar —explico. Entonces lo miré y no supe que responderle. Porque tenía el presentimiento de que si hablaba, mis palabras revelarían mucho más de lo que quería demostrar. Lo quería demasiado, pero saber que alguien le rompió el corazón me lastimaba de la misma manera. — El destino del hombre es amar y en el amor también debes sufrir, porque es la única manera de saber que es verdadero lo que sientes —reflexionó.
— Ámame… —le pedí.
Una palabra fue suficiente para detonar todo lo que había en nosotros. Amarnos era lo que deseábamos. Lo que nuestros cuerpos querían. Lo que nuestras almas necesitaban.
•
Bill volvió a adueñarse de mis labios con impetuoso dominio. Su nueva actitud me tomo por sorpresa, jamás había experimentado algo así con él. En mis recuerdos lo recreo como un chico dulce y tímido, pero ante mí hay ahora un hombre experimentado, que sabe lo que quiere y cómo lo quiere.
Abrasada a su cuello y él a mi cintura, me lleva directo hacia el baño. Cambiando lo que yo había planificado para el encuentro.
No me sorprendieron las velas; que iluminaba tenuemente el lugar; ni los pétalos de rosas que había en el agua de la tina. Ser detallista y un eterno romántico estaba en su esencia. Eso es algo que me gusta de él.
Nuestros besos se detuvieron cuando cruzamos la puerta y esta fue cerrada.
— Date la vuelta —ordeno decidido. Lo mire por un instante, su nueva manera de ser me tentaba a sonreír orgullosa pero me mantuve seria y en silencio, hice lo que pedía. Entonces tomo la tela de mí vestido con sus manos y lo deslizo lentamente hasta el piso, dejando visible la última prenda que permanece en mi cuerpo. El delicado encaje negro, es lo único que oculta mi intimidad.
De pronto, siento sobre mi cuello su respiración; profunda y provocativa. Su cercanía estremece cada parte de mi ser.
Luego Bill deposita un penetrante beso sobre mi nuca, lo cual hace que cierre los ojos de placer. En ese momento sus manos rodean mi cintura, que lentamente suben hasta mis pechos y los reclama como suyos.
Un quejido brota de mis labios y la respiración se arremolina en el pecho cuando siento el contacto de su pelvis. Sintiéndome acalorada, apoyo mis manos en su cadera y lo acerco aun más a mí. Y el instinto me llevo a menearme contra su ardiente entrepierna. Entonces distingo un sofocado rugido proveniente de Bill, que se pierde entre mis cabellos. En tanto, él sujeto con más fuerza mis pechos y un gemido de dolor salieron de mí.
— Eso no se hace —murmuro a mi oído y mordió suavemente el lóbulo de mi oreja izquierda. Sonríe que por sé que mi insolencia tendría un castigo.
— Pero ¿por qué? Si es divertido jugar con fuego —respondí juguetona. Él se mordió los labios y me miro de reojo.
— ¿Quieres jugar? —dijo. En la medida que una de sus manos se introducía por debajo de mi ropa interior
— A esto… —sus dedos apretaron el punto más sensible de mi sexo. Ese momento me dejo sin aire— ¿quieres seguir jugando? Por que vas a perder —continuo y movió más sus dedos.
— Que te hace creer que ganaras —hable, aceptando el reto. Sin modificar nuestra posición, lo encamine hacia un extremo del baño y lo encerré contra la pared. Comencé a moverme con más violencia, su excitación iba en aumento como la mía.
Mis suaves gemidos se combinaban con los suspiros de Bill. Nuestro juego nos esta acercando al ansiado éxtasis.
De repente, escucho a Bill decir: Detente —repitió, entre dientes. Su agitada respiración, se convirtió en el metrónomo para el rítmico movimiento de mi pelvis. No me importa cuanto me pida detenerme, no voy a hacerlo porque quiero llevarlo al límite.
A los pocos segundos, él me libera del juego y se sostiene firmemente a mi cadera, oprimiendo más mi trasero contra a su sexo, en la medida que él experimenta placer.
Apoyo su frente en mi espalda, agotado. Así estuvimos por unos instantes, hasta que él me soltó del agarre y sonreí cuando pude ver mi triunfo. Bill bajo la mirada para ver la consecuencia de nuestro juego.
— ¡Ganaste! Ahora estás contenta, este era uno de mis favoritos —reclamo, pero dejo ver una sonrisa.
— El pantalón puede limpiarse, igual que tú —susurre y mire fijamente a sus ojos. Pase mis dedos por el ceñido cinturón negro y busque su apertura. Cuando finalmente me deshice de el, me concentre en el ahora manchado pantalón. Bajo la mirada permanente de Bill, deslice la cremallera y siendo cuidadosa lo deje al nivel del suelo. Pude ver que su bóxer estaba en peores condiciones, estaba punto de tocarlo cuando Bill me detiene. Sus mejillas están coloradas. Tal vez por vergüenza o por pudor.
— Yo lo hago —
Moví la cabeza, aceptando su petición y lo deje realizar. Luego tome su mano y lo conduje hasta la tina. Lo invite a que entrara en ella, lo cual hizo y yo lo acompañe. Recostándome a su lado, me rodeo con sus brazos y retomamos los besos, que habíamos dejado de lado por un juego.
Después de la tormenta, el silencio y la tranquilidad nos gobernó. La tenue luz que nos brinda las pocas velas que quedaron encendidas, fueron los únicos testigos de nuestra ardiente pasión.
Lo observo desde mi posición, en el otro extremo de la bañera. Su mirada esta suspendida en el blanco techo y me pregunto: ¿cuál será su pensamiento en este momento? Por que mi inquieta mente no deja de reproducir todas las caricias y los besos que nos dimos. El sonido de su voz, gimiendo de placer. La expresión de su rostro extasiado por el goce. Imágenes que pretendo guardarlas en mi memoria y en lo más profundo de mi corazón.
Pero su constante quietud me preocupa. Él no suele comportarse así. Entonces me acerco a él y con una suave caricia a su mejilla, lo hago volver a mí. Cuando su mirada se encuentra con la mía, me estremezco la ver que sus ojos están enrojecidos, producto de un silencioso llanto.
—No quiero regresar a Berlín. No quiero que las horas transcurran y que el amanecer me separe de ti —balbuceo angustiado. Bajo la mirada y quedo en silencio—me harías tan feliz si de tus labios saliera el mismo deseo —
Lo miré fijamente y fruncí los labios. No me atreví a pronunciar palabra, porque no me siento capaz de engañarlo ni de mentirme a mi misma. Diciendo, que el tiempo que estuvimos separados acabo y que nuestro destino es estar juntos.
Respire hondo y exhalé cansinamente.
— Por más que lo desees, no podemos cambiar el rumbo de nuestra historia. Lo que iniciamos una noche, acabará con los primeros rayos del sol. Como en los cuentos —solté un malogrado chiste y lo acompañe con una doliente sonrisa. Los ojos de Bill se nublaron de tristeza y volvió a ausentarse de mí.
Con movimientos lentos, me puse de pie y salí de la tina. No tuve el coraje de esperar una respuesta por parte de Bill. Apresuradamente tome una toalla y deje la pequeña habitación, cerrando la puerta tras de mí. Pero no me aleje de ella, sino que giré y observe su blanca pintura.
Jamás me sentí tan miserable, frustrada, enojada con el destino. Porque nos unió y nos separo tantas veces, convirtiendo cada encuentro en un momento mágico para nosotros. Y cometí el error de permitir que el tiempo, transformara la pasión en un sentimiento noble, como el amor.
— Soy una cobarde, porque no tengo el valor para decirle que te amo, que te amo de una manera diferente y única. Que eres alguien que ocupa un lugar especial en mi corazón—susurre con dolor. Apoye mi mano izquierda y acaricie la fría madera, como si fuera su rostro— pero no puedes tener un espacio en mi vida —.
Una lagrima rodo por mi mejilla y cayo con el peso de mi dolor a la alfombra.
— Adiós Bill —
Intimidad
Prologo
Todo lo nuestro inicio hace mucho tiempo, en secreto. Al principio eran encuentros esporádicos, una noche y nada más. Luego paso muchos años sin vernos. Èl jamás se intereso por obtener noticiad mías, en cambio yo no podía escapar de él. Siempre su delgada y elegante figura aparecía en algún diario online o revista. Me empeñe en olvidarlo pero en la última semana me sorprendio algo y eso fue su llamada. Pidiendo que nos volvamos a encontrar.
Lo único que sé es que cada vez que estamos juntos, no existe nada más.
domingo, 21 de septiembre de 2014
The First Time
Prologo
<< Si alguien me hubiera advertido que esto iba a suceder, que esa noche iba a ser la ultima vez que te vería, que estarías conmigo...que besaría por ultima vez tus labios. Tal vez hubiera actuado de otra forma y no te hubiera dejado escapar, pero lo que hice...hecho esta. Y ya no me perteneces, no puedo volver el tiempo atrás y tenerte a mi lado, dándote el amor que ahora dices que te hace falta...>>.
Esas palabras quedan grabadas en la medida que escribo en mi vieja maquina de escritorio, al terminar ese párrafo saco la hoja y la miro. Vi en aquellas palabras demasiados sentimientos, demasiados recuerdos, demasiado de mi misma. Desee destruirla pero no pude hacerlo porque sabía que estaría destruyendo parte de mí. De modo que la doble y la guarde en el cofre de madera, a donde van todos los pensamientos que tengo...de Él.
•
•
Hace muchos años, cuando era una joven introvertida de 17 años conocí a un chico de hermosos ojos color almendra, de dulce sonrisa y de amable espíritu. Desde el primer momento supe que él reinaría todos mis sueños y que se convertiría en el dueño de mis mejores sentimientos. Él era la persona que más deseaba y amaba locamente. Pero mi amor no era correspondido, porque a pesar de estar tan cerca de el, él jamás logro verme como yo lo veía…tan llena de devoción y de amor. Para él solo era una amiga más.
En secreto lo ame, pero jamás me atreví a decirle lo que sentía. Durante el tiempo en que estuve a su lado, cumplí el papel que tenía en su vida: su mejor amiga. Escuche atenta y comprensivamente todas sus historias de conquistas, aquellas que lograba a través de su música. Me hablaba con tanto entusiasmo y pasión de sus amores fugaces, en los que lograba entregarse sin presiones, sin sentir verdadero amor. Fui su apoyo cuando acudía a mí en los momentos más dolorosos de sus fracasos, él me convirtió en la confidente de sus miedos, pero en la medida en su sueño se volvía realidad, él se alejo de todos pero principalmente de mí. De pronto yo ya no formaba parte de su nueva vida y tan solo era testigo de sus triunfos. Entonces su destino tomo vuelo y el existo lo llevo muy alto y tan lejos, que se olvido de mí.
Durante mucho tiempo odie a ese chico, que se había ido sin saber que me había roto el corazón, pero con el transcurro de los meses fui guardando su recuerdo en lo más profundo de mí y otra vez fui dueña de mi misma.
Y me preguntó, si ese chico de hermosos ojos color almendra, de dulce sonrisa y de amable espíritu, será capaz de descubrir que en mi libro Él es el protagonista de mi historia y que aun es el dueño de mi primer amor.
viernes, 19 de septiembre de 2014
Alas de Libertad
Capítulo 3
— Ya no estamos solos —murmura de pronto Bill, giro mi cabeza en dirección hacia la casa y veo a mi madre caminar hacia donde estoy sentada.
— Tienes que irte —pido, pero él me devuelve una sonrisa.
— Sabes que no voy a alejarme de ti, siempre estaré contigo, pero ¿tú estarás conmigo? —no le conteste, no supe que decirle. Baje la mirada por un instante, al levantarle nuevamente él ya no estaba allí, en cambio mi madre ocupa su espacio.
— Mi linda, ya es hora de tu sesión —extendió su mano— ¿estas bien? —pregunto al no verme reaccionar.
— Estoy bien —dije directamente y sin tomar su ayuda, me puse de píe. Camine lo mas apresuradamente hacia la casa, fui directamente hacia el baño de mi habitación. Tengo el afán de encontrar mis medicinas.
Cuando estuve en el pequeño cuarto, busque desesperadamente en todas las repisas, en cada rincón posible, pero no encontré ningún frasco.
— Cómo es posible —balbucee sin entender, recordaba que en alguna parte tenía un frasco con pastillas.
— Las cosas suceden por alguna razón ¿no escuchaste esa frase? —escuche de pronto a Bill decir.
— ¡En dónde metiste mis medicamentos! —exclame en la medida que giraba hacia la puerta, pero me quede muda por la sorpresa.
— Emma ¿con quien hablas? —pregunto mi hermana, vi en su rostro la preocupación y no quiero causarle eso.
— Me lo decía a mi misma —me arriesgue a decir— no se a donde las puse —sonreí.
— No te sientes culpable por mentirle a tu hermana —
Tuve que hacer un gran esfuerzo para no responderle a Bill, que estaba parado junto a mi Loreta, observando cada gesto.
— Ah... bueno —vacilo Loreta— mama te espera en el auto —dijo y dejo mi habitación.
— Ella no te cree. Deberías decirle la verdad —propuso Bill— aunque pensándolo bien, no es conveniente que alguien sepa de nosotros —se acerco a mí y con la punto de su nariz toco mi mejilla para luego dejar sobre mi piel un delicado beso. Instintivamente cerré los ojos ante su sutil toque, desee adueñarme de sus labios pero tenía que recordarme que todo lo que sentía, lo que veía, lo que escuchaba era un producto de mi mente. Lo que estaba sucediendo no era real. Suspire amargamente. — No piensas decirme nada —escuche decir a Bill, pero no respondí. Me concentre en buscar mi bolso y salir de mi cuarto. Camine hacia el auto, en ningún momento quise mirar hacia atrás, por temor a que él pudiera aparecer.
— Te vez pálida ¿te sientes bien? —pregunto mi madre, una vez que tome asiento dentro del auto.
— Me siento bien —respondí en voz baja, pero eso no era verdad.
Mi mente en esos instantes caminaba por una delgada línea, en donde caer al abismo era un riesgo fatal. Pero una parte de mí deseaba caer... caer en la oscuridad, llamada Bill.
Continuara
Alas de Libertad
Capítulo 2
No tenía deseos de desayunar, pero el sonido de mi estomago me decía lo contrario. Con demasiado desgano intento levantarme de la cama, pero mis piernas estaban entumecidas y no reaccionan con tanta como rapidez de antes, ahora debo masajearlas para que la sangre fluya hasta lograr “activarla”. Detesto los efectos secundarios de los medicamentos antipsicoticos, pero lamentablemente debo aceptarlos si es que quiero volver a ser “normal” o “llevar una vida normal” como diría mi madre.
Pero nadie me dijo que volver a ser normal conllevaba a sufrir horrendos efectos secundarios.
Camine torpemente hasta el armario y saque lo primero que veo, no me interesa si no combina los colores o si lo que llevo puesto no esta a la moda, hace tiempo que eso ya no me importa. Como muchas otras cosas.
Una vez vestida, salgo del cuarto y voy hacia el comedor, en donde me están esperando.
Al llegar, soy recibida por la sonrisa de mi pequeña hermana, Loreta, que desde su posición me hace señas para que me siente a su lado, quiero responderle de la misma manera pero la mirada penosa de mi madre hace que borre cualquier deseo de sonreír. Me siento en el extremo opuesto de donde esta Loreta y espero a que me sirvan el desayuno de frutas, café y pastillas de colores.
— No te olvides que esta tarde tienes cita con la Dra. Rivera —menciona mi madre, al colocar la taza de café frente a mí.
— No lo olvide —murmure irritada, tome la taza y di un rápido sorbo. Detesto que ella quiera manejar mi vida, se cree que tiene el derecho de hacer conmigo lo que quiera.
— Te tengo un regalo —hablo repentinamente Loreta. Su entusiasmo me hizo finalmente sonreír.
— Nada de sorpresas —respondió bruscamente mi madre, retándola y llevándose mi tasa sin terminar. Ver como maltrata a mi hermanita me dio tanta rabia, que agarraría el cuchillo de la cocina y se lo clavaría en el pecho.
— Emma ¿Te sientes bien? —Interrumpe nuevamente Loreta, mis pensamientos— Te ves pálida —
— No me pasa nada —contesto directamente. Me levanto rápidamente de mi asiento y salgo de la casa lo más deprisa posible hacia el jardín.
•
¿Qué es lo que me esta pasando? Me pregunto agarrándome la cabeza con las manos, siento mi rostro frío y húmedo. Hace tiempo que no me sentía tan enojada y con tantos deseos destructivos. Tengo miedo que las pastillas ya no estén dando resultado. Pero cómo puede estar pasándome esto si tomo mis medicamentos...casi...todos los días.
Entonces, detengo mi marcha al recordar que anoche volví a verlo y eso significaba una sola cosa, mi medicina ya no es eficaz.
— ¿Eficaz? —escucho el murmuro a mi derecha. Giro la cabeza ágilmente pero no encuentro a nadie— ¿Qué es lo que ya no te es eficaz? —vuelvo a escuchar en forma de susurro.
— ¡No te estoy escuchando! —me repito una y otra vez, intentando convencerme de que lo que oigo no es real.
— Anoche no me decías lo mismo. Me rogabas que te sacará de aquí —sus palabras se vuelven cada vez mas nítida en mi mente.
— ¡Eso no es verdad! ¡Tú no existe! —exclamo nuevamente, siento que no puedo controlarme. Mi cabeza comienza a dolerme y la visión se me vuelve cada vez más borrosa y distorsionada— ¡Tu no existes! —digo en voz baja.
De pronto mis piernas no me resisten y caigo de rodillas sobre el césped. Escucho unos pasos, tengo la esperanza de que sea alguien que viene a rescatarme, pero ¡qué equivocada estaba! Porque cuando alce la mirada, la sombra de Bill estaba parada frente a mí. Se agacho hasta situar su rostro a la altura de la mí.
Con su boca delicada y despiadada me sonrió.
— Tu no eres real —solté lo más firme que pude, porque en cierto sentido sabía que lo que veía podía ser parte de una alucinación, además porque podía ver a través de él el fondo del jardín.
Baje la mirada, tal vez si pienso en algo más, su imagen desaparezca.
— Eso depende de ti, tú eres la única que puedes volverme real —dijo. Escuchar aquellas palabras me sorprendió tanto que levante la cabeza. Su imagen repentinamente se volvió nítida— tu sabes lo que tienes que hacer —continuo.
Continuara...
domingo, 27 de abril de 2014
Alas de Libertad
Capítulo 1
A la mañana siguiente, mis ojos se abrieron ante la primera sensación de frio, sabía que mi cuerpo esta destapado y completamente desnudo. Quisiera abrigarme pero mis manos como mis pies están atados a los barrotes de la cama, solo puedo mover mi cabeza. La levanto ligeramente y hago una revisión visual de mi estado, noto con desesperación que mi piel esta manchada de rojo, supongo que es por las heridas que logro ver.
En mi mente surge la inevitable pregunta: ¿Qué me paso? Pero no hay respuesta.
De pronto la puerta de la habitación de abre y un monstruo aparece. Me paralizo a verlo, su figura distorsionada me aterra, pero palidezco cuando se acerca a mí.
— Emma, es hora de levantarse —me dice. Su figura me repugna, pero su voz me es conocida pero no recuerdo de donde. No le respondo, solo me limito a mirarla horrorizada. Suspira, entonces estira su mano e intenta tocarme.
— ¡¡No!! —grito.
— Emma, soy yo... mamá —
— ¡¡No!! —grito nuevamente, me retuerzo en la cama, cuando sus manos toman mi rostro. Se acerca tanto a mí que puedo sentir su respiración chocar contra la mía, sus ojos claros se miran fijo.
— Soy mama, Emma...tú mamá —repite, con suave voz.
Su voz, sus ojos...lentamente fueron formando una imagen en mi mente, un recuerdo de una persona que quería mucho. Gradualmente dejo de moverme, mi acelerado corazón se apacigua ante el reconocimiento y una leve sonrisa se dibuja en mis labios.
— Mamá —suspiro aliviada. Me siento en la cama, en aquel momento me doy cuenta que no estaba atada a la cama como lo había visto, ni desnuda como lo había sentido minutos atrás. Entonces en un ataque de llanto por la angustia, me aferro en un abrazo a mi madre— ¿Qué me esta pasando? —hablo entre sollozos, pero ahora es ella la que no me responde.
Tal vez no me quiera decir, tal vez ella misma no sepa lo que le esta pasando a su propia hija.
— Es hora de levantarse —me dice al oído, suavemente me libera de su abrazó y se pone de pie— vístete, que te estamos esperando para desayunar —deja un beso en mi frente y sale de la habitación.
Por unos instantes me quedo sentada en la cama, observando a mí alrededor. Todo luce “normal”, hay unos pocos muebles de color blanco, las paredes de color claro, adornados con algunos posters de bandas de música, libros en una repisa, mi computadora en una esquina.
Todo es normal, menos en Mí.
•
Mi nombre es Emma, tengo 22 años y hace dos años me diagnosticaron Esquizofrenia.
“Mi mundo no es igual al tuyo”
Continuara...
domingo, 13 de abril de 2014
Alas de Libertad
Prologo:
En las noches despejadas de nubes, me gusta sentarme junto a la ventana y ver las pocas estrellas que las luces de la ciudad me permiten ver. Con la mirada perdida en las pequeñas luces del cielo, mi pensamiento vuela como un ave y es entonces que él viene a mí.
Lo siento en la habitación.
Miro hacia la oscuridad y puedo distinguir como su figura toma forma con la luz de la luna. Sonrió al ver su encantador rostro.
— Gute Nacht mein Engel —me dice en alemán, su voz es tan clara y suave, que es imposible no saber quien es. Cuando finalmente sale de la oscuridad y su cuerpo se revela ante mí, me bajo de la ventana y corro hacia él. Para estrecharlo en un fuerte abrazo.
— Mi amor, cuanto te extrañe —murmuro. No deseo que nadie me escuche hablar, no quiero que me separen de él, otra vez. — Por favor no me dejes sola. Llévame de aquí. Sácame de este horrible lugar —le ruego, mis lagrimas pronto comienzan a humedecer su camisa de seda.
— Pero estoy aquí contigo, no dejare que nada malo te ocurra —intenta consolarme, me aferro mas a su pecho, el latir de su corazón es lo que finalmente logra detener mi llanto.
Entonces en el silencio, siento como en la cúspide de mi cabeza, él me deja un beso. Su abrazo deja de ser fuerte, él me esta soltando.
— ¡No, por favor quédate! —exclamo con desesperación. Sin darme cuenta había levantado la voz.
De pronto escucho ruidosos pasos por el pasillo, sé que vienen hacia mí.
— ¡No te vayas! —le ruego, pero él no me dice nada, su mano desliza de la mía como si fuera agua, no puedo hacer que se detenga y la pena se apodera de mí. Las lágrimas otras vez eran mi compañía.
La puerta se abre y la luz del pasillo entra, revelando mi solitario cuerpo.
— ¡Se soltó! —escuche decir a uno de los hombre de uniforme blanco, que sin tener la menor delicadeza me agarro de los brazos y le tiro sobre la cama. Yo no reaccione hasta que vi a otro hombre parado desde el umbral de la puerta, este sonreía de forma macabra. Camino hacia mí y cuando vi la jeringa en su mano. Grite con todas mis fuerzas el nombre de mi amor, de mi salvador.
— ¡¡¡Bill!!! —
jueves, 13 de febrero de 2014
Disculpa a las Lectoras
Pido disculpas a todas las personas que leen mis fics, por no actualizar mas seguido el blog, aun no estoy acostumbrada a su uso, pero voy a cambiar eso. Are lo posible por subir regularmente los capítulos de mis historias.
Gracias por leer y darme su apoyo con sus comentarios =D
Besos
Gracias por leer y darme su apoyo con sus comentarios =D
Besos
sábado, 28 de diciembre de 2013
The Black Moon -- Capítulo 1
Capítulo 1
•
<< Está oscuro.
Camino, pero no me muevo. Las piernas me pesan como el plomo y en la cabeza escucho voces hablándome en un idioma que no entiendo.
Empiezo a sentir frío. Tiemblo, y no tengo modo de calentarme.
También los brazos los tengo paralizados. Me duelen, con un dolor que nunca antes he sentido, como si estuvieran a punto de separarse del cuerpo.
Intento gritar, pero no lo consigo. No me sale más que un hilo de voz ronca y desafinada.
Siento que este es mi final.
La muerte me abraza y me arrastra aun más en la oscuridad. >>
•
•
— Es una pérdida terrible, señor Marshall —escuche de pronto. La voz de un viejo amigo me hizo salir de mis pensamientos. Mire hacia mi derecha y vi al señor Rollar, dueño de una compañía que había defendido de una demanda, hacia unos meses— Lamento tanto lo de su prometida. Estoy seguro que usted, señor podrá reponerse. Es usted joven, hay muchas damas que gustarían casarse con usted —.
Su intento por consolarme no me parecía apropiado para tal momento, en que hace minutos acabamos de ver enterrar el cuerpo de mi amada Eleonor.
— Le agradezco sus palabras, señor Rollar —dije despidiéndome. Le hice una débil sonrisa, que pronto desapareció. Di media vuelta y comencé a caminar, lejos de las personas que asistieron al funeral.
Necesito estar solo. No quiero la compasión de nadie.
Apresure mi paso por las callejuelas del cementerio. El frio viento de octubre congela mis lagrimas. Suspiro tras suspiro de dolor brotan de mí.
Eleonor no debía haber muerto, no era el tiempo. La vida que habíamos planeados juntos se rompió por culpa de ese animal.
Seque mis lagrimas con mis manos y respirando hondo, para repuse.
No dejaré que el dolor de su muerte me doblegue. Mi amada Eleonor le habría gustado que yo siguiera con mi vida y eso es lo que haré.
•
Al día siguiente del funeral. Me levante muy temprano como acostumbro. Desayune y partí hacia el Juzgado. Al llegar, uno de mis colegas, me detiene en la entrada principal.
— Thomas ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías en tu casa postrado por el dolor —dijo Richard, en un tono más cercano a un reto que a la preocupación.
— Lamento no poder cumplir con tus expectativas pero mi deber es estar aquí. Hoy nos toca defender un gran caso. Tal vez uno de los más grandes de... —decía pero Richard me interrumpió.
— ¡Basta Tom! No puedes ser tan cruel contigo mismo. Eleonor, la mujer con la que te ibas a casar murió ayer —
— Lo sé Richard —levante la voz— no hace falta que me lo digas. Sé muy bien lo que sucedió pero ya nada puedo hacer para que ella vuelva —exclame.
Las personas a nuestro alrededor se detuvieron a vernos. El escándalo que estaba haciendo sería la comidilla de esta tarde, sino me detengo.
— Hay que irnos —le ordene. Sin esperar a que él me dijera algo, directamente entre al edificio. Esa misma tarde y los días siguientes trabaje muy duro. La defensa de este caso se ha vuelto lo más importante para mí. Como abogado no voy a abandonarlo. Por ello debo poner toda mi concentración en el caso, no quiero darme el beneficio de pensar en ella, aunque en más de una ocasión me tiente en hacerlo. Ya no puedo seguir atormentándome con su recuerdo. Tal vez para los demás, la brevedad de mi duelo, les sea irritante. Pero no voy a cambiar, ya tome la decisión de seguir. Continuaré el camino que aprendí, entre leyes y códigos.
•
En la mañana del 24 de noviembre, a un mes exacto de la muerte de Eleonor. Me encamino hacia el cementerio con un ramo de rosas rojas, flor que amaba ella.
Cuando me acercaba a su lápida. Vi aparecer al sereno, que al verme corrió hacia mí. Note que me que hablaba pero no entendía nada. Al llegar a mi lado, me golpea con tal fuerza que me hace tambalear y tirar las flores.
— ¡Tenga más cuidado! —increpe adolorido. El hombre continuo corriendo, parecía asustado. — Loco —murmure.
Me incline a recoger las rosas, debía volver a formar el ramo. Lamente que algunas se estropearan por la caída.
— Son hermosas —escuche a mi espalda. Volví mi cabeza hacia la voz y vi a una mujer parada a un lado. — es una lastima que ella no lo aprecie —continuo. Me puse de pie de inmediato.
— Disculpe Señora... —
— Señorita. Aun no tengo el privilegio de estar casada —corrigió sonriendo.
— Debe usted disculparme pero tengo que retirarme —dije. Tome apresuradamente las últimas rosas del suelo y continué camino.
Mire hacia atrás, cuando estuve lo suficientemente lejos, para que ella no advirtiera mi acción. Esa extraña mujer continuaba parada en el mismo lugar.
Volví a concentrarme en mi consigna: visitar la tumba de mí amada Eleonor.
El hermoso Ángel, de grandes alas, era la figura que adornaba el sepulcro de la familia Watson, en donde ahora descansaba mi prometida.
—Te traje tus favoritas, rosas rojas —murmure. Ya no tenías mas deseos de seguir hablando, algo dentro de mí, creía que no debía interrumpir su sueño eterno, por lo que me quede en silencio. Por unos minutos permanecí observando aquel ángel. Por unos instantes tuve la impresión de verlo sonreír.
— Debió amarla mucho —volví a escuchar una voz de mujer. Voltee a verla para confirmar, estaba en lo cierto. Era la misma mujer, que hacía minutos me había cruzado.
— Es un momento personal y le pediría que se retire —le pedí cortésmente. Pero no se movió, sino todo lo contrario. Se sentó a mi lado.
— Yo también la amaba —hizo un silencio. Note que sus ojos se cristalizaban. — y como no hacerlo. Si era mi hermana —revelo. Entonces me miro, no pude ver en ella ningún rasgo en común con mi Eleonor a excepción de un lunar cerca de los labios.
— Eleonor jamás te mencionó y temo que tampoco nos presento —dije, un poco más interesado en ella.
— No se enfade con Eleonor, ella era muy espacial para mi. Sabía guardar secretos —volvió a sonreír, con cierta melancolía— me llamo Scarlett Felón —
Su nombre no me era desconocido, creo haberlo leído algún libro de historia. Tal vez sea una coincidencia que ella lleve el mismo nombre que una famosa duquesa, que desapareció hace unos doscientos años o ¿No?
Continuara...
martes, 3 de diciembre de 2013
Undisclosed Desires - Capítulo 9
•• Alis ••
Caminaba por la acera cuando escuche a mi celular sonar, al ver quien era sentí un repentino alivio.
Alis: Bill —suspire su nombre, por alguna razón anhelaba escuchar su voz.
Bill: Hola Alis, espero no molestarte pero te quería avisar que ya encontré a Tom, el muy tonto se había a la playa y se había quedado dormido allí, toda la noche la paso allí... —me dijo apresuradamente que no me dejo responderle pero eso cuando finalizo me pregunto si estaba bien.
Alis: eh claro.... —le respondí desganada—...que bueno que hayas encontrado a tu hermano... —seguí.
Bill: ¿te sentís bien? Te escucho rara —
Alis: la verdad. No me siento bien... —dije cada vez más desanimada, en ese instante sentí la necesidad de verlo, creo que eso me hará sentir bien. — Bill ¿podría verte? —
Bill: si, claro ¿En donde nos encontramos? Dime y voy hacia allí —
Alis: elígelo vos, pero quiero estar en donde podamos estar tranquilos —le pedí y el me dio una dirección.
En unos minutos me encontré con él.
Alis: esta es tu idea de un lugar tranquilo —exclame mirando a todos los que pasean en el Shopping.
Bill: no encontré otro lugar mejor, aquí me siento mas relajado... —dijo sentando cada vez más “tieso” o.O estaba tan derecho que parecía un robot.
Alis: ah... pues no parece... —sugerí mientras me desparramaba en la silla, me sentía tan deprimida que ni ganas de “ser una señorita” tenía.
Bill: ¿Qué te pasa? Cuando me dijiste que no estabas bien, me dije...”mierda algo grave sucedió”... ¿que paso? —
Alis: nada... solo que me acaban de despedir de mi trabajo —
Bill: ¿del bar? —
Alis: si Bill de dónde más —
Bill: bueno no te enojes, solo preguntaba, pensé que capaz que tenías algo otro trabajo —
Alis: lo siento pero me fastidia haber perdido la oportunidad de tener una vida “normal” —
Bill: ¿normal? Alis no eres normal... —
Alis: gracias Bill, tu si que sabes como levantar el animo —dije sarcástica.
Bill: Ash... no me malinterpretes, lo que quería decir es que tu...no eres una chica que trabaja —
Alis: no intentes de explicar porque peor la estas embarrando —lo interrumpí, no podía creer lo que me esta diciendo.
Bill: no... —negó suspirando y se tomo la cara con sus manos— ¿qué te pasa? —soltó protestando.
Alis: ¿a mi? —solté desubicada.
Bill: no a vos... a ¡¡mi!!... es que no se puede hablar contigo, eres imposible, contigo al frente no puedo coordinar lo que pienso con lo que digo, me pones demasiado nervioso y no puedo hablar... —se callo repentinamente, me le quede mirando unos instantes hasta que dí media vuelta para ver lo que veía.
Pero solo vi a un grupito de niñas gritonas, que algunas llamaban por celular como histéricas.
Alis: ¿Qué te ocurre? —le pregunte, porque no entendía porque aquello lo había puesto tan pálido y asustado, su cara me decía exactamente eso.
Bill: hay que irnos... —. Se levanto de su asiento, entonces escuche un estruendoso griterío y un claro ¡¡¡¡BILL!!!! Proveniente de las niñas, eso me aturdió y me levante rápidamente, pero Bill ya me había tomado ventaja, marchaba con paso apresurado, fui detrás de él pero me sobrepasaron el grupito de niñas y vi como rodearon a Bill, aunque él les sonreía y ellas más enloquecidas, eso no lo entendía actuaba como si fuera famoso o no se que. Lo observe por unos instantes como él se comportaba tan amable con las niñas que aturdían con sus gritos, todo iba bien...él se tomaba fotos o les firmaba autógrafos pero cuando una de ellas quiso robarle un beso, mi sonrisa desapareció repentinamente y me sentí extraña.
Pero luego una de ellas lo tomo de su ropa y eso no le gusto a Bill que me miro desesperado y fue que fui hacia él, no se como lo hice pero logre separar a las niñas de Bill y lo lleve hacia el auto.
Bill: wow... eres buena...gracias... —soltó agitado aun por lo que había pasado.
Alis: de nada... —
Bill: sería genial que vos seas mi —empezó a decir pero se callo y me sonrió tan ampliamente que me dio miedo, no sé lo que pretende pero solo me dijo que me llevaría a su casa porque tenía que hacer algo que se había olvidado, eso me sonó a excusa pero acepte, ya no tenía nada que perder, tengo todo el tiempo del mundo.
Durante el camino a su casa, le pregunte si era famoso y eso lo dejo con la boca abierta, me dijo que si no lo reconocía y yo le dije que no, su cara no me parecía conocida. Entonces me contó que él con Tom y unos amigos tenían una banda de música, que se llamaba Tokio Hotel y que habían sacado unos cuantos álbumes y que ganaron varios premios internacionales, eso me sorprendió tanto que me dijo que lo vería cuando llegue a su casa.
Al llegar, me invito a entrar a la casa.
Alis: es muy linda tu caserón —dije y él se rió. Aquel lugar era espacioso, decorado con elementos modernos pero también con detalles sencillos que le daban una agradable sensación de hogar.
Bill: gracias —sonrió— siéntete como en casa —me dijo y me guío hasta la sala principal y luego se marcho. Me senté en un de los sillones y me quede mirando los detalles de la sala, había varias fotos de personas que pensaba que debían ser familiares o amigos, tome un portarretrato que estaba cerca mió, en la fotografía estaban Bill y a Tom, entre ellos una mujer, que por su parecido y edad debía ser su madre, se veían tan felices, que llegue a envidiar el hecho de poder estar tan cerca de su madre y abrazarla como yo hubiera querido con la mía.
— Hola...Alis... —escuche y eso me asusto tanto que deje caer el portarretrato y el vidrio se hizo añicos.
Alis: ay lo siento Tom...fui torpe, juro que te comprare un marco nuevo —dije agachándome y tomando con mis manos los trozos de vidrio.
Tom: no lo hagas, te lastimaras —
Alis: ¿y eso te importa? —
Tom: mucho. No quiero que te lastimes —dijo y eso me distrajo absolutamente y me lastime con un vidrio.
Alis: auch... —chille adolorida, un vidrio se me había enterrado en la palma de la mano, Tom al verme sangrar me tomo rápidamente del brazo y me llevo al baño.
Tom: te dije que no querías que te lastimes —me regaño, en la medida que me quitaba el pedazo de vidrio.
Alis: no puedes controlar eso —dije adolorida, Tom me miraba fijamente, quede unos instantes “hipnotizada” por lo que no vi que él había abierto un bote de alcohol— mi naturaleza es así —continué—...aaahhh —él me abrazo y sofoque mi grito en su pecho, cuando me vertió alcohol en la herida, el ardor era tan grande que empecé a llorar, creo que a Tom no le importó que humedeciera su ropa porque en ningún momento me soltó, no se cuanto tiempo pasamos abrazados pero era como si no quisiéramos separarnos pero cuando no sentí más dolor me separé de él.
Alis: muchas gracias Tom —suspire, él me sonrió y en silencio me vendo cuidadosamente mi mano lesionada. — Serías un buen enfermero —comente.
Tom: un enfermero súper sexy...sexy —bromeo, arqueando una ceja.
Ambos salimos del baño y nos chocamos con Bill, que tenía los brazos cruzados y nos miraba impaciente.
Bill: ¿Qué hacían? —pregunto frunciendo los labios.
Alis: me lastime con un vidrio —levante la mano— y Tom me curo... —dije pero Bill miro molesto a Tom y este suspiro cansado y se alejo de mí.
Bill: ¿estas bien? —me pregunto preocupado cuando se me acerco.
Alis: si Bill, ya estoy bien —
Bill: creo que tendré que mantenerme cerca de ti para que no te lastimes de esa manera... —dijo, tomando mi mano y besándola suavemente, eso me resulto incomodo y algo exagerado pero solo le sonreí forzadamente. — ¡¡Tom!! —lo llamo.
Tom: ¿si? —
Bill: Tommy... te conté lo que sucedió hoy en el Shopping... —dijo y Tom asintió con la cabeza— bueno quiero que sepas que voy a contratar a Alis como mi guardaespaldas personal —soltó con una sonrisa. Tanto Tom como yo lo miramos pasmados. — ¿aceptas Alis?...es tu oportunidad ¿no crees? —
Tom: ¿oportunidad de que? —
Bill: para empezar una nueva vida —me dijo mirándome fijo, yo no sabía como reaccionar— te gustaría trabajar para nosotros...bueno para mí... —
Alis:...
Continuara...
jueves, 21 de noviembre de 2013
The Black Moon -- Resumen
Para Thomas James Marshall, no hay nada más importante en su vida que conseguir dinero y prestigio en los negocios. Con apenas 26 años, logró graduarse de abogado y formar parte de uno de los Estudios de Abogados más importantes del país.
Su vida esta regida por las Leyes. Por la Lógica. Por lo Racional.
Pero esto cambiara cuando en el invierno de 1897, interrumpirá en su vida una mujer de misterioso pasado. Quien le ensañara un mundo oculto que desafiará todo lo que Tom cree.
“— ¿Crees que realmente exista? —le pregunte, en la medida que señalaba el famoso libro que leía.
— ¿Drácula? —se quedo unos instantes pensativa— No todos son monstruos —respondió haciendo una burlona sonrisa.
— ¿Cómo lo sabes? —
Ella sonrió aun más.”
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Undisclosed Desires - Capítulo 8
•• Alis ••
Ver su rostro lesionado, con rastros de sangre ajenos, me hizo recordar porque me había alejado de él y de su mundo...
<< Ya había transcurrido tres años desde que había escapado de mi casa, hasta los 17 deambule por la calle, metiéndome en muchísimos problemas con mis amigos ocasionales, experimentado con cualquier sustancia que me hiciera olvidar como se había vuelto mi vida, una absoluta oscuridad en que no podía salir.
Pero una noche cuando caminaba sin rumbo por las calles de San Francisco, me encontré con Viggo Jordan, un hombre de 30 años aproximadamente, la verdad el tiempo que estuve cerca de él nunca supe su edad verdadera porque siempre lo cambiaba cada vez que le preguntaba pero su apariencia cuidada aunque algo desalineado lo volvía “joven”, de ojos claros, piel pálida y cabellos castaños oscuros. Él se me acerco cuando estaba por cruzar la calle, me hablo ofreciéndome un trabajo, en ese momento no lo escuche pero cuando me dijo que me pagaría por escuchar, me detuvo, me pregunto si me gustaría ganar $500, eso me hizo dudar pero él me entrego un arma cargada y me autorizo a dispararle si él o a cualquiera que intentara aprovecharse de mí, pero solo necesita que vaya con él. Dude por un segundo pero fui con él, llegamos a un edificio abandonado, parado en la puerta, un guardia que al ver a Viggo lo dejo entrar, mientras nos encaminábamos hacia el estacionamiento del edificio empecé a chocarme con personas; que por su apariencia debían de ser de plata; en la medida que mas nos acercábamos más imposible nos resultaba caminar, una multitud rodeaba lo que parecía ser una jaula gigante, cuando pude ver, me di cuanta que allí había dos hombres peleando a puños.
Viggo: ¿aun quieres ganarte los $500? —
Alis: si —
Viggo: entonces gana... —me señalo a una mujer rubia que estaba al otro extremo de la jaula—...ella es lo único que te separa de tu dinero... ¿pelearas?, si lo haces juro que ganaras tanto dinero que... —
Alis: tanto como para comprarme una moto... —complete.
Viggo: todas las que quieras... solo tienes por noquearla, si no quieres el dinero... ¡largarte te aquí! —recuerdo que me dijo y unos matones se me pararon a mis espaldas y empezaban a empujarme amenazadoramente, le dije que si lo haría, no era la primera vez que me metía en una pelea callejera pero nunca me ofrecieron ganar dinero por ello. Esa noche gane mi primera pelea y obtuve mi dinero, pero lo que jamás imagine fue que las peleas se volvieran mi adicción preferida, era mi única forma de exorcizarme toda la rabia y el odio que sentía dentro de mí por la vida que había tenido, no me importo que me lastimaran en el camino. Con Viggo representándome, pelee por unos 3 largos años, durante eso tiempo ganes muchas peleas lo que me posiciono como una de las mejores en la pelea clandestina pero también perdí varias. Cuando ya había pasado mis 20 años, ya no encontraba sentido seguir en el “club de la pelea”, todo aquel odio que llevaba en mi se había desvanecido y me sentía con mas ánimos de empezar una nueva vida, mucho más relajada y normal. Entonces una mañana le renuncie a Viggo, él obvio que se molesto e insistió a que continuara pero yo me negué rotundamente, me amenazo con quitarme todo el dinero pero a mi no me importo darle todo lo que tenía con “comprar” mi vida, sin excusa él me dejo ir, lo único que me dejo fue mi moto, y desde hace 2 años siempre busque a donde pertenecer... >>
Lo miré por un instante más hasta que Rose se acerco para verificar si el “huésped” dormía, en tanto fui a buscar algo a la cocina.
Rose: ¿Qué vas a hacer con eso? —me pregunto al verme regresar con un vaso de agua en la mano.
Alis: lo que estas imaginando... —solté y tire todo el liquido en la cara d e Viggo.
Viggo: ¡¡pero que mierda!! —exhaló sobresaltado mientras se secaba con sus manos su rostro mojado.
Alis: eso mismo digo yo Viggo ¿Qué mierda, haces aquí? ¿Cómo me encontraste? —
Viggo: luego te cuento pero ahora necesito tu ayuda —
Alis: no... —dije decidida, no quiero involucrarme nada con él—...sal de esta casa—
Viggo: es que no entiendes. Richard me esta buscando —soltó desesperado, eso no me era raro, Viggo siempre solía meterse en problemas con Richard, que es el jefe de las peleas clandestinas, algo así como “el padrino” de las riñas callejeras—juro que me matara... —continuo asustado, aquella conversación no podía escucharla Rose, porque se pondría histérica, así que haciéndola creer que era una broma pesada la lleve a su habitación, de modo que tendría pocos minutos para hablar con Viggo.
Cuando por fin pudimos estar a solas, acorrale a Viggo contra la pared.
Viggo: aun no haz perdido fuerza Alison —comentó sonriente.
Alis: pero, que mierda hiciste para que Richard te este buscando —lo empuje.
Viggo: le pedí prestado 300.000 para invertirlo en un nuevo chico pero... —
Alis: ¿Qué paso? —insistí
Viggo: nunca sucedió —
Alis: la malgastaste antes de invertir... —supuse, él no me contesto por lo que era cierto lo que dije— siempre haces lo mismo... —
Viggo: pero esta vez no le devolví a tiempo y ahora me pide medio millón y no tengo el dinero, por eso quiero que me ayudes a juntar la plata, necesito que pelees...3 o 5 luchas, lograremos tener todo... aun eres reconocida y todos te recuerdan y temen, por favor sino yo voy a estar comiendo tierra dentro de poco —me suplico pero eso no era mi problema.
Alis: tendrás que buscar otra forma Viggo de tener la plata, yo estoy retirada y no me vas convencer —
Viggo: por favor hazlo por los viejos tiempos además recuerda que yo te saque de la calle y hice que dejaras todos tus vicios...bueno casi todos porque aun fumas ¿verdad? —
Alis: si, gracias pero no...Busca a otro que te salve el pellejo porque yo ya lo hice mil veces cuando estaba contigo... —le recordé—...vete de mi casa... —le ordené.
Viggo: ok... —se encamino hacia la puerta pero antes de que pudiera cerrarla— pero recuerda...la adrenalina de la lucha esta en tu sangre, algún día volverás a ella —. Se marcho por fin.
Cuando por fin pude relajarme y descansar de aquella inesperada visita, me senté en el sofá y recodé que debía trabajar ese día, me apresure en cambiarme y salir, aunque sabía que llegaría tarde.
En el bar, ya me estaba esperando el gerente, cuando llegue no me dejo que marcara ni tarjeta y me pidió que vaya a hablar con el en su oficina.
Gerente: sta. Raynon, no puedo aceptar la impuntualidad, en este local se apremia a aquellos que son responsables pero usted deja mucho que desear, le informo que no es la primera vez que usted llega tarde, por un tiempo fui tolerante pero ya no, lamento decirle que usted a quedado despedida, mañana podrá cobrar la liquidación total de su sueldo por sus servicios —me dijo con esa absoluta calma que te da mas bronca.
Sin decir nada me largue de allí, me sentía terrible, estaba molesta pero también decepcionada por haber perdido una buena oportunidad de tener una vida normal.
Caminando por la acera, escuche a mi celular sonar, al ver quien era sentí un repentino alivio.
Alis: ...Bill... —suspire su nombre, por alguna razón anhelaba escuchar su voz.
Bill:...
Continuara...
martes, 19 de noviembre de 2013
Encuentro de Ángeles - Capítulo 22
•• Isabella ••
<< Bill... Bill... Bill >>repito en mi mente, no quiero olvidar su nombre. Aunque en realidad eso sería imposible.
•
Luego de revelar nuestros nombres, nos quedamos mirándonos. En su mirada me siento reconocida.
Reconocida, es extraño pensarlo, pero así me hace sentir. Sus ojos me devuelve el mismo cariño que la última vez que nos vimos. Entonces inmediatamente mi mente repaso, como en una película a alta velocidad todas las escenas de esa noche juntos. Recordé su piel, su aroma, la forma de su cuerpo...
— ¿En que piensas? ¿Por qué te sonrojaste? —pregunto Bill sonriente. No supe que excusa decirle, deseaba contarle todo lo que mi mente recordó y mis ganas de revivirlo nuevamente.
— Decirlo sería estúpido —dije, él me miro extrañado.
— ¿Por qué? —
— Porque puedo mostrártelo —hable. Entonces fui directa a sus labios. Lo bese con tanto deseo, que rápidamente me senté en sus piernas. Bill me abrazo por la cintura y me empujo a acercar aun más a él. Puedo sentir su “entusiasmo” creciendo debajo de mi.
Cuando de repente siento una mano en mi hombro, que no es la de Bill. Me aparto y veo a un oficial de la policía, parado frente a nosotros.
— Deben irse sino los arrestare por disturbio en la vía pública —nos dice
— Pero solo nos estamos besando —le reclame.
— Este no es el lugar para ese tipo de besos, señorita —dijo más molesto— quiero sus identificaciones —soltó. Entonces Bill me pidió que me bajase, a lo cual accedí. Escuche como él le pidió al policía hablar en privado, eso me pareció raro. A los minutos Bill volvió.
— Ya lo solucione, no nos levantara cargos pero debemos irnos —conto
— Ésta bien —
Nos tomamos de las manos y caminos hasta la salida del parque de diversiones.
— Deberíamos buscar un lugar, para terminar lo que inicie —le susurre al oído y él me miro de una manera tan sensual que mi corazón dio un salto.
— Estoy sorprendido —
— ¿De qué? —
— Es exactamente lo que estaba pensando —rió. Me tomo de la mano y me hizo girar hasta terminar abrazados. No puedo dejar de sonreír, me siento tan bien, que tengo deseos de no alejarme de él. Me sostengo en su pecho con fuerza, hasta sentir el ritmo de su corazón. Él me respondió de igual forma.
— Quiero irme lejos de aquí —le pedí.
— Entonces, eso es lo que haremos. Tomemos un taxi, un barco, un tren o un avión y vayamos lejos... a un lugar en donde podamos estar juntos —dijo, y vi en su mirar algo más que el entusiasmo. Hay algo que lo preocupa y no me dice. Quise preguntarle pero algo me detuvo, en realidad ver a alguien me dejo sin palabras. — Bella ¿estas bien? —escuche hablar a Bill, pero no le respondí de inmediato porque la mirada de Dylan me estaba aniquilando.
Me solté de su abrazo cuando vi que Dylan se acercaba a nosotros.
— ¡¡Isabella!! —me llamo y me dio un espontaneo abrazo.
— Hola, Dylan —salude sorprendida. Pero él no me soltó, quería decirme algo.
— Así te quería encontrar. En plena acción. No te cansas de revolcarte con cualquiera que se te cruce, supongo que no. Porque ya estas buscando a un idiota para engañar a Víctor —dijo en voz baja y me mostro la mejor de sus sonrisas cínicas, al soltarme. Saludo a Bill y se presento— soy Dylan ¿tú quien eres? Jamás te vi —
— Soy Bill —
— ¿Bill? ¿Nos conocemos? Creo haberte visto en algún lugar —
— ¿Qué quieres Dylan? —intervine, no voy a permitir que él se quede más tiempo con nosotros y lo arruine todo.
— Esa es la manera de tratar a tu guitarrista —exclamo aun más sonriente, sabe que esta quitándome la paciencia.
— Ex —aclare. Me sentí tan triunfante al ver como su sonriso desapareció de repente.
— ¿Ex? ¿Cuándo me expulsaste de la banda? —
— La última vez que hablamos. Bueno, en la que me gritaste y me insultaste de la peor manera. Me quedo bien en claro y a todos que ya no seguías en la banda —dije, Dylan quedo en silencio pero en su mirada se notaba el enojo que sentía.
— No sabía que tienes una banda —medio Bill, que rompió el terrible silencio entre Dylan y yo.
— Isabella le gusta guardar secretos —repuso Dylan, sonriente otra vez. Tenía tantos deseos de mandarlo a la mierda pero no lo haría frente de Bill.
Sentí la mirada de Bill en mí y supongo que noto mi estado.
— Cualidad que adoro, porque eso significa que puedo confiar en ella más que en ninguna persona. Son pocas las personas que aun puede guardar secretos —dijo y le sonrió a Dylan.
— ¡¡Dylan!! —se escucho, inmediatamente identifique la voz de Lion— ¡¡Vámonos!! —soltó en la medida que me saludaba con la mano. Respondí igual.
— Ten cuidado con ella Bill —me señalo Dylan— es una mujer peligrosa —rió ruidosamente. Yo tuve que reírme forzadamente para simular que una broma, pero sabía bien cual era su verdadera intención.
— Descuida Dylan. Bill sabe como tratarme. No como algunos que ni siquiera sabe como tocar a... —pero Dylan me interrumpió en el instante justo en que iba a decir su penoso accidente precoz.
— Adiós Isabella —
No me despedí de él, ni tampoco Bill pero él se quedo mirando.
— Creo que nos debemos una charla ¿verdad? Hay que conocernos mejor —propuso.
— Tienes razón... ay muchas cosas que no sabes de mi y yo no se nada de vos —le decía, pero escuche nuevamente la voz de Dylan, hablar detrás de mi.
— ¡Ah! Isabella, mándale mis saludos a tu novio Víctor —.
Y se fue.
Vi como Bill se ponía terriblemente pálido. Lo llame, quise explicarle pero escuchaba ninguna palabra...
Continuara...
lunes, 18 de noviembre de 2013
Kampf der Liebe - Capítulo 14
En las puertas del hotel, los muchachos se bajaron de sus camionetas blindadas. Entre gritos de sus fans y flashes de cámaras, sus seguidoras esperaban ansiosamente que ellos les dieran sus autógrafos.
Bill y Gustav firmaban apresuradamente, sonreían para las fotos y entraron al hotel. En cambio Georg y Tom se demoraron en firmar, porque a ellos le pedían que les firmen en zonas en donde era difícil hacerlo, como en pechos o en el abdomen o en otras partes que omitiré, Tom pellizco a su amigo.
Georg: ¡¡Ay!!...¿que? —
Tom: esta noche no duermo solo, hay muchas chicas y muy lindas —miro de reojo a una fans, que grito hasta decaer.
Georg: eso no me sorprende ¿ya elegiste una? —
Tom: Si —señalo a una muchacha de largos cabellos negro que estaba al final de la fila.
Georg: Oh…es linda —
Siguieron firmando y pronto llegaron al final.
Tom: deberías hacer lo mismo, aprovecha que estas solito —bromeo
Georg: cállate Tom, si hace días que termine con mi novia de hace meses y ya quieres que ande con otra ¡Estas loco! —
Tom: No…soy racional —dijo, mientras le agarraba la mano a la niña que lo esperaba en la puerta del hotel, ella temblaba como una hoja de papel pero el fue directo al ascensor, Georg decidió esperar al otro ascensor, ya que vio a Tom acorralar a la joven, en besos.
Cuando llegaron a su piso, Tom y la muchacha caminaron hasta la habitación de el, una vez dentro de ella.
Tom: ¿quieres tomar algo? —le ofreció amablemente.
Fans: eh…si…lo que sea —dijo con voz entrecortada por los nervios.
Él se acerco al minibar y le dio un refresco, pero la miro con detenimiento. Eso provoco que ella se sonrojara. Tom acaricio dulcemente el rostro de la joven para tranquilizarla.
Tom: no temas. Estas conmigo. No voy a hacer daño —se acerco más a ella, hasta quedar tan cerca que sentían sus alientos. Entonces en un movimiento rápido y brusco, la joven lo tomo del cuello y lo beso efusivamente. En ese momento, Tom se asusto ante la acción, que lo dejo sin aliento. No estaba acostumbrado que una chica tuviera la iniciativa, siempre era él primero en empezar.
Lo condujo hasta la cama y lo arrojo en ella. Tom la miro impresionado, sin temor la joven se saco su blusa y se acostó en la cama, él la tomo entre sus fuertes brazos. Ella lo acaricio salvajemente, arañándole la espalda. Lo cual sorprendió a Tom, la miro con ojos picaros y respondió igual.
Pronto se deshizo de su ropa y la ayudo a desvestirse también.
Se besaron apasionadamente, sus cuerpos transpiraban lujuria y la oscuridad los envolvió.
Mientras tanto Georg, tocaba la puerta de la recamara de Bill, este lo hizo pasar, al entrar vio como de costumbre toda su ropa revuelta, su maquillaje y elementos por doquier. Como si hubiera pasado un huracán.
Bill le hizo una señal para que se sentara, en tanto él hablaba por teléfono, entonces Georg aprovecho para mirar tv hasta que se desocupe su amigo, sin poder disimular escucho la conversación de su amigo.
Bill: claro…que quiero verlo —hizo un silencio prolongado, se notaba en su rostro una mezcla de felicidad y desconcierto— si me pone muy contento que estés bien…yo igual —y corto. Suspiro profundamente y se sentó en un sillón.
Georg: ¿con quien hablabas? Si es que me quieres contar… —le decía mientras cambia de canal como un desquiciado.
Bill: con Erika —
Georg: ah…y qué quería… —
Bill: me comentaba que se había hecho el primer ultrasonido, y me preguntaba si la extrañaba. Le dijo que si, pero no es verdad… —lo miro desconsolado, sin ganas de nada, solo se limito a decir— a qué viniste Georg —
Georg: acompáñame, vamos a salir por ahí… —le propuso.
Bill: no Georg, te lo agradezco pero no tengo ánimos de nada, quiero estar aquí tranquilo… ¿si? —le dijo casi suplicándole. Su amigo se dio cuenta, le dio una palmada en el hombro y se marcho de la habitación, dejándolo solo a Bill.
Este lentamente camino hasta su cama y se dejo caer, así como sus pensamientos caían en un abismo…
(Pensamiento Bill) “como es posible que cada día que pasa…no la pueda sacar de mi mente, si ella ya me olvido y yo todavia esclavo de su recuerdo…”—suspiro— “soy un miserable…en no querer como quisiera a ese hijo a nacer…pero cada día que crece me recuerda cruelmente lo lejos que estoy de ella, de ella…mi Megan, como puedo pensar eso…no es justo”—
Se quedo dormido, acurrucado abrazando una almohada:
“Al abrir sus ojos, la luz del sol le dio de pleno en su pálido rostro, tuvo que poner su mano para ver mejor y distinguir su habitación
Se levanto y camino hasta la puerta. De pronto escucho una risa conocida que lo hizo vibrar por completo. Abrió la puerta de golpe pero no distinguió a nadie en el pasillo, camino descalzo por el largo corredor hasta una escalera, al bajar noto a su hermano gemelo desayunando.
Bill: hola Tommy ¿Dónde esta el resto? —mirando por todas partes.
Tom: no están aquí tonto, estamos en casa los tres… —dijo— pero yo los dejos solos —lo miro pícaramente— hoy es un día muy especial para ustedes —le guiño un ojo—…adiós hermanito…haz un buen trabajo… —soltó riéndose, entonces se marcho, dejándolo solo como predijo.
Un tanto confundido, Bill se sienta y toma un sorbo de café. En su mente intentaba recordar, cual era esa fecha que decía Tom pero no recordaba cual y que tenía que ver con Erika.
Entonces unas manos se posaron sobre sus ojos, y alguien le habla al oído— Hola…mi Ángel —dijo.
Esa voz lo hizo temblar, con temor le sacos sus manos y se dio vuelta para ver quien era.
Abrió sus ojos, vio el rostro luminoso de Megan, que le sonría dulcemente. Vestida con un vestido blanco, su largo pelo renegrido caía suelto y en su mirada verde, un brillo especial.
Al verla allí parada frente a él, sus ojos se inundaron de lagrimas de felicidad y sus sentimientos reprimidos deseaban por salir todos de una solo vez, eso lo paralizo por completo, pero cambio cuando ella tomo entre sus manos su rostro, entonces él sintió como se desvanecía por dentro. Y vio la oportunidad que jamás tuvo, en un apasionado beso la abrazo fuertemente, no quería que ella se fuera de su lado, el calor de sus cuerpos iba en aumento al igual que su fogosidad.
Desesperados por expresar lo que sentían… se arrancaron violentamente lo que llevaban puesto y sobre la misma mesa desataron su pasión contenida”
— ¡¡¡¡HEY BILL…DESPERTA!!!! —le dijo Gustav, que llevaba su celular en su mano.
— No… —protesto Bill, que se dio vuelta para seguir durmiendo y volver a soñar.
Gustav: ok… —dijo enfadado— no te vuelvo a despertar más, cuando tengas otra pesadilla—.
Bill despertándose, levanto un el dedo le hizo una señal grosera y le ordeno que se marchara, Gustav cerro de un portazo la puerta.
Gustav: oh…cierto —se agarro la cabeza— ¿Hola? ¿Estas allí?... —hablo por su celular.
Una voz conocida le contesto: ¿Qué paso amor? —
Gustav: es Bill que gritaba y gemía. Ya me estaba alterando y lo desperté. Estaba todo transpirado, parecía como si hubiera corrido una maratón —le comento a su novia Helena— como te decía amorcito…te extraño muchísimo…no veo la hora de terminar con este Tour por Latinoamérica para estar juntos otra vez —regresaba a su habitación, cuando se choco con Georg en el pasillo.
Gustav: hey Georg… ¿adonde vas a estas horas? —
Georg: salgo ya que ustedes están ocupados con chicas, yo voy a aprovechar para salir a pasear por allí —
Gustav: pero... ¿Sin guardaespaldas? ¿Sabe David, de lo que vas hacer? —
Georg: no, pero vos no me viste… —lo empujo y lo acorralo contra la pared.
Gustav: ok ok ok…no te vi, ya entendí —solo así Georg lo soltó y siguió su camino por el pasillo hasta desaparecer.
Gustav entro a su recamara, se sentó frente a su lapto y de esa manera se comunicaría con su amada Helena durante toda la noche.
En cambio, Georg caminaba sin rumbo por una calle desolada de la cuidad de México…
Continuara…
Bill y Gustav firmaban apresuradamente, sonreían para las fotos y entraron al hotel. En cambio Georg y Tom se demoraron en firmar, porque a ellos le pedían que les firmen en zonas en donde era difícil hacerlo, como en pechos o en el abdomen o en otras partes que omitiré, Tom pellizco a su amigo.
Georg: ¡¡Ay!!...¿que? —
Tom: esta noche no duermo solo, hay muchas chicas y muy lindas —miro de reojo a una fans, que grito hasta decaer.
Georg: eso no me sorprende ¿ya elegiste una? —
Tom: Si —señalo a una muchacha de largos cabellos negro que estaba al final de la fila.
Georg: Oh…es linda —
Siguieron firmando y pronto llegaron al final.
Tom: deberías hacer lo mismo, aprovecha que estas solito —bromeo
Georg: cállate Tom, si hace días que termine con mi novia de hace meses y ya quieres que ande con otra ¡Estas loco! —
Tom: No…soy racional —dijo, mientras le agarraba la mano a la niña que lo esperaba en la puerta del hotel, ella temblaba como una hoja de papel pero el fue directo al ascensor, Georg decidió esperar al otro ascensor, ya que vio a Tom acorralar a la joven, en besos.
Cuando llegaron a su piso, Tom y la muchacha caminaron hasta la habitación de el, una vez dentro de ella.
Tom: ¿quieres tomar algo? —le ofreció amablemente.
Fans: eh…si…lo que sea —dijo con voz entrecortada por los nervios.
Él se acerco al minibar y le dio un refresco, pero la miro con detenimiento. Eso provoco que ella se sonrojara. Tom acaricio dulcemente el rostro de la joven para tranquilizarla.
Tom: no temas. Estas conmigo. No voy a hacer daño —se acerco más a ella, hasta quedar tan cerca que sentían sus alientos. Entonces en un movimiento rápido y brusco, la joven lo tomo del cuello y lo beso efusivamente. En ese momento, Tom se asusto ante la acción, que lo dejo sin aliento. No estaba acostumbrado que una chica tuviera la iniciativa, siempre era él primero en empezar.
Lo condujo hasta la cama y lo arrojo en ella. Tom la miro impresionado, sin temor la joven se saco su blusa y se acostó en la cama, él la tomo entre sus fuertes brazos. Ella lo acaricio salvajemente, arañándole la espalda. Lo cual sorprendió a Tom, la miro con ojos picaros y respondió igual.
Pronto se deshizo de su ropa y la ayudo a desvestirse también.
Se besaron apasionadamente, sus cuerpos transpiraban lujuria y la oscuridad los envolvió.
Mientras tanto Georg, tocaba la puerta de la recamara de Bill, este lo hizo pasar, al entrar vio como de costumbre toda su ropa revuelta, su maquillaje y elementos por doquier. Como si hubiera pasado un huracán.
Bill le hizo una señal para que se sentara, en tanto él hablaba por teléfono, entonces Georg aprovecho para mirar tv hasta que se desocupe su amigo, sin poder disimular escucho la conversación de su amigo.
Bill: claro…que quiero verlo —hizo un silencio prolongado, se notaba en su rostro una mezcla de felicidad y desconcierto— si me pone muy contento que estés bien…yo igual —y corto. Suspiro profundamente y se sentó en un sillón.
Georg: ¿con quien hablabas? Si es que me quieres contar… —le decía mientras cambia de canal como un desquiciado.
Bill: con Erika —
Georg: ah…y qué quería… —
Bill: me comentaba que se había hecho el primer ultrasonido, y me preguntaba si la extrañaba. Le dijo que si, pero no es verdad… —lo miro desconsolado, sin ganas de nada, solo se limito a decir— a qué viniste Georg —
Georg: acompáñame, vamos a salir por ahí… —le propuso.
Bill: no Georg, te lo agradezco pero no tengo ánimos de nada, quiero estar aquí tranquilo… ¿si? —le dijo casi suplicándole. Su amigo se dio cuenta, le dio una palmada en el hombro y se marcho de la habitación, dejándolo solo a Bill.
Este lentamente camino hasta su cama y se dejo caer, así como sus pensamientos caían en un abismo…
(Pensamiento Bill) “como es posible que cada día que pasa…no la pueda sacar de mi mente, si ella ya me olvido y yo todavia esclavo de su recuerdo…”—suspiro— “soy un miserable…en no querer como quisiera a ese hijo a nacer…pero cada día que crece me recuerda cruelmente lo lejos que estoy de ella, de ella…mi Megan, como puedo pensar eso…no es justo”—
Se quedo dormido, acurrucado abrazando una almohada:
“Al abrir sus ojos, la luz del sol le dio de pleno en su pálido rostro, tuvo que poner su mano para ver mejor y distinguir su habitación
Se levanto y camino hasta la puerta. De pronto escucho una risa conocida que lo hizo vibrar por completo. Abrió la puerta de golpe pero no distinguió a nadie en el pasillo, camino descalzo por el largo corredor hasta una escalera, al bajar noto a su hermano gemelo desayunando.
Bill: hola Tommy ¿Dónde esta el resto? —mirando por todas partes.
Tom: no están aquí tonto, estamos en casa los tres… —dijo— pero yo los dejos solos —lo miro pícaramente— hoy es un día muy especial para ustedes —le guiño un ojo—…adiós hermanito…haz un buen trabajo… —soltó riéndose, entonces se marcho, dejándolo solo como predijo.
Un tanto confundido, Bill se sienta y toma un sorbo de café. En su mente intentaba recordar, cual era esa fecha que decía Tom pero no recordaba cual y que tenía que ver con Erika.
Entonces unas manos se posaron sobre sus ojos, y alguien le habla al oído— Hola…mi Ángel —dijo.
Esa voz lo hizo temblar, con temor le sacos sus manos y se dio vuelta para ver quien era.
Abrió sus ojos, vio el rostro luminoso de Megan, que le sonría dulcemente. Vestida con un vestido blanco, su largo pelo renegrido caía suelto y en su mirada verde, un brillo especial.
Al verla allí parada frente a él, sus ojos se inundaron de lagrimas de felicidad y sus sentimientos reprimidos deseaban por salir todos de una solo vez, eso lo paralizo por completo, pero cambio cuando ella tomo entre sus manos su rostro, entonces él sintió como se desvanecía por dentro. Y vio la oportunidad que jamás tuvo, en un apasionado beso la abrazo fuertemente, no quería que ella se fuera de su lado, el calor de sus cuerpos iba en aumento al igual que su fogosidad.
Desesperados por expresar lo que sentían… se arrancaron violentamente lo que llevaban puesto y sobre la misma mesa desataron su pasión contenida”
— ¡¡¡¡HEY BILL…DESPERTA!!!! —le dijo Gustav, que llevaba su celular en su mano.
— No… —protesto Bill, que se dio vuelta para seguir durmiendo y volver a soñar.
Gustav: ok… —dijo enfadado— no te vuelvo a despertar más, cuando tengas otra pesadilla—.
Bill despertándose, levanto un el dedo le hizo una señal grosera y le ordeno que se marchara, Gustav cerro de un portazo la puerta.
Gustav: oh…cierto —se agarro la cabeza— ¿Hola? ¿Estas allí?... —hablo por su celular.
Una voz conocida le contesto: ¿Qué paso amor? —
Gustav: es Bill que gritaba y gemía. Ya me estaba alterando y lo desperté. Estaba todo transpirado, parecía como si hubiera corrido una maratón —le comento a su novia Helena— como te decía amorcito…te extraño muchísimo…no veo la hora de terminar con este Tour por Latinoamérica para estar juntos otra vez —regresaba a su habitación, cuando se choco con Georg en el pasillo.
Gustav: hey Georg… ¿adonde vas a estas horas? —
Georg: salgo ya que ustedes están ocupados con chicas, yo voy a aprovechar para salir a pasear por allí —
Gustav: pero... ¿Sin guardaespaldas? ¿Sabe David, de lo que vas hacer? —
Georg: no, pero vos no me viste… —lo empujo y lo acorralo contra la pared.
Gustav: ok ok ok…no te vi, ya entendí —solo así Georg lo soltó y siguió su camino por el pasillo hasta desaparecer.
Gustav entro a su recamara, se sentó frente a su lapto y de esa manera se comunicaría con su amada Helena durante toda la noche.
En cambio, Georg caminaba sin rumbo por una calle desolada de la cuidad de México…
Continuara…
sábado, 9 de noviembre de 2013
Dark Love - Capítulo 20
Atrapado...
Acorralado...
Sin Salida...
-... ¡Noooo!...- grite con fuerza en la medida que corría hacia Atkin, la violencia y la ira circulaban por mis venas como lava hirviente...
Tome a Atkin por el cuello, e intente arrastrarlo lejos pero el maldito con sus garras intento herirme el pecho para liberarse. Es fuerte pero no me rendiré...no dejare que él se acerque a Giselle.
Siento el fuego de algo nuevo en mi interior, algo en mi esta transformándose....
Lo arrincono en una esquina, oprima aun más mis manos....Atkin chilla desesperado...sus manos atacan mis brazos y los desgarra con sus garras, mi sangre fluye imparable por mis heridas...siento el bramido de la puerta, ellos se acercan...mi sangre los reclama... pero antes que ellos me acaben yo acabare con el Monstruo.
Suelto una de mis manos y la apoyo en su pecho vacio de vida... pero eso no es lo que busco...no su vida...sino su alma negra....que ella aun vive en él...y será mía....
Con la fuerza otorgada por mi nuevo estado, ataco su pecho...
Atkin grita... y no puedo dejar de sonreír como un enloquecido...
Arranco en un instante la ropa y llego a su pecho, mis dedos se vuelven tan duros y filosos que son como cinco cuchillo...un manotazo...otro....
Su piel se desase y su carne muerta se muestra ante mi... su alma esta cerca... pronto llegare a su corazón...
- ¡¡DETENTE WILLIAM!!...- me grito Lara de pronto, la mire de reojo por unos segundos, no deseaba detenerme, acabaría con Atkin ahora mismo. -...¡¡¡ES MI HERMANO!!! ¡¡DETENTE!!...- me ordeno la mujer que me agarro la mano con que atacaba el pecho de él.
- ¿Qué haces? ¡¡Qué no sabes que él va a matar a Giselle si lo dejo con vida!!...- le reclame, intente liberarme de las manos de Lara pero ella me sostiene con fuerza.
- La...ra...- suplico Atkin, ya casi sin fuerzas.
-...William... te lo suplico, déjalo... Atkin no quiere matar a Giselle...- dijo ella pero no le creí en absoluto, él siempre me confeso su verdadero plan.
- no...Él no es mas que un monstruo...solo se merece la destrucción...- solté enojado, acerque mi boca a su oído-...solo quiero comer tu alma maldito...-susurre.
-...Bill...déjalo... él aun no se merece su destrucción... primero...debe pagar lo que hizo...- escuche detrás de mi, cerré mis ojos al saber de quien venía aquella petición, lentamente abrí mi mano que sostenía el cuello de Atkin, hasta liberarlo.
Retrocedí de Atkin, que rápidamente fue atendido por Lara. Lánguidamente me volví hacia la voz, Giselle me miraba, a pesar de estar sentada aun se notaba su agotamiento, ella me llamo con su cabeza y me acerque, fue entonces que tomo de mis brazos sangrantes y con su ropa los tapo para que dejara de sangrar.
- algún día lo entenderás...- soltó en un susurro, Giselle agobiada termino por apoyarse en mi hombro.
-...no creo que lo entienda, esto tendría que haber terminado hoy...- respondí, pero ella ya no me respondió. Observe como unos hombres entraron a la habitación y se llevaron a Atkin, lo trataban como si fuera una inocente victima, una pobre alma que fue ultrajada por una bestia...
- tienen que irse de aquí... ya no son bienvenido en esta casa...- sentencio Lara. Ella no esperaría a que Giselle cobrara fuerzas, me apresuro para que saliera de allí, de modo que alce a Giselle en mis brazos y salí del cuarto.
Cuando estuve a punto de llegar a la puerta principal. Lara me detuvo.
- lo siento, esto no tendría que haber ocurrido... pero William... ten cuidado, Atkin cuando se recupere intentara deshacerte de ti y hacer suya a Giselle... ten cuidado...- me dijo apresurada y un tanto nerviosa.
Tras cruzar la puerta, vi que el auto ya estaba encendido, Tom estaba dentro de él. Deje a Giselle en el asiento trasero y luego me senté en el asiento del acompañante.
- larguémonos de aquí...- le pedí a mi hermano, que inmediatamente acelero, pronto nos alejamos de la mansión arruinada de Lara, retornábamos hacia la casa del bosque, cuando me di cuenta de la traza de Thomas, estaba sucio, la tierra lo cubría casi por completo.
- ¿a ti que te ocurrió?...- le pregunte, no podía entender porque estaba así, si supuestamente estaba cuidando a... - ¿¿ ¡porque dejaste a Giselle sola!??...- le reclame al recordar. Pero él se mantuvo callado, no quitaba la mirada del camino. Eso no era normal. – Thomas... ¿Qué te ocurrió?...- volví a hablarle, ya me estaba preocupando su actitud.
-...William...- escuche que Giselle me hablo. Me volví hacia ella. -...su cuello...- soltó débilmente. Fue entonces que atine a observar con detenimiento, su cuello estaba manchado con barro pero una extraña cicatriz me hizo dar cuenta de lo peor.
Lleve mis manos hacia mi boca, no podía creerlo... ¿Quién le hizo esto?...
viernes, 8 de noviembre de 2013
Encuentro de Ángeles - Capítulo 21
•• Bill ••
<< Este día será mejor >> me digo a mi mismo, necesito convencerme para sentirme bien.
•
Ver los rostros alegres de los niños que recorren con sus familias el parque, me anima un poco. Deseo sentirme tan bien como ellos, pero hace meses que no logro sentirlo. Desde que Ella...Mi Ángel, desapareció después de amarla, un vacio se instalo en mi alma. No tan solo había perdido su rastro sino también había perdido mi sentido común. No me importaba nada y cometí demasiados errores a los que ahora me arrepiento.
Deambule por las callejuelas del parque, viendo a las personas subirse a diversos juegos, ninguno llamo mi atención hasta que me detuve al frente de un cartel.
“Palacio de Espejos”
Note que solo había tres personas haciendo fila para ingresar, de modo me uní a la fila. Espere unos cuantos minutos antes de cruzar la puerta. Camine lento por un largo pasillo, estaba solo, bueno estaba solo con mi reflejo.
De pronto, el pasillo se cierra frente a mí y se abre una nueva entrada hacia mi izquierda, sin más opción sigo por el nuevo camino, ya que el pasillo de entrada estaba cerrado.
Seguí caminando. Los pasillos se cerraban y se abrían nuevos caminos a cada instante, por un instante me sentí perdido, incluso ya no sabía por cuanto tiempo había estado allí. Veía mi reflejo y los reflejos de otras personas que no estaban conmigo. Se escuchaba algunos gritos de chicas, que llamaban a sus novios o en ocasiones eran risas.
De repente, comencé a sentir que me faltaba el aire, mire mi reflejo en todos los espejos, sentí claustrofobia y mis ganas por salir me desesperan. Tuve que apoyarme en uno de los espejos para resistir, cerré los ojos. Entonces la voz de Ella viene a mi mente, tan suave y dulce, intenta darme consuelo.
— Quisiera volver a verte —murmure mi deseo.
— Estoy contigo —
Abrí los ojos de una vez y mire el espejo.
Quede paralizado, incluso deje que mi boca se abriera por la sorpresa. El reflejo de Ella estaba a mi lado.
<< ¿Será posible? ¿Es real o una alucinación? >>me pregunte.
— Pensé que jamás te volvería a ver —dijo Ella junto con una suave sonrisa, entonces comprendí que en realidad Ella estaba aquí, conmigo. Voltee pero no vi a nadie. Solo veía su reflejo.
Mi garganta es un nudo doloroso, quiero decirle tantas cosas pero no se como.
—Nunca te olvide —confesé. Note como Ella se sonrojaba y bajaba la mirada.
— Yo tampoco —
Esas simples palabras iluminaron mi oscuro corazón, que sentí como mi pecho se expandía de felicidad. Le sonreí ampliamente.
Vi como Ella comenzó a moverse, yo intente seguirla, pero mi pasillo me conducía lejos de Ella y eso no quiero.
— No te vayas —suplique en voz baja.
— Jamás te dejaré —escuche detrás de mí.
Por los nervios, me di media vuelta muy lentamente.
Entonces la vi parada frente, por un instante creí que era un sueño.
— No pude creer tenerte otra vez frente a mí —dijo Ella. Sus ojos castaños se vislumbraban lágrimas de emoción, fue entonces que ya no pude contener mis deseos. Tome sus manos delicadamente y la atraje hacia mí. Y fue Ella la que finalmente busco mis labios.
El sabor y la textura de sus labios eran exactamente como lo recordaba.
Nos abrazamos con más fuerza y nuestro beso se volvió tan intenso que nuestra pasión se reproducía decenas de veces, en los espejos.
La lleve contra uno de los espejos, sentí como acariciaba mi rostro y yo me deleitaba con la suavidad de su piel.
De pronto Ella se quejo y me aparto bruscamente.
— ¿Te lastime? —pregunte preocupado, mientras buscaba con la mirada alguna herida.
— No. Solo que... —camino hacia el pasillo, la seguí en silencio, esperando que Ella volviera a hablar. De pronto vi la salida del juego, la alegría de poder salir a su lado me hizo sonreír, tome su mano. Ella me miro sonriente y entrelazamos nuestros dedos.
Salimos de ese lugar y caminamos, el bullicio de la gente era casi aturdidor pero nosotros creábamos un silencio, que nos apartaba del mundo. Estrechados de la mano caminos hasta unos bancos, Ella se sentó en uno de esos bancos y yo la acompañe.
Quisiera decirle algo pero no se que hablarle, pero Ella soluciono mis dudas.
— No logro entender lo que me sucede contigo, porque nos vimos una sola vez, te ame una vez —dijo suavemente— y desde esa noche ya no pude sacarte de mi mente. Te soñé tantas veces, recordándote...volviendo a vivir las caricias que me diste. Y hoy, en que parte de mi mundo me dio la espalda, vuelves a mí. ¿Crees que sea el destino? ¿Crees que nuestro camino era reencontrarnos? —
— Lo creo fervientemente —conteste y a Ella se le humedecieron sus ojos— porque te veo y te conviertes en la dueña de todos mis deseos —dije y me sonrojo. Jamás había sido tan sincero con alguien que aun no se su nombre.
— Te das cuenta, que nosotros nos hablamos de un amor...sin nombres, es como si... —
— Lo que nos importa es amarnos —complete su frase, Ella asintió con la cabeza y rio— ¿Qué es lo gracioso? —
— Aun no se tu nombre —
— Ni yo el tuyo —
Y ambos reímos por nuestra extraña situación.
— Entonces ¿podrías decirme tu nombre? —pregunto sonriente.
— Me llamo Bill... Kaulitz —
— Soy Isabella Sandoval —se presento, estrechando mi mano.
— Es un gusto conocerte, Bella —
Continuara...
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