martes, 22 de octubre de 2013

Dark Love - Capítulo 1



Observando desde mi ventana, veo el cielo, el color oscuro de las nubes de esta mañana luce tan inquietantes como los pensamientos que fluyen por mi mente.
-Demasiadas ideas debilitan al hombre- juzgaría mi madre si supiera que no dejo de pensar en los hechos que ocurrieron en el día de mi cumpleaños número 21, lo recuerdo con claridad, aquel día tan especial para mí imagine pasarlo tranquilo en la soledad de mi hogar pero mi hermano mayor Thomas me llamo y me pidió que lo visite a su casa, que queda en las afueras de la ciudad.
Admito que le costo mucho a mi hermano convencerme en ir, porque detesto ser interrumpido cuando trabajo en mi libro pero también por el hecho de que me incomoda estar rodeado de personas, pero cuando me entere que me habían preparado una fiesta sorpresa y que se había reunido lo que quedaba de mi familia para festejar mi cumpleaños, termine diciendo que si iría.
Maneje por varías horas, recorriendo en mi auto caminos de polvo y barro para llegar a la preciada residencia de mi familia, en donde vive actualmente Thomas. Estacionando lejos de la entrada, me decidí a caminar y subir la empinada cuesta en donde se erguía la antigua casona, no me detuve hasta que llegue al umbral de la puerta principal, antes de tocar tuve que pensar y ordenar a mi rostro que sonriera porque nunca suelo hacerlo, por el simple hecho de que es innecesario aquella expresión de felicidad cuando jamás tuve el motivo para hacerlo, pero esta ocasión debía ser diferente, era mi cumpleaños, tendría que mostrarme “feliz” en mi día, esbozando lo que creo que es una sonrisa toco la puerta. Esta se abre lenta y ruidosamente, dejando ver del interior la penumbra dominante.
Entre seguro de lo que escucharía, pues tuve que actuar y hacerme el sorprendido cuando escuche de forma apagada las voces de mis ancianos tíos, solo la voz de mi hermano Thomas y de mi madre Katerina resonaron con un poco de más de fuerza, que al unísono dijeron ¡Sorpresa!
- que sorpresa... no me imaginaba...-dije con absoluto sarcasmo a todos pero solo Thomas se rió.
- ¡Feliz Cumpleaños! William...ya eres igual que tu bisabuelo...-me saludo mi tía Gertrudis.
- ¿muerto y en descomposición? –solté con una sonrisa irónica, pero mi tía se mantuvo en silencio y me miro sorprendida por la respuesta.
- ay Willy ¡compórtate!...-me regaño mi madre fríamente cuando se acerco a nosotros-...es tu cumpleaños...-
- eso mismo, es mi cumpleaños y por eso puedo comportarme como quiera...madre...-le retruque con una sonrisa y me aleje de ella, desde la misteriosa muerte de mi padre Alfred, ella se volvió en una extraña para mí y más cuando se opuso a mi carrera como escritor.
Me aleje de todos los invitados y me pare al frente de unos de los grandes ventanales de la sala principal y empecé a observar el paisaje siempre gris, de árboles resecos y minima vegetación.
- siempre haces lo mismo... – empezó a decirme Thomas, en la medida que apoyaba su brazo en mi hombro-... tu humor es tu mejor virtud para acercarte a la gente...- bromeo.
- Thomas...-suspire y fije mis ojos en él-...esto es horrible, no debí haber venido...-dije con sinceridad.
- ¿crees que esto es horrible?...-me pregunto Thomas, inevitablemente mire la escena detrás de él, era de lo más deprimente y desolador, con tan solos 6 invitados que caminaban lenta y silenciosamente por la antigua sala monótona casi vacía de muebles, solo una mesita negra con unos platillos incomible y un pequeño pastel es lo que interrumpe de tanto gris; calcule que entre todos reuníamos casi 400 años, mis únicos familiares eran unos tíos muy ancianos que habían vivido demasiados años como para olvidarse de morir. Los únicos que éramos los más jóvenes en la sala era Thomas de 23 años, mi madre de 50 años que curiosamente se ve mucho más joven de lo que es en realidad, supongo que de tanta cirugía estética; y pues yo, el menor de todos con 21 años; si mis cálculos no están mal mis 3 tíos tienen un promedio de 102 años.

- ¿crees que esto es horrible?- volvió a repetirme mi hermano.
- si...más que cumpleaños esto se parece a un funeral, si nos descuidamos caerá muero alguno...-
- William, no seas irrespetuoso, ellos...-me señalo a los tíos que se habían sentado, cansados de caminar tres pasos seguidos-...vinieron de muy lejos...
- si de la ultratumba...-bromee interrumpiéndolo pero Thomas me miro hostilmente, así que me calle.
- como decía, ellos vinieron de muy lejos solo para verte, tal vez sea su ultimo festejo...- dijo Thomas conmovido.
- desde hace 10 años que decís lo mismo y ellos están mejor que nosotros, seguro que nos enterraran ellos...-comente pero Thomas prefirió no escucharme y siguió su discurso.
- la familia somos nosotros y nadie más...- finalizo secamente, Thomas suele tener buenos sentimientos pero pésimos discursos.
- William... es hora...-me ordenó mi madre, que me sorprendió verla cambiada, ya no lucia en su habitual vestido negro sino que ahora vestía un estridente vestido rojo carmesí.
- vamos...- me incentivo a moverme Thomas con una palmada en el hombro. Mientras nos encaminaba hacia la mesita negra, mis tíos a su paso lento se ponían en posición alrededor de la mesa, en tanto Katerina encendía la chimenea que daba justamente a mis espaldas, trayendo una vara con una débil flama encendió la vela negra de mi pastel, entonces los invitados comenzaron a cantarme desafinadamente, con una sonrisa falsa los mire, pedí los acostumbrados 3 deseos y apague aquella llama.
- ¡¡Feliz Cumpleaños!!...- me saludo inmediatamente mi madre que me planto un gran beso en la comisura de los labios, eso me dejo impactado al igual que los demás invitados que la miraron repugnantemente a Katerina, que empezó a sonreír desquiciadamente mientras se alejaba de todos.
De pronto, un apagón de luz, que incluso el fuego de la chimenea se fue, mis ojos intentaban mirar a través de la oscuridad pero no lograba divisar nada, tenía un mal presentimiento, de repente, la sala se encendió a la luz de una gran y sola llamarada azul proveniente de la chimenea que me dejo ver a mi madre frente de mí, su rostro era irreconocible, un moco pútrido supuraba de cada centímetro de lo que era su piel, que se mezclaba con la sangre formando una mezcla tan horrenda que era imposible respirar por su pestilente olor, pero sus ojos inyectados de sangre me miraban fijamente y me mataban del horror.
Intente de correr pero me di cuanta que estaba amarrado por la flama azul, estaba sin escapatoria, entonces aquel monstruo pronuncio lo que parecía un conjuro, solo distinguí – lo más valioso es mío...-.
Lo que ocurrió despues fue espantoso, una llama azul me atravesó como filosa espada mi pecho, grite con fuerza pero nada ni nadie lo detuvo, aquella flama que quito algo que no se que era, solo que cuando termino me arrojo como desecho, adolorido observe como la misma llama azul sostenía una luz dorada que había sacado de mí y se lo colocaba en el monstruo de mi madre, entonces eso la convirtió en lo que era antes, una bella mujer, tan joven como lo era yo. Pero esa misma flama que me había quitado la luz dorada también tenía otra luz, una luz blanca que la llevo hasta el centro de la chimenea y desapareció con ella. Produciéndose nuevamente un apagón de luz, instante en que me desmaye.

Cuando abrí los ojos nuevamente, vi a todos mis tíos reunidos alrededor de mí, mire hacia mi derecha y estaba Thomas que me sonreía, mire a mí alrededor y Katerina estaba allí, pero no era un monstruo ni nada solo me miraba.
- ¿vas a apagar las velas?- me pregunto mi madre con calma, entonces las apague con cierto temor, no sabía si lo ocurrido era una premonición “diabólica” o solo una fantasía de mi mente retorcida, cuando termine de apagar las velas, espere ansioso aquel beso y el apagón...
Pero nada de eso ocurrio, solo me felicitaron y me entregaron mis regalos.

Pero desde ese día siempre me pregunte si lo que viví era real o no, no pasa día en que piense en eso. Pero lo que si puedo estar seguro es que ya no soy el mismo...
Más, desde que descubrí que ya no envejezco...

Continuara...

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