jueves, 31 de octubre de 2013

Encuentro de Ángeles - Capítulo 19


Capítulo 19

• Lauren •

Su inesperado llamado me puso la piel como gallina. Me sentía tan nerviosa que no sabía como actuar, porque Georg me miraba constantemente.
Lo único que podía hacer era salir de esa horrenda fiesta, que me trajo Hank.

— Me voy —le dije directamente. No voy a perder el tiempo con ellos, si puedo estar con Bill. Les di un beso a ambos e intente salir lo más rápido de la casa. No me detengo ante el pedido de Hank.

Una vez que logre llegar a la vereda, miro a mí alrededor. Sé que él esta cerca, pero no lo veo y me desespero. Saco a toda prisa mi celular y marco a su celular.

— ¿En donde estas? —le pregunto de inmediato.

— Te estoy viendo —me responde.

Entonces cuelgo y miro hacia la derecha. A pesar de que hay varias personas en la esquina, logro divisarlo. Sonrió al notar cuan diferente es del resto, nadie se le puede comparar. Sin fijarme en otra cosa que no sea él, corro hacia donde esta.

— Hay que irnos pronto —solté.

Tomándome de la mano, corremos lejos de allí. Mientras corremos hacia algún taxi, no puedo deja de sonreír, amo la sensación de peligro, el ser descubiertos.

Tan pronto vemos un taxi, Bill lo detiene y nos subimos en el.

— Pensé que no... Ibas a... —intentaba hablarle, pero me costaba controlar la respiración.
— No hables —pidió.

Se mantenía serio, pensativo tal vez.
El taxista pidió una dirección y Bill respondió. Entonces nos pusimos en marcha, hacia un lugar que no conozco.
Durante el camino, no me atrevía a hablarle, presentía que si lo hacía él se molestaría. Por lo que opte por incitarlo a jugar. Lo mire, de la misma forma que lo hice con el rubio durante la fiesta. Esta técnica nunca suele fallarme.
A excepción de ahora. No importase como lo mirase o el tipo de caricia le hiciera con mis manos. Bill no reaccionaba.

— Bill —murmure en su oído. Per lo único que él hizo fue ladear la cabeza hacia el otro lado. Jamás me sentí tan frustrada como en ese momento. Me aleje lo más que pude de él y cruce los brazos molesta.

De pronto, el auto se detuvo y Bill bajo de inmediato, lo seguí. Una vez que pago el servicio. Él volvió a ser el mismo.
Rodeo mi cintura con su brazo y dándome un pequeño beso en la cien, comenzamos a caminar hacia la entrada de un lujoso hotel.

En la recepción pidió una habitación y con la tarjeta en mano, ingresamos a un ascensor para nuestro piso.

Seguimos en silencio, eso me resulta extraño. Porque Bill suele hablar demasiado, en ocasiones. Pero ahora se mantuvo callado y serio. Algo le ocurre.

— ¿Cuál es nuestro número? —le pregunte curiosa. Él no me respondió, solo me entrego la tarjera— La 52 —nombre decepcionada.

Al llegar ante la puerta, la abrí y ambos entramos. Deje a un lado mi bolso y me abrigo. El hizo lo mismo con el suyo. Bill saco una botellita de licor del mini bar y se encamino hacia la cama. En cambio, me dirigí hasta el baño. Necesitaba sacarme el vestido y colocarme la prenda que había comprado para él.
Arregle mi cabello y mi maquillaje, hasta quedar perfecta. Cuando salí del baño y llegue a la cama, vi a Bill recostado fumando y con 3 frascos vacios de licor a su lado.

— ¿Tienes ganas de jugar? —dije, me mordí los labios. Pero él no me estaba mirando. Eso me enfado. — Me puedes decir qué es lo que te pasa, no eres el mismo —solté, cruzando nuevamente los brazos. Impaciente.
— Nada, de lo que a ti te importe —me contesto fríamente.

Se levanto de la cama. Dejo el licor en la mesa de luz y vino hacia mí.
Me tomo de la cintura con sus manos y me arrojo a la cama. Sonreí excitada, adoraba su pasión. Sin perder tiempo, él se acerco a mí para envolverme en sus brazos, cerré los ojos cuando ataco mi cuello con sus besos.




• Bill •

La ciudad de Nueva York luce tan hermosa esta noche, tan seductora como siempre. Debería sentir lo mismo de Lauren pero no logro sentirlo.

Dejo de mirar la ciudad a través de la ventana y vuelvo mi mirada hacia la cama, allí Lauren descansa, agotada de nuestro encuentro.

Cualquier hombre se enamoraría al verla en la perfección de su desnudez. Pero yo no logro hacerlo, no logró conectarme a ella, es como si Lauren estuviera vacía... o tal vez sea yo el que ésta vacio y ella no logra llenar ese lugar.

Me siento en uno de los sillones que esta al frente de la cama y continúo observándola.

— Tal vez, ya me aburrí de ti —murmuro. Sonrió al darme cuenta de lo poco que vales para mí.


De repente vino a mi mente, la imagen de la mujer que me quita el sueño. Es una figura difusa, apenas puedo distinguir su cabello negro, pero de todas formas sé quien es ella, aunque no sepa siquiera su nombre.
Cada vez que sueño, ella aparece...quiero alcanzarla pero nunca logro hacerlo y me desespero. Jamás desee tanto por estar con alguien, como siento cuando la veo.
Más de una vez maldije esos sueños, porque me tortura tanto no poder tenerla a mi lado, que quise no volver a dormir. Pero inmediatamente me arrepiento, porque al soñar es la única forma que puede verla, estar por un momento con Ella. Una mujer tan diferente a Lauren.


Enciendo un cigarro y lo fumo hasta terminarlo. Me levanto del sillón y busco mi ropa. No quiero estar presente cuando Lauren se despierte. Termino de vestirme y salgo de la habitación.
Me despido de los empleados del lobby del hotel, para salir a la calle. Aun ésta oscuro pero sé que pronto amanecerá.
Comienzo a caminar sin una dirección fija.

Respiro profundamente el aire frio de la mañana.

Me siento tan perdido, que e ocasiones me pregunto:

¿Cuándo me perdí a mi mismo?
¿Cuando deje de creer en el amor?
¿Por qué siento un vacio en mi corazón?
¿Por qué me empeñe con Lauren?

Esas preguntas, no las podía responder.

— Necesito relajarme —me dije a mi mismo. No cuanto tiempo camine, pero me detuve al ver un anuncio.

“¡¡Gran Inauguración del Parque del Sol!!
El mayor parque de diversiones de Nueva York abría sus puertas de forma gratuita el.... “

— Perfecto —murmure sonriente. Algo dentro de mí me decía que debía ir a ese lugar.


Continuara...

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