jueves, 24 de octubre de 2013

Dark Love - Capítulo 4


Aquella pregunta quedo suspendida en el aire en la tensión entre ambos, una extraña agitación sufrió mi cuerpo por la ansiedad de tener un desconocido en mi estudio. Aquel hombre que tenía delante de mis ojos, de facciones refinadas y delicadas aun así masculinas, sonreía complacido por algo que no sabía.
Sutilmente se puso de pie y camino hacia mí, de inmediato me di cuenta que era tan alto como yo, aproximadamente 1; 90 de altura, no se detuvo hasta quedar frente a mí, su mirada de cambiante color se intercalo entre mi y unas hojas en su mano.

- Me presento...- alzo su mano desocupada y la extendió a mi-...me llamo Atkin Bonnet, e venido ante usted para agradecerle...señor... ¿cual es su nombre?- me pregunto respetuosamente, pero era yo quien no podía contestarle, me era imposible pensar quien tenía al frente mío era el cadáver que Thomas había desenterrado hacia algunas noches atrás. Ahora absolutamente restituido.
– lamento la intromisión pero no me dejo otra alternativa que forzar la puerta para ingresar, pero necesitaba hablar con usted, ya que fue quien me trajo de regreso a la vida...aun considero que usted caballero advirtió que estaba muerto cuando me desenterró...-dijo riéndose por la ironía. Moviéndose con absolutamente elegancia volvió hacia mi asiento. – temo que usted me tiene miedo...-
- no como cree...-solté por fin, pero mentí estaba aterrado en verdad-... ¿Cómo...usted...volvió...a...estar así?- tartamudee nervioso.
- es usted un hombre de pocas palabras para ser un escritor...me tome el atrevimiento de leer unas cuantas hojas mientras lo esperaba, mi buen amigo tiene talento pero considero que plasmar a un vampiro desapasionado es una injuria y una desvergüenza, eso quiere decir que no los conoce en verdad o que usted sufre de esos males...-repuso Atkin con discreción.
- Señor Bonnet, usted no esta calificado para realizar una crítica a mi trabajo...-dije intento de ser igualmente caballeroso y no darle una paliza en ese instante porque me enfada que alguna persona viva o muerta me diga que soy un desapasionado.
- lamento herir su ego... pero eso fue lo que note al leer su escrito...un amor sin pasión, pero me doy cuenta que por el color rosado de sus mejillas usted esta molesto...-repentinamente se acerco a mi hasta el punto de tenerlo a unos centímetros de mi rostro, note que respiraba profundamente y cerraba los ojos, yo en cambio no sabia que hacer porque me quede paralizado. -...su sangre corre vertiginosamente por sus venas...-hablo Atkin e inmediatamente note sus colmillos creciendo y brillar por encima de sus labios. – estas asustado...tu corazón late con rapidez, respiro volar el aroma de tu dulce sangre...- dijo satisfecho en la medida que se alejaba lentamente y se relamía los labios.
- ¿me mataras como el resto?- dije pensando que esas serian mis ultimas palabras, sin que se diera cuenta busque la puerta para salir corriendo si era necesario.
- ¿el resto?...ah... cierto el resto, ellos tenían algo que me pertenecía... pero porque crees que los mate, ya que me estas acusando de ser un criminal-
- no te niegues, lo hiciste para obtener su sangre sino que otro motivo tendrías para asesinar a esos inocentes humanos...vampiro...-solté, aunque sabia que semejante acusación podría condenarme.
Pero el comenzó a reír sonoramente, lo que me desubico.
- me descubriste...-sonrió macabramente-...niño...la sangre no es lo único que le puede interesar a un vampiro...-dijo grave y se abalanzo a mi, tomándome del cuello con una sola mano lo presiono y me levanto del piso, desesperado intente de alejarlo pero era muy fuerte, sentí el dolor cortarme cada fibra de mi cuello hasta que el oxigeno fallo, pero mis ojos seguían mirando a Atkin, pero vi algo en él que hizo dentarlo y me soltó.
- ¿Qué eres?....-me pregunto agitado Atkin mientras se arrodillaba donde estaba-... ¿que eres? ¿Quién eres?...-repitió abrumado. No se a que se refiere lo único que me importa es recuperar mi respiración, toser y llorar es lo que mi cuerpo hace para rogar una gota de oxigeno. Cuanto más me tardaba mas agobiado lucia Atkin.
- me sorprendiste...no eres lo que pensaba escritor, eres algo único...no eres como el resto de los humanos...si es lo que eres-soltó suspicaz-...pero necesito tu ayuda... no necesito sangre humana, lo que quiero es volver a beber la deliciosa y perfecta sangre de ángel... –
- ¿de que estas hablando?... sangre de ángel, como pretendes que te ayude...si apenas se de tu existencia...-dije roncamente cuando el aire pudo pasar a mis pulmones.
- escritor...no te subestimes... eres un hijo de la oscuridad... esta en tu naturaleza identificar a los ángeles y serás tu quien me lleve a ellos...-hablo Atkin, sus ojos se abrían inyectados de sangre.
- lo lamento pero yo no puedo ayudarte en lo que quieres...-dije sinceramente pero dudo que él vaya a creer eso.
- esta bien... no te presionare....-dijo Atkin y eso me sorprendió-...pero quiero que sepas que cada día que pase...un absurdo humano morirá por tu culpa hasta que seas capaz de llevarme ante un ángel...-amenazo, entonces antes mis ojos él desapareció como en una neblina.

Mire a mi alrededor, todo estaba calmo y quieto como si aquel encuentro nunca hubiera existido, me puse de pie lentamente camine hasta mi escritorio y busque un espejo, cuando por fin lo tuve en mano mire si en mi cuello había alguna marca y si lo había...rojizas quemaduras se extendían en mi piel blanca en forma de largos dedos rodeando mi cuello.
- ¿Quién me va a creer? Que estuve en mi estudio con un vampiro que incluso que amenazo con matar si yo no lo guiaba hacia un ángel... ¿ángel? ¿Qué acaso existen? Aunque si él lo dijo capaz que si sea cierto...ay no puede ser...estoy hablando solo...-me dije suspirando preocupado, no cabía duda que ya había enloquecido, por mi bien decidí no pensar mas eso y no contarle a nadie para que no se preocupe y tengan el deseo de mandarme a un manicomio. Deje el espejo en mi escritorio y salí del estudio con dirección a mi alcoba, necesitaba colocarme algo en el cuello para que nadie vea mis marcas.
La casa permanecía en absoluto silencio para lograr escuchar cualquier sonido que me diera el indicio de que él había regresado. De pronto el sonido de mi celular me hizo saltar de un susto. Maldije cuando note que me llamaba Ivete, la directora de la editorial en donde trabajo.
- ¡Ivete! Que gusto es escucharte...-mentí.
- lo mismo digo...pero que haces en casa todavía, que acaso te olvidaste que tienes una reunión conmigo en 10 minutos...-me regaño, la verdad que me había olvidado por completo y todo por culpa de esa visita.
- estaré allí muy pronto...-volví a mentir, jamás llegaría a horario con el trafico del medio día.
- llega a tiempo a tu regreso a la editorial- soltó cortante y me corto la llamada, cuando termine de vestirme regrese sobre mis pasos hasta el estudio y tome mi mano escrito sin terminar.
Conduje en mi auto hasta la editorial, obviamente no llegue a horario pero igual me recibió Ivete en su oficina.

- William... ¿Por qué te gusta hacerme enojar?...te dí tres meses de plazo para que termines el libro y ahora me dices que aun no lo culminas...-resoplo molesta Ivete.
- te pedí mas tiempo pero vos me presionas que termine un libro de 800 hojas en 5 meses, eso es imposible para mi...-le retruque, me cansaba como ella pretenda retorcerme el cerebro creando y que sea una obra de arte.
- es el tiempo suficiente...-
- no Ivete... quiero más tiempo...-
Ivete se hecho a reír sarcásticamente-... Zuria...-llamo a su secretaria-...que te de mas tiempo...eso no...-
- quiero que me des 3 meses más...- exigí.
- no... ¡Zuria!...-volvió a llamar a su secretaría que no la escuchaba.
- dame ese tiempo...si quieres leer algo verdaderamente bueno...-
- No William... ¡¡¡ZURIA!!!...-grito enojada, entonces fue cuando ella entro a la oficina.
- lo siento Sra. Ivete, pero estaba ocupada con los llamados...- se disculpo con su jefa. Pero cuando me vio me sonrió amable.
- no me interesa si estas ocupada, cuando te hable ven aquí conmigo inmediatamente... tráeme un antiácido que William me saco una ulcera con sus pedidos...- le ordeno Ivete, la muchacha salio casi corriendo de la oficina.
- esa ulcera desaparecerá cuando me des el plazo de 3 meses... es lo único que te pido...sino esta será la ultima vez que me veas...-amenace, eso produzco que Ivete levantara su ceja, su única señal de preocupación, estaba a punto de hablar cuando entro Zuria, algo despeinada y agitada, en mano lo que le pedía Ivete.
- Siento la tardanza pero acaba de...-empezó a decir Zuria pero Ivete la interrumpió con su mano ordenando que se callará.
- deja todo y desde ahora dejaras de trabajar para mí, esta despedida...-soltó fríamente, note el malestar de Zuria.
- yo quiero que ella sea mi asistente...-le pedí a Ivete, que sin modificar su cara de amargura dio la orden que así sea. – Quiero mis tres meses...-insistí.
- esta bien William, tomate 3 meses mas...-dijo renegando y nos pidió a ambos saliéramos de su oficina.
- descuida Zuria, no soy tan malo como jefe...-le dije una vez que salimos, ella me sonrío ampliamente y me abrazo inesperadamente, la verdad que no estoy acostumbrado a las demostraciones de afecto.
- muchísimas gracias Sr. Trümper...es usted muy amable, no sabe...me voy a esforzar muchísimo...seré la mejor asistente...-dijo tartamudeando por los nervios y felicidad Zuria que volvió a abrazarme.
- ya es suficiente...-dije incomodo- entonces ella me soltó-...y llámame William, es mejor que Sr. Trümper me hace sentir viejo...- sonreí, cuando se aparto vi el tumulto en la oficina, varias personas rodeaban a alguien que intentaba caminar.
- ¿Qué sucede? – pregunte a mi nueva asistente.
- llego Giselle Houtman...- dijo Zuria extrañamente entusiasmada.
- ¿Quién?- pregunte pero ella me miro sorprendida por mi ignorancia- ¿Qué la conoces?-
- claro que si William, ella es una de las mejores escritoras de Londres, adoro leer sus libros, renovó y reinvento el romance gótico...-dijo Zuria con admiración.
- wow... ¿Qué es romance gótico?...-pregunte, ese termino nunca lo había escuchado y eso de “renovó” “sus libros” me hacía pensar en una anciana desquiciada pero entonces la multitud se disperso y logre ver a esa tal Giselle Houtman, era una joven casi de mi misma edad, de sonrisa amable y brillantes ojos verdes.
- ¡¡ZURIA!!...-dijo Giselle entusiasmada, corrió hacia ella y ambas se dieron un afectuoso abrazo.
- te presento a William, mi nuevo jefe... William ella es Gisel mi amiga...- nos presento Zuria.
- es un placer conocerte William Trümper...-dijo Gisel amable y extendió su mano que la estreche con cuidado.
- no sabía que me conocías...-dije admirado, había algo en su rostro que me reconfortaba.
- claro que conozco tus libros, mi prometido enseña literatura y utiliza tus obras en sus clases...-aclaro Gisel con una sonrisa pero yo no lograba hacer lo mismo, solo me quedaba pensando en lo afortunado de su prometido y lo desafortunado de no haberla conocido antes...

Continuara...


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