jueves, 31 de octubre de 2013
Kampf der Liebe - Capítulo 13 (Parte 1)
Luego del alboroto, de las patrullas y la ambulancia de la noche anterior.
Las tres mujeres pudieron estar un poco más tranquilas aunque no lo suficiente.
La mayor de ellas cocinaba algo liviano, para llevar. En vano fueron sus esfuerzos para no llorar, pero al final se sentó en una silla por la zozobra.
Tía Dalma: ¿Por qué lo vas a hacer? —le pregunto a la menor de sus sobrinas, que iba y venía por el living, hablando por celular.
Megan: es para protegerlas —contesto y continuo hablando por celular, tenía que arreglar hasta el último detalle.
Heidi en cambio era la única que no demostraba ningún sentimiento en particular, estaba concentrada viendo la TV en el sofá, su hermana se sentó a su lado y en un movimiento rápido le quito el control remoto.
Heidi: ¡¡hey!!...estaba viendo eso —reclamo
Megan: ya no… —cambio de canal— quiero saber como va a estar el clima en… —sonó otra vez se celular.
Heidi: ¡¡¡ay!!!...esa musiquita, que no tienes otra cosa que no sea de Tokio Hotel —dijo mientras volvía a cambiar de canal.
Megan: jamás lo voy a cambiar —le saco la lengua y atendió la llamada.
Tía Dalma: ¿A qué hora sale tu vuelo? —pregunto, que ya había terminado de cocinar.
Megan: a las 11 —contesto
Tía Dalma: estas segura de irte, porque puedo ir contigo para hacerte compañía y cuidarte, en esa cuidad —
Megan: no hace falta, es mejor que vaya sola, de esa forma voy a saber que ustedes están bien, ella me quiere a mí, no a ustedes —le sonrió, aunque ella sabía bien que eso no era la única razón de ese viaje, también quería alejarse de todo recuerdo que le había hecho sufrir, más que nada alejarse del recuerdo de Bill.
Tía Dalma: y con más razón Meg, si ella te busca, te va a encontrar sola, es una locura lo que intentas hacer-dijo indignada.
Megan: ya es una decisión tomada, no voy a cambiar, me marcho sola a Londres —dijo firmemente
Tía Dalma: ah…eres tan terca como tu madre, cuando se le mete algo en la cabeza ni Díos puede cambiarte de pensar lo contrario —exclamo enojada.
Megan: si —sonrió— voy a bajar las maletas…Heidi ¿me ayudas? —
Heidi: ok, ahí voy —
En la habitación de Megan…
Heidi: no me engañas Meg, te conozco. Este circo del viaje es para huir —
Megan: no estoy huyendo, no soy cobarde —dijo débilmente— lo hago por ustedes, para protegerlas de esa loca que me persigue —
Heidi: ¿solo por eso? —cuestiono— o también es por Bill —
Un profundo suspiro salio del cuerpo de Megan.
Megan: también —dijo.
Heidi: es obvio, este viaje es más por él —agarro una maleta— ustedes eran algo más que buenos amigos, se notaba. Hasta llegue a pensar que eran novios, cuando me contaste que te había besado y que sentiste esa extraña sensación en el estomago, me dije ha esta enamorada… —
Megan: aun lo estoy pero… —
Heidi: él no… ¿verdad? —
Megan: No…creo que no, así que este viaje me tiene que servir para olvidarlo —
Heidi: mmm…puede ser —dijo con incredulidad.
Las dos bajaron con las maletas, pronto llego la hora para ir al aeropuerto, llamaron a un taxi, que las condujo hasta allí. Al llegar Megan se dio cuenta de que no le había avisado a Helena ni a nadie del viaje y se lamentaba por eso. Pero ya no había tiempo, el avión ya había arribado y llamaba por los altavoces a la tripulación para abordarlo. Con mucho dolor y tristeza se despidieron Heidi y su tía de ella pero ya era tiempo de partir.
Cuando pudo sentarse en su asiento y acodarse, percibió que una persona ocupaba el asiento de al lado, ella se concentraba en mirar por la ventanilla, hasta que una mano extendida frente a ella la asusto. Se dio vuelta para observar de quien se trataba…era un joven rubio, de piel pálida, con una graciosa sonrisa la saludaba.
— Hola…soy Edward —contesto el joven de voz profunda y particularmente seductora.
— Hola —estrecho su mano— me llamo Megan —dijo
Edward: un gusto —le sonrío encantadoramente— ¿Qué vas a hacer a Londres? —
Megan: voy a buscar trabajo ¿tú que vas a hacer allá? —
Edward: voy de regreso, extraño a mi familia —
Megan: ah…que bien… —
Edward: a mis padre —aclaro rápidamente— no estoy de novio…con nadie… —al finalizar la frase se sonrojó por la vergüenza— perdón no se porque te lo dije… —
Megan: esta bien —RIÓ— yo tampoco… —de pronto la imagen de Bill vino a su mente—…no tengo novio —contesto.
Edward: oh…genial… —la miro con sus ojos castaños— es lindo ser soltero, podes hacer lo que quieras —bromeo.
Megan: si…claro, además no tienes que dar explicación a nadie… ¿verdad? —
Edward: exacto —le sonrío— y… ¿Cuántos años tienes? —
Megan: casi 19 y ¿tú? —
Edward: ya soy un anciano…no es cierto, tengo 24 años —
Ambos conversaron durante todo el tiempo que duro el viaje, entre bromas…charlaron de todo un poco como de música, deportes, de sus familias y por que se encontraban en Alemania, entre otras cosas, dándose la oportunidad de conocerse mejor. Al llegar a Londres, los sorprendió la lluvia…y para no empaparse durante la caminata hacia el puesto de autobús, decidieron compartir el mismo taxi, ella se bajo primero pero antes de despedirse de Ed intercambiaron sus números de celular.
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