miércoles, 23 de octubre de 2013
Dark Love - Capítulo 3
En ocasiones uno olvida pequeños sucesos de la infancia que terminan definiendo lo que eres por el resto de tu vida, para bien o mal.
Los principales responsables de lo que soy hoy...son mis padres, seres fuera de lo normal, muchas ocasiones deseé que fueran como los papas o mamas de mis compañeros del colegio que solían trabajar y pasar parte de su tiempo con sus hijos, entre otras cosas que son normales para el resto del mundo pero para mí era algo extraordinario, porque comparado con mis padres, eso llamado “normal” era lo extraño. Porque mi madre Katerina era una aficionada de las artes oscuras, solía preparar en la cocina las pociones que le indicaba un viejo libro; muchos la señalaron de bruja o de loca pero eso a ella no le importaba, porque solía decirme que cuando uno ama lo que hace ninguna critica le afectaba, por eso mismo quiso transmitirme su amor hacia lo oculto pero cuando lo rechacé y le dije que mi deseo era estudiar y convertirme en escritor, ella cambio absolutamente conmigo, utilizo todas sus artimañas para convencerme de que desistiera con la idea de lo que quería ser.
Con respecto a mi padre Alfred, no tengo mucho que reprocharle porque él casi nunca estuvo conmigo, él vivía envuelto en sus adicciones como fumar tabaco negro, mantener su colección de criaturas no nacidas y por supuesto el alcohol. Solo sabía verlo cuando salía de su oficina que estaba en el sótano de la casa, cuando su proveedor le conseguía un nuevo “espécimen” para su colección. Aun recuerdo su reacción cuando le dije sobre mi deseo de volverme escritor, por única vez me abrazo alegre y me dijo que nunca fuera como mi madre, debía ser lo que quisiera.
Eso me alentó a perseguir lo que amaba...que era escribir, todas las mañanas escribía algo nuevo y se lo leía. Pero un día cuando baje a leerle mi nueva creación lo encontré a él tirado sobre el piso, corrí a verlo asustado y llore desesperado cuando me di cuanta que estaba muerto, yo solo tenía 9 años.
Desde aquel momento decidí no dejar de escribir, porque lo haría para que él este orgullo en donde quiera que este.
Como todos los años en su aniversario recito mi último escrito sobre su tumba.
- no deberías hacer eso... Alfred siempre tuvo mal gusto...-escuche detrás de mí, al darme media vuelta, vi a la dueña de esa voz.
- hola madre, que gusto verte...-solté sarcástico en la medida que me ponía de pie. Me molestaba encontrarme con ella en el único lugar donde sentía algo de cariño, aunque sea de un muerto.
- ¿Por qué pierdes tu tiempo viniendo a ver un cadáver que se pudre en la tierra en vez de estar disfrutando de la vida?...-me dijo Katerina con una sonrisa torcida mientras se acercaba a mi-... disfrutar de la juventud...-apoyo una mano en mi hombro y con la otra rozaba mi rostro-...no lo vez William, mi niño... eres joven y sumamente hermoso, tu piel es radiante...llena de vida, sin ninguna imperfección sin ninguna arruga o mancha que arruine tu perlada apariencia...-
- eso desaparecerá con los años...- solté inmediatamente alejándome de ella y sus extrañas caricias hacia mí. Pero me sorprendió su inesperada risa como respuesta.
- los años...el tiempo...créeme que eso jamás te afectará, tú serás joven por siempre...-soltó encantada, parecía estar contenta con aquello que me dijo yo en cambio palidecía en silencio, entonces sin despedirse se marcho perdiéndose entre los monumentos del cementerio.
Sostenido por mis pensamientos, regrese ante la lapida de mi padre.
- ¿Por qué te enamoraste de la demente de mi madre?...-dije sabiendo que no obtendría una respuesta.
- porque el amor no tiene una explicación cuando lo sentís...-
- por eso no voy a enamorarme...-le respondí-...llegaste tarde Thomas... ella acaba de estar aquí...- le aclare a mi hermano.
- ¿Quién?- soltó distraído.
- ¿Cómo que quien?... nuestra madre quien más, creo que ya enloqueció del todo...- opine.
- eso no sería novedad...- respondió Thomas de lo más serio, ambos nos quedamos en silencio mirando la tumba de nuestro padre hasta que el mismo interrumpió aquella paz-...pero dime Will, ¿Quién de nuestra familia no es loco?...-juzgo mirándome atentamente-...tal vez tú eres lo más parecido a lo normal pero resto de la familia esta en la absoluta locura...incluso yo- dijo intentando de bromear en aquel lugar.
- Tom... para mí no eres un demente, solo que tienes gustos excéntrico...como desenterrar cadáveres...-me burle pero me valió un golpe en el hombro, que me hizo tambalear, con algo parecido a una sonrisa en nuestros labios, salimos del cementerio, al llegar al extremo de esa calle me llamo la atención el titular de un diario arrojado al suelo, lo levante y lo leía rápidamente.
- Thomas... mira...-le indique el encabezado principal.
“Novena muerte del *Disecador*”
- que titular más horrible...-exaltó Thomas con desagrado-...deberías trabajar allí y enseñarles a escribir algo mejor, ¿Cómo que “disecador”? a quien se le ocurre ¿?- soltó indiferente a la noticia.
- ah...cállate, así bautizaron a “tu amigo” Atkin... o ya lo olvidaste ¿?- le reclame molesto, porque él lo había desenterrado y despertado, fuera lo que fuera él.
- no me olvide...-largo protestando Thomas, que por fin mostraba algo de remordimiento. Le leí la nota, contaba que en un descampado hallaron el cadáver de un hombre joven totalmente “seco”, en el cuerpo no se encontró un rastro de sangre, y que este era el noveno caso de la semana, la policía estaba desconcertada por la causa de las misteriosas muertes pero temen que se trate de un asesino en serie, pero no hallaron pistas del presunto criminal. Los lugareños supersticiosos cuentan que se trata de una plaga de vampiros, finalice.
- plaga de vampiros...solo es uno...-soltó abruptamente con un risa nerviosa-...o pueden ser más ¿? –
- claro que pueden haber más, pero por el bien de todos espero que solo sea él...pero...no creo en eso...-dije, aun me cuesta creer que aquello que habíamos vivido esa noche era verdad.-...sabes... será mejor que dejemos esto de lado...-arroje el diario-...debo irme a mi casa, quiero terminar el mano escrito...-le dije despidiéndome de mi hermano, tome un taxi y a los minutos me dejo en la puerta de mi casa.
Una vez adentro, me encamine hacia mi estudio pero cuando abrí la puerta me encontré a un desconocido sentado en mi sillón, su mirada intensa me erizo la piel y su sonrisa cruel me atemorizo.
- ¿Quién eres?...- pregunte nervioso.
Continuara...
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